“Vi cómo violaban a las mujeres”,
dijo un ex detenido
Además detalló las torturas a las que fue
sometido: “Me arrancaron las uñas”, sostuvo. En otro orden, declararon
familiares de desaparecidos.
Lucas Miguel - Francisco Martínez - Ximena Martínez (Secretaría
de Prensa)

"La tortura era sin descanso", sentenció
Torres (Foto: FM) |
LA PLATA.- “Yo he visto violar a
las mujeres”, afirmó hoy ante la Cámara Federal platense el ex detenido
Victoriano Torres en un crudo relato, donde también describió los vejámenes a
los que fue sometido en el tiempo en que estuvo secuestrado durante la última
dictadura.
Torres era asesor gremial del sindicato
jabonero en La Plata y fue detenido en la madrugada del 13 de mayo de 1976. Se
encontraba en su casa junto a su mujer y a sus hijos de 5 y 8 años, quienes
presenciaron el interrogatorio violento que los represores le efectuaron.
Después de dos horas, Victoriano fue
vendado e introducido en un automóvil que anduvo largo rato hasta que se detuvo
en un lugar que Torres cree que fue el Regimiento de La Tablada.
En este lugar lo interrogaron con
tortura incluida. “Me mojaron y me pusieron la picana por todos lados, incluso
en los dientes”, dijo Torres. Y agregó: “La tortura era sin descanso, la
gente se desmayaba y lo peor era escuchar cuando torturaban a alguien”.
En el tramo más impactante de su
relato, Torres afirmó: “Yo he visto violar a las mujeres” que estaban
detenidas. Además, contó que estos fueron los momentos más desesperantes de
su detención. “Yo pensaba que ahí tenían a mi mujer, aunque después me
enteré que a ella no la secuestraron”, dijo, al tiempo que añadió: “Me
desesperaba, me sacaba la venda y gritaba”.
En este lugar, que Torres insistió en
que podía ser el Regimiento de La Tablada, estuvo cuatro o cinco días al cabo
de los que fue trasladado en una camioneta a otro centro clandestino, que —según
el testigo— sería la sede del I Cuerpo de Ejército con asiento en Palermo, a
cargo en ese entonces de Carlos Guillermo Suárez Mason.
"La tortura era sin
descanso, la gente se desmayaba y lo peor era escuchar cuando
torturaban a alguien", expresó Victoriano Torres.
Antes de introducirlo en una especie de sótano,
el grupo de detenidos que integraba Torres fue formado de espaldas a una
alambrada y sometido a un simulacro de fusilamiento.
El sótano, que según Torres estaba
pintado de verde, fue su hospedaje durante el resto del tiempo que estuvo
detenido. El testigo contó a los jueces que intentó escapar de allí: “Salí
caminando hacia la puerta y cuando llegué al picaporte me volví porque pensé
que si lo tocaba sonaría una alarma. Cuando regresaba a mi lugar —Torres
estaba vendado— me dieron un palo en la cabeza. Luego, comenzaron a arrancarme
las uñas”, relató con crudeza el ex detenido.
Pasados diez días de su secuestro,
Torres fue arrojado desde una automóvil en una zona rural del Gran Buenos
Aires. “Tenía el cuerpo negro, con olor a carne quemada” por la picana,
dijo Torres.
Después de caminar largo rato y de
tomar un colectivo llegó a la casa de su cuñado en Vicente López. Allí lo
revisó un médico y ordenó su internación debido a las graves lesiones que
padecía. “A consecuencia de la tortura la sangre no me coagulaba por los
golpes que recibí en el vaso sanguíneo. Tengo toda la columna desviada y los
dientes todos flojos”, declaró el testigo.
Además, Torres contó un episodio que
vivió su mujer cuando fue a averiguar por él al Regimiento de La Tablada:
“Quédese tranquila que va a tener datos” le dijo el teniente coronel Carlos
Minicuchi a su esposa. Cuando ésta regresó a su casa, se enteró que
Victoriano había aparecido.
“El nene dibujaba autos de policía”
Yolanda Ripol declaró por la desaparición
de su esposo Carlos Enrique De la Fuente, quien fue secuestrado el 11 de mayo de
1976 junto a otras cuatro personas de un ómnibus que circulaba por San
Francisco Solano (Gran Buenos Aires).
De la Fuente fue llevado a la comisaría
de esa localidad en donde permaneció durante un día, según pudo saber la
familia. En el colectivo viajaba con su hijo de dos años, que quedó solo luego
del operativo y fue “rescatado” por un comerciante del lugar. “En el jardín
de infantes dibujaba autos de policía”, señaló la testigo.
