Miralles: "Etchecolatz
decidía la suerte de los presos"
El ex juez federal Ramón Miralles declaró
sobre su detención ilegal y reconoció a varios policías. Su persecución
continuó durante los primeros años de democracia. Por otro lado, un familiar
de cuatro desaparecidos mencionó a Néstor Beroch como uno de los represores
que participó en el secuestro de su madre y una de sus hermanas.
Por Ximena Martínez y Lucas Miguel (Secretaría de Prensa)
El ex juez Ramón Miralles
habló sobre
su secuestro y el de su familia (Foto: FM)
LA PLATA.- Ante una sala colmada, la Cámara Federal de La Plata recibió el testimonio del ex juez Ramón Miralles, quien aseguró que el cura von Wernich y el médico Bergés presenciaban sus sesiones de tortura, mientras estuvo ilegalmente detenido durante la última dictadura.
El testigo, que se desempeñó como Ministro de Economía durante la gobernación de Víctor Calabró coincidió en su declaración con las que Héctor Ballent, ex director de Ceremonial, y Pedro Goin, ex Ministro de asuntos Agrarios suministraron al Tribunal en anteriores audiencias.
El ex juez relató que Ibérico Saint Jean, cuando asumió como interventor militar en la gobernación de Buenos Aires, calificó como “desastrosa” la situación en que se encontraba la provincia, por lo que Miralles publicó un escrito en todos los diarios contrarrestando esta acusación. “Supongo que le generó una dificultad a Saint Jean”, expresó.
Miralles no se encontraba en el país cuando en los primeros días de junio de 1977 sus dos hijos, sus dos hermanos y la empleada de servicio fueron secuestrados. Posteriormente su mujer fue detenida y ante el temor por la vida de sus familiares presentó un recurso de hábeas corpus. Al poco tiempo Camps lo citó para tomar declaraciones.
El 23 de julio de 1977 se presentó ante el jefe de policía y ese día fue detenido. ”Fui a parar al COT1 de Martínez. Me encadenaron una semana a una cama. Vi a (el periodista, Jacobo) Timmerman; se veía que había sido muy castigado, lloraba y decía que lo querían matar”, manifestó el ex funcionario.
En este centro de detención vio también al periodista desaparecido Rafael Perrota, y a una mujer que no pudo identificar pero que tenía la puerta de la celda “repleta de fotografías de criaturas”, aseguró.
Miralles relató, en concordancia con lo expresado por los otros dos funcionarios, que en ese centro clandestino también estaban sus hijos, el ex Secretario de la Gobernación Juan Destéfano, y el ex Ministro de Obras Públicas, el desaparecido Alberto Liberman.
“En ese lugar me torturaban en largas sesiones”, expresó, “no me podía mantener en pie”. Calificó a Valentín Milton “Saracho” Pretti como un “torturador feroz”, también nombró a los policías Rebollo, Porras, Verdún y Ayala.
“En un momento me mandaron a una celda donde había tres o cuatro muchachos que hacían gimnasia. Eran del ERP. Estando yo ahí, esos chicos desaparecieron”, manifestó el testigo.
Posteriormente fue trasladado a “Puesto Vasco”, en la localidad de Don Bosco, en el partido de Quilmes, junto con uno de sus hijos, Liberman, Destéfano, entre otros.
“Decían que Etchecolatz decidía la suerte de los presos de ahí”, señaló el ex juez. “Me pusieron en una celda solo. Me volvieron a torturar”, manifestó, a lo que agregó: “Tenía mis ojos y mi boca lastimada porque la tortura no reparaba en ninguna parte del cuerpo”.
Reconoció a Cristian von Wernich, quien decía estar prestando “un servicio a Dios”, y al médico Jorge Antonio Bergés. “Por comentarios se decía que Bergés quería que tirotearan una casa para poder comprarla”, aseguró Ramón Miralles.
Su próximo destino fue el Destacamento de Arana donde, según sus declaraciones, un atardecer trajeron a un grupo de adolescentes, los pusieron en doble fila y los torturaron de a uno.
