Investigan la presunta
destrucción de documentación
Una policía dijo que entregó a sus superiores
libros de archivo que, se estima, fueron destruidos. Los efectivos negaron
haberlos recibido. Además, un testigo denunció al ex comisario Vicat.
Por Lucas Miguel y Francisco Martínez (especial para APDH La Plata)
LA PLATA.- Una mujer policía que entregó hace
cuatro años a sus superiores libros de detenidos de la época de la represión
ilegal, declaró hoy en el Juicio por la Verdad, al tiempo que sus ex jefes
negaron haber recibido esa documentación de la que no se tienen rastros.
Sara Fernández es cabo primero de la comisaría
3° de La Plata, y trabaja en el archivo de esa dependencia desde hace casi tres
años. Durante una inspección ocular que realizó la Cámara en la 3°, la
mujer le comentó al secretario de la causa que en el año '95 o '96 le entregó
al comisario y al subcomisario libros de detenidos de la época de la represión
ilegal.
Por este motivo, Fernández fue citada y precisó
que los libros de detenidos y sumarios en cuestión comprendían los años
"'73 a '78 u '82". Y que se los dio "en mano" a sus
superiores: el comisario Ricardo Alberto González y el subcomisario Aldo Amaya,
ya que según le dijeron, "había que hacer desaparecer" la
documentación de esa época. "¿Sabe si fueron archivados en otro lugar o
incinerados?", le preguntó el Tribunal. "No sé", respondió la
testigo.
La pregunta tenía relevancia ya que existe una
reglamentación de la Policía provincial por la cual se ordena realizar una
incineración de todo documento mayor de diez años, lo que debe constar en un
acta. La cabo primero Fernández señaló que no existe ningún comprobante de
la entrega de los libros de detenidos de la 3° a sus superiores.
"Me
dijeron que había que «hacer desaparecer»
esa documentación", relató Fernández a
los jueces de la Cámara Federal
Los ex jefes de Fernández también
declararon hoy y negaron haber recibido la documentación. Ricardo Alberto González,
un comisario que fue declarado prescindible de la Policía en mayo del año
pasado, dijo: "No recuerdo, me tengo que remitir a las actas". Sin
embargo, esas actas -según dijo Fernández- no existen.
El ex comisario se escudó
diciendo que dada la gran cantidad de destinos que tuvo, no era posible que
recordase el hecho puntual por el que lo interrogaban. "¿No recuerda o no
lo hizo?", le inquirió el juez Leopoldo Schiffrin, después de decirle que
no era creíble. "No lo hice", replicó González.
"Según el Reglamento de Trámite
y Correspondencia (de la Policía) se debe hacer un acta antes de la incineración
de documentos", enseñó el ex comisario González. "Bueno, pero la
diferencia entre el deber ser y lo que se hace, es grande", expresó
Schiffrin.
Por su parte, el
subcomisario Aldo Amaya también negó rotundamente haber recibido de manos de
la cabo Fernández los libros de detenidos y de sumarios para ser destruidos.
"Yo nunca recibí semejante orden ni hubiera ordenado eso. De eso no me
hubiese olvidado nunca", sostuvo el policía, que actualmente es titular de
la comisaría 2° de Ezeiza.
Por la contradicción entre los
testimonios de Fernández y sus ex jefes, se realizó un careo que resultó
insulso, dado que los testigos se mantuvieron en sus dichos y el Tribunal no se
preocupó en indagar más sobre la cuestión.
Acusaciones contra Vicat
En las audiencias de hoy también
declaró Mario Ernesto Colonna en la causa por la desaparición de su hermano
Juan Carlos.
Mario fue detenido junto a Juan
Carlos el 30 de julio de 1976 en su casa y trasladado, presuntamente, al
Regimiento de Arana. En este lugar, Mario perdió el rastro de su hermano que al
día de hoy está desaparecido.
El testigo relató hoy que, después
de su paso por el Regimiento, fue trasladado a una comisaría de Valentín
Alsina y en diciembre 1976, a la Unidad Penal N°9 de Olmos, donde fue puesto a
disposición del Poder Ejecutivo Nacional. Sus últimos meses de detención los
pasó en la cárcel de Caseros, hasta que fue liberado en 1981.
Según contó Colonna, su prima
María Inés Córdoba, estaba de novia con el oficial del Servicio de
Inteligencia de la Policía de Buenos Aires (SIPBA), Luis Vicat, quien le dijo
que sabía que Juan Carlos "estaba bien" y que habían matado a dos de
sus compañeros.