El comerciante que encontró al niño lo
llevó a la comisaría, para saber si allí sabían algo de su padre. Le dijeron
que De la Fuente efectivamente estaba detenido ahí, pero que se encontraba
incomunicado. “Le debo a ese señor el tener a mi hijo conmigo”, expresó
Yolanda Ripol. La mujer se enteró que este hombre tenía a su hijo por una nota
en un diario.
La esposa del desaparecido contó que
tiempo después un oficial de la Policía Federal le dijo a la familia que no
busque más a su ser querido. “Como habíamos estado detenidos en el año
’71 (aparentemente por razones políticas), dijo que los que tenían
antecedentes eran liquidados rápidamente”, expresó.
Ripol no supo nada del destino de su
marido, a pesar de las gestiones realizadas: “Cada día fue un siglo”,
manifestó. Un día se entrevistó con el arzobispo de La Plata durante la
dictadura, Monseñor Antonio Plaza, y éste la echó: “Me hizo un
interrogatorio intimidatorio —relató Ripol—, me preguntó si mi
marido era terrorista, si andaba armado, si mataba a gente inocente”. Plaza
dio por terminada la reunión con una amenaza: “Váyase por donde vino, y
agradezca que no la hago detener”.
Carlos de la Fuente fue
detenido cuando viajaba con su hijo de dos años en un colectivo.
El niño fue "rescatado" por un comerciante del lugar.
La familia también recibió otras
intimidaciones. El hermano de Ripol, que vivía en Misiones, fue detenido por
personal de Gendarmería y obligado a cavar una fosa, tras lo cual fue sometido
a un simulacro de fusilamiento.
En tanto, Héctor Alfredo Piovoso declaró
por la desaparición de su hermano Antonio Enrique, secuestrado junto a Jorge
Martina de un estudio de arquitectura de La Plata el 6 de diciembre de 1977.
Piovoso no aportó más datos de los que
haya en la causa sobre la desaparición de su hermano. Confirmó que el grupo de
tareas que lo secuestró estuvo compuesto por personas vestidas de civil, y
recordó que luego de la desaparición la familia sufrió amenazas y
extorsiones.
Por otro lado, Segundo Ramón Alvarez
relató su propio secuestro ocurrido en La Plata en junio de 1977. También habló
de la desaparición de su hermana María Paula, secuestrada en los mismos días
de su domicilio de 57 entre 12 y 13, de esta capital.
Alvarez dijo que fue detenido en su casa
y llevado a la Brigada de Investigaciones de La Plata —“un lugar de paso e
información”, dijo el testigo—, donde permaneció diez días y fue
torturado. Luego pasó por la comisaría 5°, aunque no pudo reconocer, en el
plano que tiene el Tribunal, el lugar en donde estuvo detenido.
Allanamiento y secuestro
En las audiencias de hoy también declaró
Marta Ríos, esposa del desaparecido Alfredo Patiño, quien relató ante los
jueces que en octubre de 1976 las Fuerzas de Seguridad allanaron ilegalmente su
casa. Afortunadamente, ella y su marido no se encontraban en el domicilio.
Justo en el momento que se estaba
llevando a cabo el operativo, Alfredo Patiño regresaba a su casa. Cuando dio
vuelta a la esquina se encontró con un camión del Ejército en la puerta de su
domicilio. En él, los militares estaban cargando sus pertenencias.
Inmediatamente giró sobre sí mismo y
no volvió. Le comunicó lo que estaba sucediendo a su mujer, que estaba en lo
de una amiga, y cada uno se refugió en los domicilios de compañeros de
trabajo. Alfredo se alojó en lo del matrimonio Robles, actualmente
desaparecido.
Alfredo, el matrimonio Robles y un amigo
apodado “el colorado” fueron secuestrados en Bánfield en las inmediaciones
de un predio deportivo conocido como “la cancha de los ingleses”, el
19 de agosto de 1977.
El padre de Marta Ríos encabezó desde
el principio la búsqueda de Alfredo. Para esto aprovechó su amistad con un
gendarme de apellido Silva, que hizo gestiones en varias dependencias oficiales.
Silva concurrió al Regimiento 601 de Monte Chingolo, pero allí no obtuvo
respuestas. Sólo una advertencia del jefe del destacamento: “Vos sabrás por
quien das la cara”, le dijo el militar.