Durante su relato de lo acontecido en este centro de detención recordó que según se decía un policía apodado “el Chaqueño” quemaba los cadáveres, lo cual coincide con testimonios anteriores.
Tras haber sido torturado una vez, fue trasladado a una comisaría de Monte Grande (Gran Buenos Aires) donde también había presos comunes. “El comisario no quería tener trato con nosotros. Estuvimos tres días sin comer, sin nada, un preso común nos acercaba alimento”, expresó.
Luego de catorce meses de cautiverio, “fui puesto en libertad tras haber tenido una charla con alguien de las Fuerzas Armadas, me pidieron disculpas, me dijeron que se había cometido un error”.
Una vez en democracia, presentó un escrito ante el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas donde se refirió a todo lo acontecido durante su detención. “Al poco tiempo lo detienen a Camps, fue un paso fuerte —dijo—, mi casa fue ametrallada, mi mujer secuestrada y quemada con cigarrillos, padecimos una larga persecución durante el gobierno constitucional”, agregó.
Otra denuncia contra Beroch
En la jornada de hoy también declaró Martín Horacio Cañas, quien tiene dos hermanos desaparecidos, y a su madre y a otra hermana asesinadas por la última dictadura militar.
El 15 de abril de 1976 su hermana María Angélica fue secuestrada en La Plata, cuando caminaba en cercanías de las calles 19 y 35. La desaparecida fue reconocida cinco días más tarde en un allanamiento a la casa de la hoy Madre de Plaza de Mayo, Adelina Dematti de Alaye. Según los vecinos, los represores la habían llevado hasta allí y estaba golpeada.
Casi cuatro meses más tarde, el 2 de agosto de 1977, fue secuestrado Santiago Enrique Caña, otro de los hermanos de Martín. “Salió a trabajar y no regresó nunca más”, afirmó el testigo.
Al día siguiente, un estruendoso operativo policial derribó a tiros la casa de chapa y cartón donde vivían la madre de Martín, María Angélica Banças, y su otra hermana, María del Carmen Cañas, embarazada de tres meses. Según el testigo, del operativo también participó la Concertación Nacional Universitaria (CNU). En el grupo de ultraderecha que estuvo en la casa de 134 y 39 ese día estaba el represor Néstor Beroch, quien hoy fue citado a declarar por la Cámara en la causa en de “La Noche de los Lápices” y no concurrió por problemas de salud.
En la casa también estaban los niños Ernesto Valiente y Cecilia Porfidio, que fueron dejados en la Casa Cuna de La Plata. Ernesto es sobrino de Martín y Cecilia es la hija de Roberto Porfidio, asesinado por la Policía durante el ataque a la casa la familia Mariani el 24 de noviembre de 1976, donde murieron los demás integrantes de la casa y desapareció la beba Clara Anahí Mariani.
Martín Cañas afirmó ante el Tribunal que, según los vecinos, los represores balearon la casa durante tres horas, al cabo de las cuales sólo quedó en pie una pared y un ropero agujereado. “No hubo ningún enfrentamiento. Mi madre entregó a los chicos, para que no les ocurriera nada, y luego la asesinaron. A mi hermana la torturaron para preguntarle por mí y mis hermanos, y luego la mataron”, narró Martín ante la Cámara.
Según los certificados de defunción, de madre e hija perecieron a causa de “pérdida de masa encefálica por herida de arma de fuego”, como tantas otras víctimas que durante esos años aparecieron fusiladas de un disparo en la cabeza. Los dos cuerpos fueron enterrados en el cementerio de La Plata bajo la sigla “NN”.
Un día después de la masacre, el padre de Martín, el suboficial del Ejército (R), Santiago Sabino Cañas, fue hasta la casa a buscar lo que quedaba y a averiguar qué había pasado con su nieto y la pequeña Cecilia Porfidio. En ese instante, tres efectivos de la comisaría 4° de La Plata se presentaron en la casa y le pidieron que se identifique. El suboficial presentó su credencial y los policías le tendieron la mano, para que los saludara. Como no lo hizo, le apuntaron con un arma y le dijeron que se presentara en la seccional. Paradójicamente no se lo llevaron detenido.
