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Una testigo contó cómo la
dictadura destruyó a su familia
Estela De la Cuadra declaró ayer ante la Cámara
Federal de La Plata. Relató los secuestros de dos hermanos, su esposo y otros
tres familiares. También habló de la desaparición de su sobrina, que nació
en cautiverio y todavía no fue localizada.
Por Lucas Miguel y Francisco Martínez (especial para APDH La Plata)
LA
PLATA.- La Cámara Federal de La Plata recibió ayer el testimonio de
Estela De la Cuadra, una mujer que sufrió y sufre la desaparición de seis
familiares (entre ellos, dos hermanos) y una bebé que al día de hoy no pudo
ser encontrada.
Su hermano Roberto José, su hermana
Elena -embarazada de cinco meses- y el esposo de ésta, Héctor Baratti, fueron
secuestrados en 1976 y aun están desaparecidos. En 1977, la dictadura secuestró
al esposo de Estela, Gustavo Fraire. Y también a su concuñado, Juan Raúl
Bourg y a la esposa de éste, Alicia Rodríguez de Sáenz, de quienes tampoco se
tuvieron noticias.
La trágica historia de la familia De la
Cuadra comenzó en septiembre de 1976. Roberto José De la Cuadra trabajaba en
YPF y días antes de su secuestro ingresó a la refinería volantes que se oponían
a la extensión del horario de trabajo, cuando un delegado sindical lo vio. Al día
siguiente su casa era vigilada.
Estela
de la Cuadra tiene siete familiares desaparecidos, entre
ellos una bebé que al día de hoy no pudo ser localizada.
El 2 de septiembre, en un operativo que
contó con un gran número de hombres, Roberto fue secuestrado de la casa de sus
padres. "Algunos estaban pintados, otros encapuchados. Muchos tenían ropa
de fajina muy parecida a las que usaban en el BIM 3 (Batallón de Infantería de
Marina Nº3)", describió Estela De la Cuadra en su declaración.
Al mismo tiempo que secuestraban a
Roberto, las Fuerzas de Seguridad allanaban la casa de éste -robaron fotos- y
la de sus suegros, de donde se llevaron a su mujer, Gladys Dagand.
Gladys fue liberada en octubre después
de haber padecido torturas. De su marido sólo se supo que había estado
detenido ilegalmente en la comisaría 5ª de La Plata, por el testimonio que
brindó un testigo en la CONADEP.
La dolorosa historia de la familia
continuó en febrero de 1977. El 23 de ese mes un operativo de las Fuerzas de
Seguridad secuestró a Elena De la Cuadra -embarazada de cinco meses- y a su
marido, Héctor Baratti, en un consultorio odontológico. En el mismo
procedimiento se llevaron a la dentista Norma Campano de Serra, al marido de ésta,
Pedro Simón Campano, y a dos personas más.
Por estos casos, la familia De la Cuadra
hizo varias gestiones ante diversas autoridades y en tres oportunidades se
entrevistó con monseñor Emilio Teodoro Graselli, un clérigo que recolectaba
nombres de desaparecidos y que prometió averiguar por el paradero de Elena y
Roberto. Después de unos días, el cura le dijo a la familia que Elena estaba
en las afueras de La Plata.
El 3 de mayo, los De la Cuadra recibieron una llamada telefónica
en la que una voz les comunicaba que el embarazo de Elena "estaba
bien". En 1982 se enteraron que el llamado lo había hecho Adriana Calvo de
Laborde, una ex-detenida que estuvo con Elena en la comisaría 5º de La Plata.
Tiempo más tarde, la familia recibió varios mensajes anónimos
que decían que el 16 de junio de 1977 Elena había dado a luz una nena, a la
que había llamado Ana Libertad. Este dato fue confirmado por un ex detenido que
estuvo con Elena y su marido. Según contó su hermana Estela en su declaración
de ayer ante la Cámara, Ana era el nombre que el matrimonio había pensado para
la nena. "Le pusieron Ana Libertad porque libertad era lo que más
apreciaban", agregó.
"Reynaldo Tabernero -Subjefe de
Policía- le dijo a un sacerdote amigo que la nena había nacido y estaba con un
matrimonio sin hijos", contó Estela de la Cuadra ante el Tribunal.
En busca de la bebé
Con el fin de la dictadura, Estela de la
Cuadra, junto con la agrupación Abuelas de Plaza de Mayo, inició una causa en
la Justicia Criminal de La Plata para averiguar el paradero de varios bebés
desaparecidos.
La investigación pudo determinar que Omar Alonso, un
comerciante de esta ciudad, habría recibido una niña de un regimiento militar,
quien podría ser la hija de Elena de la Cuadra. Los vecinos de Alonso
aseguraron que nunca vieron a su mujer embarazada.
