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Osvaldo Sertorio, un comisario
que no recuerda nada
Fue titular de la comisaría 5° durante la
dictadura. Según una Abuela, el policía le habría dicho que su nieta
desaparecida “estaba viva” y que podría estar con otra familia. Hoy no
recordó su encuentro con la mujer. Además, declararon tres sobrevivientes de
CCD.
Por Lucas Miguel y Francisco Martínez (especial para APDH La
Plata)
LA PLATA.- "Ahora no me acuerdo de
nada", sostuvo el ex comisario de la seccional 5° de esta ciudad, Osvaldo
Sertorio, ante la Cámara Federal que lo citó por la desaparición de una beba.
Durante la dictadura, el policía habría dicho a la abuela de la criatura que
"la nena estaba viva", afirmación que hoy negó recordar y que le
valió el repudio de los militantes de derechos humanos que presenciaron su
testimonio.
Sertorio fue convocado en carácter de
testigo por la desaparición de la beba Clara Anahí Mariani. La abuela de la niña,
María Isabel Chorobik de Mariani concurrió a fines de 1976 a la comisaría 5°
para preguntar por su nieta. Unos amigos le habían dicho que Sertorio —a
quien estos también conocían— había afirmado que la nena "estaba
viva".
Chorobik de Mariani, quien ya declaró
en el Juicio por la Verdad, sostuvo que "me decía que la buscara, no por
el nombre, porque quizás ya tuviera otro y porque ya habría cambiado de
familia". Según la mujer, Sertorio le dijo: "Corra y búsquela ya por
su ropa" y le recomendó que averiguara el paradero de Clara Anahí en la
Regional de La Plata. Mariani afirmó también que en la reunión la apuntaron
con un "arma larga".
Hoy, Sertorio manifestó no recordar esa
reunión ni haber aceptado esa entrevista a instancias de la recomendación de
los amigos en común que tenían con Mariani. "No lo recuerdo", fue la
escueta respuesta del ex comisario. Más tarde, la abogada de Chorobik, Sara Cánepa,
le recordó que durante 1984 había prestado declaración testimonial por el
mismo caso ante un tribunal platense.
"Corra y búsquela ya por su ropa”, le
dijo Sertorio a Chorobik cuando le preguntó por su nieta desaparecida.
En esa declaración —que fue leída
durante la audiencia de hoy— Sertorio reconocía que había estado en el
procedimiento que acabó con la vida de Diana Teruggi —madre de la niña—,
donde también fue secuestrada la beba. En su declaración de hoy, Sertorio había
dicho "no recuerdo" y después de la lectura de ese acta tuvo que
reconocer su presencia en el lugar.
Además, en el testimonio de 1984 el ex
comisario se acordó de su entrevista con Mariani y que le dijo que no "había
visto ninguna nena".
Sertorio justificó su contradicción en
que en 1984 "habían pasado siete años y (ahora) ya pasaron veintitrés".
Después, el Tribunal le pidió que recordara más. "Lo único que puedo
decir es lo que dije en la testimonial (de 1984) porque ahora no me acuerdo
nada", respondió el ex titular de la comisaría.
Al término de la declaración, la
representante legal de Mariani, pidió al Tribunal un careo entre su clienta y
el ex comisario. La mujer —fundadora de Abuelas de Plaza de Mayo— y Sertorio
se enfrentaron cara a cara.
Mariani le recordó el episodio y que él
la había atendido sólo por la recomendación de un amigo suyo. La mujer,
dirigiéndose a Sertorio, que miraba el suelo, le requirió: "Apelo a su
memoria y a su conciencia. Le pido si puede hacer memoria y si puede
recordar".
El comisario nuevamente dijo no recordar
la reunión y manifestó: "De ese lugar infernal (la casa de los Mariani,
sita en 30 entre 55 y 56) no creo que pueda haber salido alguien con vida".
Y remató, ante un público indignado: "Yo a usted la admiro porque a una
nieta se la busca toda la vida. Dios quiera que la pueda encontrar".
La desaparición de Clara Anahí Mariani
se produjo el 24 de noviembre de 1976. Ese día, un operativo con más de 300
policías atacó a balazos la vivienda de los Mariani y luego la incendió.
Murieron todos los habitantes de la casa, pero hay testimonios de vecinos que
aseguran que la nena salió en brazos de un oficial. Entre las víctimas estaba
la nuera de Chorobik, Diana Teruggi y algunos amigos de la familia. Con
posterioridad, Daniel Mariani, padre de la niña e hijo de Chorobik, fue
asesinado en una emboscada.