Antes de concurrir a la comisaría, el suboficial Santiago Cañas llamó a algunos de sus camaradas para que lo acompañaran a la dependencia. Y, rato después, se presentó en la seccional acompañado de otros suboficiales, armados, en lo que su hijo interpretó hoy “como una demostración de fuerza entre el Ejército y la Policía”.
Según contó Martín, su padre envió cartas a distintas dependencias y altos funcionarios de la época para encontrar una respuesta a la desaparición de sus hijos. Incluso envió dos misivas al dictador Jorge Rafael Videla. En la primera de ellas, el militar hizo referencia a Alejandro, el hijo del general internado bajo el diagnóstico “oligofrénico profundo y epiléptico”: “Mi General, apelo a sus sentimientos humanos y cristianos y en memoria de ese hijo suyo que tenía internado en la Colonia Montes de Oca de Torres, para que me dé una información sobre el paradero de mi hija Angélica”, reza uno de los párrafos de la carta que hoy Martín leyó ante los jueces de la Cámara.
Por ese entonces, el séptimo hijo de Videla nunca había sido reconocido públicamente por su familia. Hace dos años, una investigación del diario Página/12 reveló la existencia de Alejandro.
Tiempo después de enviadas las cartas, Cañas pudo reunirse con Videla. “Me dijo que lloraron juntos por sus hijos, y creo que se tejió un acuerdo. Yo creo que él (por su padre) no iba a difundir nada sobre su hijo oligofrénico”, contó Martín.
El caso Cañas es uno de las causas contra represores argentinos en Francia, que tramita el juez Roger Leloir, por la ascendencia francesa de María Angélica Banças.
“No somos chorros, somos el Ejército”
En otro orden declaró Alcira del Valle Juárez por la desaparición de su marido, Manuel Coley Robles, secuestrado la noche del 27 de octubre de 1976 en su casa de Quilmes.
“Un grupo de personas armadas irrumpió a la hora de la cena. Ataron y vendaron a mi esposo. Mientras, otro grupo entró por el fondo y revisaba todo”, señaló la testigo.
La mujer se dio cuenta que los secuestradores eran del Ejército cuando quiso guardar un dinero sin que la vieran, hecho que no pasó desapercibido para los militares. “No somos chorros, somos el Ejército”, la quiso tranquilizar uno de los efectivos.
Manuel Coley Robles, español, había trabajado en una fábrica quilmeña, donde era delegado gremial, hasta el 20 de marzo del ‘76, cuando fue expulsado junto a varios compañeros.
La mujer denunció el secuestro en la comisaría 3° de esa localidad y le dijeron que la Policía no se podía “tirar contra el Ejército”. Y en las dependencias militares, cuando reclamó por su marido, le dieron otra
explicación: “Capaz que se fue con otra”.
Según dos ex detenidos, Coley Robles estuvo secuestrado en una seccional policial de Plátanos (Gran Buenos Aires). Otra mujer lo vio en el centro clandestino conocido como “Puesto Vasco”.
Policía
Por último, la Cámara recibió el testimonio del policía Antonio Melemeris, que prestó servicios en la comisaría 5° de La Plata entre 1968 y 1981. En general, su testimonio fue bastante pobre y aportó poca información.
En contraste con Oscar Saldaña —ver nota 1—, Melemeris dijo que a partir de 1976 no se podía albergar a “detenidos comunes” en la dependencia, porque el Ejército “manejaba la zona restringida” de la parte trasera del edificio.
El policía señaló también que la comida para los detenidos era traída de Bomberos y del Seminario Mayor.
Y cuando se le preguntó si participó en “operativos contra la subversión”, Melemeris contestó que “no, porque cuando llegábamos al lugar el Ejército ya estaba ahí, y no nos dejaba hacer nada”.