Un allanamiento en la casa del
comerciante hecho en 1986, determinó que éste tenía un carnet de "libre
tránsito y estacionamiento" por ser secretario privado del presidente de
la Cámara de Diputados de Santa Fe.
El
subjefe de Policía de la Provincia, Reynaldo Tabernero,
le dijo a un sacerdote amigo que la nena había
nacido y que estaba con un matrimonio sin hijos.
La pesquisa judicial provocó que Alonso se
fugara del país, hacia Paraguay. Investigaciones periodísticas de esa época
lo ligaron con el ex dictador boliviano, Hugo Bánzer, y con el Jefe del Primer
Cuerpo del Ejército, Carlos Suárez Mason.
Recién en 1993 se logró la detención
de Alonso, del que se averiguó que entraba y salía del país sin aparecer en
el registro migratorio de Paraguay. En 1994 se detuvo a su esposa, María del
Luján Dimatía.
La causa de las Abuelas pasó por varios
jueces hasta que el magistrado Juan Carlos Bruni (h), dispuso el sobreseimiento
definitivo de Alonso en 1995. No obstante, al año siguiente se dictó la
"extracción compulsiva" de sangre a la hija presuntamente apropiada,
para determinar su identidad, pericia que aun no fue realizada. Ana Libertad,
hija de la desaparecida Elena De la Cuadra, cumpliría ayer 22 años.
Otros secuestros
La historia de secuestros de la familia
continuó el 5 septiembre de 1977, cuando la Policía Federal allanó una quinta
de Mar del Plata donde vivían Juan Raúl Bourg (concuñado de Estela De la
Cuadra) y su esposa, Alicia Rodríguez Sáenz.
En ese procedimiento se secuestró a
Bourg y a su cuñado Alejandro Rodríguez Sáenz. Ambos fueron torturados y
Alejandro salió en libertad al día siguiente. Asimismo, la Policía Federal
volvió por Alicia al otro día. Tanto ella como su marido (Bourg) continúan
desaparecidos.
Las madres de Juan Raúl Bourg y su
esposa Alicia sufrieron allanamientos en reiteradas oportunidades por parte de
la misma policía. Pero siguieron investigando y golpeando puertas para hallar a
sus hijos. Una vez, la madre de Alicia concurrió al juzgado federal de Mar del
Plata, a cargo del juez Hörs, para denunciar el caso. Allí los empleados le
dijeron que se fijara en los nombres de muertos en "enfrentamientos"
que figuraban en un libro. La mujer leyó el nombre de su hija y el de su yerno.
Después de esto, las familias de Raúl
y Alicia recibieron distintas versiones sobre el destino de sus seres queridos:
una indicó que estuvieron detenidos en la Base Naval de Mar del Plata y otras
dos que fueron vistos en Trelew. No obstante, nunca más se supo de ellos.
En noviembre de 1977 los De la Cuadra
sufrieron un nuevo golpe. Estela y su esposo, Gustavo Fraire, habían decidido
mudarse con sus hijos a Buenos Aires, a un departamento en Callao y Juncal. El
lugar fue allanado por las Fuerzas de Seguridad, quienes secuestraron a Gustavo
Fraire y a dos personas más, un hombre de apellido Torres Ferrer, y a su
esposa, de apellido Larcamón.
La abuela de los chicos del matrimonio
Torres Ferrer fue a buscar a sus nietos a una seccional y a José, uno de los
hijos de Estela, quien se había salvado del secuestro. Según la declaración
que De la Cuadra dio ayer a la Cámara, cuando la abuela retiró a los chicos,
una asistente social le dijo en referencia a José: "Si usted no se lo
lleva, me lo llevo yo, porque es hermoso".
Días después, el Ejército vació el
departamento de Callao y Juncal, y clausuró el lugar con una faja.
Estela De la Cuadra se exilió de inmediato en Brasil. Pero
luego viajó a Suecia, ya que temía ser una víctima del "Plan Cóndor",
el sistema represivo que organizaron las dictaduras de Sudamérica para llevar a
cabo su genocidio. De su marido, Gustavo Fraire, Estela sólo recibió versiones
que indicaban que estuvo detenido en la comisaría 8º de La Plata.
Al culminar su extensa declaración de
ayer (de cuatro horas), Estela de la Cuadra expresó que la búsqueda de la
verdad sobre lo ocurrido con los desaparecidos "es un trabajo de todos: de
todos los que decimos no al genocidio. Y nunca más". El público presente
en la sala prorrumpió en aplausos.
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