Un militar tenía planillas que
hablaban de desaparecidos
En 1994, María Florencia Cabassi recibió
“partes diarios” que daban detalles de la desaparición de su hermano. Allí
se documentaba el secuestro y la sesión de torturas.
Por Vanina Wiman, Francisco Martínez y Ximena Martínez (Secretaría
de Prensa)
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María
F. Cabassi: un militar tenía en su poder datos de su hermana
desaparecida (Foto:
FM)
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LA PLATA.- Una
testigo declaró hoy ante la Cámara Federal de esta ciudad que tuvo en
su poder, gracias a un contacto con un militar, una serie de “partes
diarios” que contenían información sobre el secuestro de su hermano
y catorce personas más.
María Florencia Cabassi afirmó que
consiguió los partes por medio de Alejandro Incháurregui, del Equipo
Argentino de Antropología Forense, en el año 1994. “No quise leerlo
ni sacarle una copia”, dijo Cabassi, pero aseguró que los informes contenían datos relevantes sobre la
desaparición de su hermano Mario Guillermo, “porque Alejandro si los leyó
y me contó”.
Cabassi aseguró que Incháurregui le dijo que
en esa documentación figuraba que en la cámara de torturas Mario no dio el
nombre de nadie y que se mantuvo firme, “y que murió sabiendo qué era lo que
quería”. Según la testigo, el antropólogo había conseguido los partes
“por medio de un conocido que a su vez tenía un contacto con un militar que
era un enfermo terminal”.
Hace unos meses, el ex jefe del Ejército Martín
Balza sostuvo que ya no existe información sobre los desaparecidos en
organismos del Estado, pero que es posible que muchos represores aún la
conserven en su hogar.
Según el testimonio de Cabassi, en los partes
figuraban además la fecha y el lugar en que fue secuestrado Mario: la estación
de tren de Temperley, en los primeros días de junio de 1978. Sin embargo, no
constaba en ellos qué fuerzas de seguridad habían participado en el
procedimiento.
La testigo dijo que había visto por última
vez a su hermano, de 21 años, en una pizzería, y que Mario le había comentado
que “se tenía que ir de La Plata y a lo mejor se iba al interior”. Desde
ese encuentro, no supo más nada de él hasta el ´83.
Cabassi declaró que en ese año entró en
contacto, por medio del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), con Mario
Villani, un ex detenido que afirmaba haber visto a Mario Cabassi en alguno de
los centros de detención en los que había estado.
“Que se atenga a las consecuencias”
Víctor López, por su parte, testimonió sobre
la desaparición de dos de sus hermanos: Francisco y Luis César López
Muntaner.
El testigo contó que Francisco fue secuestrado
de su domicilio el 16 de septiembre de 1976, durante la madrugada conocida como
“La Noche de los Lápices”. El joven aun desaparecido, que tenía sólo 16 años,
fue secuestrado por un grupo de 8 a 10 personas comandado por una persona que
estaba a cara descubierta.
“Mire señora, si su hijo nos da la información
que queremos se lo devolvemos”, le dijeron los represores a la madre del
chico. “¿Y si él no sabe?”, preguntó la mujer, y le contestaron:
“Entonces, que se atenga a las consecuencias”.
En enero de 1977 la familia sufrió otro
secuestro, el de Miguel. Pasó dos semanas en cautiverio y contó que estuvo en
un centro clandestino de Arana.
Tres meses después, el 9 de abril, desapareció
el mayor de los hermanos López Muntaner, Luis César. Este joven se había ido
a vivir a Mendoza porque temía por su vida. Pero igualmente fue secuestrado,
cuatro días antes de que su esposa diera a luz.
Víctor López señaló además que su hermano
Francisco, días antes de ser ilegalmente detenido, conversó con monseñor José
María Montes, a quien la familia conocía por haber dirigido el colegio
primario al que concurría el joven. El religioso fue, durante la última
dictadura, obispo auxiliar de la diócesis de La Plata.
“Seccional segura”
Por su parte, Hilda Alicia Lailla declaró
sobre su trabajo como aspirante a agente, que realizó durante dos días en la
Comisaría 5º, donde se desempeñó en la oficina de expedientes. Entonces tenía
24 años.
Tras los días de trabajo allí, la testigo
declaró que el comisario le dijo que le convenía trabajar en la comisaría 8º.
Se efectuó su traslado y continuó trabajando en la misma oficina de la otra
seccional, en donde también funcionó un centro clandestino de detención.
En su declaración manifestó que en la 8º el
personal femenino no tenían acceso a las celdas. También dijo que la comida
para los presos la iban a buscar a la Unidad Penitenciaria Nº9.
“Por comentarios de mis compañeros de
trabajo, supe que había presos políticos”, expresó. En este orden, afirmó
que se enteró que en ese grupo había mujeres. Y agregó: “Era una seccional
segura, según comentaban ellos (por el personal de la comisaría), por eso los
presos políticos estaban ahí”.
Familiares
En otro orden, declaró también Lidia Regina
Gallo, esposa de Antonio Martínez, quien fue secuestrado de la casa en la que
ambos vivían en Berisso el 3 de diciembre de 1976, y desde entonces se
encuentra desaparecido.
La testigo contó que en la madrugada de ese día
un grupo de hombres armados golpeó en las ventanas de la casa, diciendo que
eran de la Policía Federal y que venían a buscar a Martínez.
“Llevaban pelucas y vestían de azul, con
botas y boinas”, dijo Gallo, y agregó que los vecinos le comentaron que
“eran cerca de 30 personas, habían venido con un camión y algunos estaban de
uniforme verde”.
La testigo comentó que antes de llevarse a su
marido, le sacaron una pulsera y la alianza de casamiento y se las dieron a
ella. “Igual me dijeron que se lo llevaban unas horas, le hacían unas
preguntas y me lo traían de vuelta”.
Gallo relató que los vecinos le contaron que a
Martínez se lo llevaron en un auto y con la cara descubierta, y que recién lo
encapucharon después de andar media cuadra.
Antonio Martínez trabajaba en Propulsora Siderúrgica,
y su esposa contó que la empresa le brindó una ayuda económica durante un año,
después del secuestro.
Además, Valeriana Florentín habló de la
desaparición de su esposo, ocurrida el 18 de mayo de 1977. La mujer contó que
por versiones se enteró que Mario Revoledo estuvo en los centros clandestinos
que funcionaron en la Brigada de Investigaciones de La Plata y en la localidad
de Arana.
También dijo que junto a un familiar fue a la
Brigada a preguntar por Mario, y que allí reconoció a cuatro de los
secuestradores de su marido.
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