Sertorio declaró hoy en carácter de
testigo sólo en la causa por la desaparición de la beba y no respondió
preguntas sobre el funcionamiento del centro clandestino de la comisaría 5°
debido a que la Cámara Federal tenía que cambiar su situación procesal a la
de imputado no procesado, porque fue un responsable directo de lo que allí
sucedió durante el gobierno de facto.
Sin embargo, el testigo, para deslindar
responsabilidades, dijo que en aquella época "la comisaría se dividía en
dos: adelante y atrás. Nosotros hacíamos la función de comisaría. Por un
portón (que da a la parte de atrás de la dependencia) entraban los militares y
se hacían cargo de la situación". De esta manera, el comisario se
desvinculó del trato de detenidos ilegales, ya que los calabozos están
ubicados en la parte trasera de la seccional.
Después de su declaración, integrantes
de grupos de derechos humanos lo esperaron en la puerta de los Tribunales
Federales para insultarlo. Al grito de "no hubo error, no hubo exceso, son
todos asesinos los milicos del Proceso" o "olé, olé, olé, olá,
como a los nazis les va a pasar, a donde vayan los iremos a buscar". El
comisario, temeroso, aguardó en el interior del edificio por más de una hora,
hasta que los militantes de derechos humanos se fueron. Los integrantes de HIJOS
prometieron un "escrache" en su domicilio de Mar del Plata.
Un amigo de la familia era represor
Por otro lado, también declaró Nilda
Eloy, una sobreviviente de centros clandestinos de detención que estuvo
detenida durante más de dos años.
Eloy fue secuestrada en su casa el 1°
de octubre de 1976 "por un grupo de 25 ó 30 personas al mando de (Miguel)
Etchecolatz", Director de Investigaciones de la Policía bonaerense, según
el testimonio de la mujer.
A principios del año 1979, Eloy fue
liberada de la cárcel de Devoto. Para esa fecha hacía dos años que estaba a
disposición del Poder Ejecutivo Nacional. Antes, había pasado por los centros
clandestinos "La Cacha", "Pozo de Quilmes", "Pozo de
Arana", "El Vesubio", la Brigada de Investigaciones de Lanús y
la comisaría 3° de Valentín Alsina.
Durante sus primeros días en "La
Cacha" Eloy sufrió la tortura con picana. Según contó, durante la sesión
reconoció la voz de un policía amigo de la familia, Osvaldo Lara. "Lo
llamé para pedirle ayuda y me gané la segunda sesión de tortura",
sostuvo Eloy.
La testigo también dijo que en "La
Cacha", mientras caminaba, "tocaba con los pies y sentía que había
gente en el piso".
Los integrantes de las Fuerzas de Seguridad
organizaban asados en los que las mujeres “nos teníamos que
desnudar y ducharnos delante de ellos”.
Después de estar algunos días allí, Eloy
fue trasladada con otro grupo de detenidos ilegales al "Pozo de
Quilmes". En el trayecto, el camión se detuvo en el Parque Pereyra Iraola
y los oficiales hicieron bajar a todos los detenidos. "Hubo un simulacro de
fusilamiento. A algunos nos arrodillaron en el piso con el arma en la nuca y
luego se escuchaba el disparo", relató Eloy, que luego puso en duda que
haya sido un "simulacro", ya que no pudo asegurar que todos los
detenidos que bajaron del camión hubieran subido de nuevo.
Pasaron cuatro o cinco días y Eloy
sufrió otro traslado, al "Pozo de Arana". La testigo contó que allí
"había un señor que era como un especialista en torturas. Le decían
‘El Francés’". El nombre de este represor es Raúl Fierro, quien también
torturaba en "La Cacha", según expresó hoy otra testigo.
Luego, Eloy fue trasladada a "El
Vesubio", donde, según contó, los integrantes de las Fuerzas de Seguridad
organizaban asados en los que las mujeres "nos teníamos que desnudar y
ducharnos delante de ellos". Además, afirmó que allí pudo reconocer al
oficial Durán Sáenz. Y agregó: "Nos usaban para alegrarse la
vista".
El siguiente destino de Eloy fue la
Brigada de Investigaciones de Lanús, a la que según refirió en su relato, los
propios policías definían como "el infierno". Allí estuvo en un
calabozo de "dos por dos" sin ventilación, junto a siete personas más.