Silva siguió con sus gestiones ante el
general Roberto Viola (luego presidente de facto), quien según contó Marta Ríos
tenía su nombre escrito en “una lista roja”. Después de ver a Viola, Silva
le dijo al padre de Marta que para seguir con las gestiones el militar le había
pedido “una botella (de Whisky) Caballito Blanco, 5000 pesos y un chivito”,
afirmó la testigo ante el Tribunal.
Las gestiones ante las autoridades no
prosperaron. Por rumores que recibió la familia, Alfredo pudo haber estado
detenido en el centro clandestino conocido como Pozo de Quilmes.
En 1980, el padre de la testigo fue
citado desde el Comando en Jefe del Ejército. En una entrevista, un militar le
entregó el boleto de compraventa de la casa que el Ejército había allanado en
octubre de 1976.
Marta también contó que hace poco
tiempo fue a ver al actual diputado del PJ Fernando Galmarini para hablar sobre
la ley de indemnizaciones y pedirle información sobre su marido, ya que el
legislador —según contaron la mujer y Roberto Tedoldi, amigo del
desaparecido— estaba dentro del grupo de militantes montoneros que integraba
Alfredo. Marta contó que no obtuvo respuesta de Galmarini en este sentido:
“Me dijo que en el ’73 se había alejado del grupo”, sostuvo ante los
jueces de la Cámara.
Por su parte, Roberto Tedoldi, compañero
de Alfredo en una fábrica metalúrgica donde ambos eran delegados gremiales,
reafirmó los dichos de la mujer sobre Galmarini y dijo que el actual legislador
“era responsable de nuestro grupo” de militancia. Además contó que el
sobrenombre que utilizaba el diputado dentro de la organización era
“Lucas”.
Tedoldi, asimismo, dijo que los
problemas para ellos empezaron en el año 1975, año en que los despidieron de
la fábrica sin motivo.
El testigo manifestó que nunca antes
había declarado ante un juez y que ahora lo hacía para colaborar en la búsqueda
de Alfredo Patiño. Tan compenetrado estaba en este caso que mencionó como un
hecho secundario que su hermano fue muerto a manos de la policía durante la
dictadura.
El ex gremialista cerró su declaración
apelando a las causas de la represión ilegal con tono irónico: “Éramos
jóvenes, todos delincuentes”, dijo.
“Sin violencia”
Durante la jornada de hoy también
prestaron testimonio Damiana Amato y Graciela Gil, hermana y esposa del
desaparecido Domingo Osvaldo Amato.
Ambas coincidieron en que el 28 de marzo
de 1978, alrededor de las 17 horas, el padre de Domingo fue detenido en el
kiosco donde trabajaba y fue interrogado por dos personas vestidas de civil
acerca de su hijo y de las actividades que realizaba. Le pidieron que los acompañara
y que los llevara hasta el domicilio donde la víctima vivía junto a su
mujer y su hija.
Una vez que arribaron a la casa, Amato
los invitó a pasar, pero estos se negaron diciendo que no era de importancia,
que se trataba de un procedimiento de rutina y que ya le llegaría una
citación a su hijo para que se presentase a declarar por haber sido visto
salir de la fábrica, donde anteriormente trabajaba, cargando unas carpetas.
A las 19 horas del mismo día, alrededor
de 12 personas arribaron al domicilio de Domingo Amato y mantuvieron un
interrogatorio con él: “No fueron violentos, pero estaban fuertemente armados
y eran todos jóvenes menos los que hablaban con él”, declaró Graciela Gil,
quien dijo además: “Yo me asusté cuando vi que en los techos había personas
de civil apuntando con armas largas hacia el patio de casa”.
Luego del interrogatorio le permitieron
cambiarse de ropa, ya que había llegado de trabajar y estada vestido con traje.
Lo subieron a una camioneta azul diciendo que en dos horas volvería. Tras haber
pasado el tiempo y Domingo no haber regresado, la familia comenzó los trámites
para averiguar su paradero. Para esto, se dirigió a la comisarías 2° de
Avellaneda y 3° de Valentín Alsina, y luego presentó habeas corpus, sin tener
hasta el día de hoy noticias sobre su paradero.
Damiana Amato, declaró que su hermano
logró que se hiciera, dentro de la fábrica, una cooperativa de consumo con
productos de primera necesidad: “Quizás por eso lo tildaron de comunista”,
afirmó la testigo.
El año pasado, la familia Amato conoció
a través de Radio Mitre que el Ejército había librado una orden de captura
contra Domingo. El documento, que fue aportado por el oficial Orestes Vaello a
la CONADEP, da cuenta de un operativo de secuestro “exitoso” de un
“militante montonero” y fue difundido públicamente por la emisora junto a
otras planillas a mediados de 1999.
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