Vicat
le dijo que sabía que su hermano
Juan Carlos "estaba bien"
Actualmente, Luis Vicat está
procesado por el fiscal Argüero por espionaje a jueces, legisladores,
organismos de derechos humanos, entre los que se encuentra el juez de la Cámara
Federal de La Plata Antonio Pacilio.
Antes de su detención, Mario
Colonna realizó gestiones para hallar a un compañero secuestrado. Una de las
reuniones la mantuvo con el capitán Cacibio, quien tiempo después lo interrogó
durante su detención ilegal en Arana. Cacibio era agente de los Secretaría de
Inteligencia del Estado (SIDE) y se estima que colaboraba en el SIPBA.
El testigo también relató que en
los últimos meses de su detención en Caseros se entrevistó con el teniente
coronel (RE) Carlos Sánchez Toranzo, quien le pidió que se "rectificara
de la utilización de la violencia". Mario Colonna le contestó al militar
que estaba en contra de la violencia ejercida contra su familia por la
dictadura.
El mismo Sanchez Toranzo fue quien
entrevistó al ex detenido Pablo Díaz en la Unidad Penal N°9 de Olmos y
le dijo que los chicos de "La Noche de los Lápices" fueron fusilados
en la Jefatura de la Policía de la Provincia de Buenos Aires. El militar negó
esto en su declaración al Tribunal en abril pasado.
Causa Calcagno
En tanto, hoy declaró Estela
Brusasco, ex preceptora de la Escuela Normal N°1 de esta ciudad, a la que
concurría la estudiante desaparecida Claudia Alejandra Calcagno.
Brusasco fue secuestrada el 15 de
abril de 1977 en su casa, durante un operativo ilegal en el que participaron
"diez hombres que me insultaron y golpearon", dijo ante el Tribunal. Y
agregó: "Le preguntaban a mi hermana por mi cuñado, que era judío. Tuve
que escuchar muchos insultos contra los judíos".
La testigo declaró que no tiene
la certeza del lugar en donde estuvo detenida -pasó los días vendada-, pero,
por las descripciones que hizo, se puede inferir que Brusasco pasó por el
centro clandestino de detención conocido como "Pozo de Arana" y la
Brigada de Investigaciones de la calle 55 entre 13 y 14.
Cuando llegó a Arana, Brusasco
reconoció la voz de Claudia Calcagno entre los detenidos. Ante la Cámara, la
mujer recordó con nostalgia que antes de la detención "hacíamos (junto a
Claudia) teatro para chicos carenciados".
Durante su detención ilegal de
nueve días, la mujer debió soportar torturas físicas (picana eléctrica y
golpes) y psíquicas: "Nos decían que nos iban a cortar los miembros y hacían
simulacros de fusilamiento. En un momento les pedí que me mataran",
sostuvo Brusasco.
"Le
preguntaban a mi hermana por mi cuñado, que era judío. Tuve que escuchar
muchos insultos contra los judíos", señaló Estela Brusasco
La mujer también contó que en el
primer lugar donde estuvo la interrogó un hombre al que identificó como el
"capitán negro" que le preguntaba por los nombres de sus compañeros
de militancia.
También declaró el hermano de
Carlos López Mateos, un joven asesinado por las Fuerzas de Seguridad el 18 de
diciembre de 1976, en una casa de 67 entre 14 y 15 de esta capital.
Luis López Mateos manifestó que
por dichos de un vecino se enteró que su hermano fue llevado al Regimiento 7 de
Infantería, en camiones del Ejército, y que su cuerpo nunca apareció.
El testigo contó además que la
dictadura secuestró a su madre, Nelly Mateos, y a su hermana, Elsa Noemí López
Mateos, en un hecho que ocurrió el 12 de noviembre de 1976. Las dos mujeres están
desaparecidas, al igual que la pareja de Carlos López Mateos, Silvia Isabella
Valenzi, quien fue secuestrada cuando estaba embarazada de cinco meses el 22 de
diciembre del mismo año. Esta mujer, según declaró su hermana a la Cámara en
mayo pasado, fue llevada a tener a su bebé del centro clandestino conocido como
"Pozo de Quilmes", al hospital Municipal de esa ciudad, por el ex médico
policial Jorge Bergés. El testigo que declaró hoy confirmó ese dato, y que
nunca se supo que pasó con la niña de padres desaparecidos.
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