"Nos turnábamos para sentarnos. Después, nos ataron de manos y
pies". Eloy también dijo que les daban agua "cada cuatro o cinco días
por la mirilla de la puerta, cada uno se las arreglaba para poder tomar" y
que "en dos meses nos dieron de comer cinco veces".
En Lanús Eloy tuvo de compañero de
celda a un hombre apodado "el abuelo" o "el colorado", quien
le contó cómo era la Escuela de Mecánica de la Armada. "Lo llevaban a
torturar ahí y lo iban como mutilando. La última vez que lo vimos no tenía
dedos ni en las manos ni en los pies", relató con frialdad Nilda Eloy.
El 31 de diciembre de 1976, la mujer fue
trasladada a la comisaría 3° de Valentín Alsina y permaneció allí hasta el
22 de agosto del ’77, cuando se produjo su último traslado a la cárcel de
mujeres de Devoto de donde sería liberada a comienzos de 1977.
Ex detenidas de "La Cacha"
También declararon dos ex detenidas del
centro clandestino conocido como "La Cacha", que funcionó en la calle
197 entre 47 y 52, Lisandro Olmos, a 7 kilómetros de La Plata.
Alicia Palmero contó que fue
secuestrada en la madrugada del 20 de agosto de 1976 en su casa de 62 entre 8 y
9 de esta ciudad, por un grupo de ocho a diez personas vestidas de civil y con
armas largas.
La mujer, una psicóloga que por
entonces tenía 28 años, dijo que fue llevada en primer lugar a la Guardia de
Seguridad de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, en avenida 1 entre 59
y 60, en donde escuchó "gemidos de personas". Dos horas después, fue
llevada a "La Cacha", lugar en el que permaneció detenida ilegalmente
durante cuatro días.
"Me pusieron en un colchón húmedo,
me ataron y me torturaron con picana", relató Palmero a los jueces de la Cámara
Federal, y agregó: "Después lo combinaron con ‘submarino seco’".
La testigo identificó al coronel del Ejército
Raúl Fierro, alias "el Francés", como uno de los torturadores de ese
centro clandestino. "Algo permanente era el grito de los compañeros que
eran torturados, una experiencia terrible", recordó. También manifestó
que el ex Ministro de Gobierno de la Provincia durante la dictadura, Gualberto
Montajo, le informó a su familia que ella estaba viva —mientras estaba
detenida ilegalmente—, sin precisar dónde se encontraba.
"La comida era horrible, y los
platos y jarros tenían el sello del Ejército Argentino, Regimiento 7", señaló
Palmero en otro tramo de su declaración. La ex detenida relató además que fue
liberada por la noche, junto a otras cuatro personas, a unas cuadras de "La
Cacha".
“La característica del ‘circuito
Camps’ es que ni represores ni detenidos se quedan en un mismo centro”,
explicó Alicia Palmero.
Palmero aportó a la causa en la que se
investiga la represión ilegal en La Plata y alrededores, la ampliación de un
documento entregado el año pasado por la Asociación de ex
Detenidos-Desaparecidos, en el que figuran nombres de represores y de víctimas,
y características generales del "circuito Camps", concepto con el que
se denomina a los centros clandestinos dependientes de la Jefatura de la Policía
de la Provincia. El trabajo se basa fundamentalmente en una investigación sobre
"La Cacha", y también fue presentado ante el juez español Baltasar
Garzón.
"La característica del ‘circuito
Camps’ es que ni represores ni detenidos se quedan en un mismo centro",
explicó hoy Palmero durante su declaración.
Por su parte, Silvia Cavecchia relató
que fue detenida ilegalmente el 1 de marzo de 1977 en la ciudad de Formosa junto
a dos amigos, con los que había concurrido a un velorio. La policía los detuvo
por "averiguación de antecedentes", y les comunicó que estaban
"a disposición del Ejército".
"En una avioneta nos llevaron a La
Plata, y del Aeropuerto, en el baúl de un Falcon verde, a ‘La Cacha’",
expresó Cavecchia. La ex detenida contó que "el Coronel" la interrogó
a ella y a sus compañeros sobre sus actividades estudiantiles, al tiempo que
comandaba la tortura.
La testigo dijo que dos días antes de
ser liberada, un guardia mendocino le pidió las zapatillas y le informó que
iba a salir en libertad. "Diez días antes se había ido un grupo de gente,
y cuando le preguntamos a un guardia qué había pasado con ellos, me hizo una
seña que yo interpreté como que los habían tirado al río", recordó
Cavecchia.
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