Declaró un marino: “En la guerra
mueren muchos inocentes”
Con esta frase, el teniente de navío (RE) Julio
Serrano justificó la desaparición de un matrimonio amigo. Además, en un fallo
complejo, la Cámara desestimó la citación a indagatoria del ex represor
Miguel Etchecolatz.
Por Lucas Miguel y Francisco Martínez (Secretaría de Prensa)
LA PLATA.- Después de varias jornadas de
audiencias sin la presencia de un integrante de las fuerzas de seguridad, declaró
hoy en el Juicio por la Verdad el teniente de navío (RE) Julio Armando Serrano,
amigo de un matrimonio desaparecido por el que hizo gestiones ante sus camaradas
de la Armada.
Serrano prestó testimonio por la
desaparición de Mónica Sofía Grispón y Claudio Ernesto Logares, secuestrados
en Montevideo (Uruguay) el 18 de mayo de 1978 junto a su hija Paula, de 23 meses
de edad.
El de Paula Logares fue el primer caso
de un niño devuelto a sus familiares biológicos después de haber sido
apropiada por una familia allegada al régimen militar. Pero Mónica Grispón y
Claudio Logares continúan desaparecidos. Lo único que saben sus familiares es
que fueron traídos a la Argentina y que estuvieron detenidos ilegalmente en la
Brigada de Investigaciones de San Justo.
La citación de Serrano se produjo a raíz
de la declaración en julio pasado de Elsa Pavón, madre de Mónica, quien dijo
que el marino le había dicho que “Claudio era irrecuperable, que no lo veríamos
más. Pero (que) su mujer y su hijita volverían pronto”.
Hoy Serrano manifestó que era amigo de
Claudio y Mónica, a quienes conoció después de haber compartido varias
excursiones junto a Claudio, quien había sido alumno de la Escuela Naval y tuvo
la posibilidad de compartir con Serrano varias horas de conversaciones.
Serrano dijo que su vínculo con el
joven Logares fue creciendo con el tiempo y que se cortó abruptamente a fines
del ’75 “cuando él me dijo que había pasado a la clandestinidad”. El
marino también comentó que casi dos años después recibió una llamada de
Claudio, en la que éste le pidió que se encontrasen en la terminal de ómnibus
de Mar del Plata, ciudad donde residía Serrano en esos años.
Según relató el militar —retirado en
1974 después de un accidente en el que perdió un ojo—, Claudio le manifestó
que estaba buscando refugio: “Me dijo que había entrado en la Juventud
Peronista y en (el Movimiento) Montoneros y que estuvo ahí hasta que se dio
cuenta que los líderes de la agrupación lo habían engañado”, afirmó el
marino. Y siguió: “(Claudio) dijo que había ido a las villas de la zona de
Reconquista (Gran Buenos Aires) a decirle a la gente, que él había estado
adoctrinando, que dejara las armas porque los (líderes de Montoneros los) habían
engañado, y que por esto Montoneros lo había sentenciado a muerte”.
Siempre según Serrano, Claudio, Mónica
y su hija estuvieron varios días en su casa hasta que la familia decidió irse
a vivir a Uruguay porque “estaban siendo perseguidos por las fuerzas legales
(sic) y por Montoneros”.
Mientras los Logares vivieron en
Montevideo, intercambiaron correspondencia con Serrano hasta que un amigo común
de Claudio y el marino, que residía en el país oriental, le comunicó a éste
último que la familia había desaparecido. “Primero pensé que era una
operación de Montoneros, pero como no aparecieron los cuerpos me di cuenta que
habían sido las fuerzas legales”, sostuvo Serrano ante el Tribunal.
Después de la desaparición, el marino
se dirigió a la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) para consultar por la
suerte de sus amigos. Pidió hablar con Jorge “el Tigre” Acosta —procesado
actualmente por el robo de niños nacidos en cautiverio— pero no pudo
conseguir una entrevista con el represor. En cambio, pudo hablar con el teniente
Néstor Sabio, asistente de Acosta y ex subordinado suyo. A los tres días,
Serrano recibió una respuesta por parte de Sabio: “La SIDE —comentó
Serrano— no le proporcionó (a Sabio) información porque las relaciones con
la Armada eran ásperas. También le dijeron que las fuerzas de seguridad no
intercambiaban información entre sí, salvo en operaciones conjuntas, y que esa
persona (Claudio) operaba en la columna oeste de Montoneros, en jurisdicción
del Ejército”.
Serrano también relató que llamó a un
ex compañero suyo, oficial de inteligencia de la Armada Miguel Ángel Ita, para
decirle que los Logares “portaban documentos originales (no falsos), que no
estaban en la clandestinidad y que Montoneros los había condenado”, con el
fin de que “no les pasara nada” durante su detención ilegal.
Durante su declaración, Serrano se
encargó de repetir que “estábamos en una situación de guerra revolucionaria
interna”. Asimismo, diferenció dos tipos de desaparecidos: “recuperables e
irrecuperables”. Preguntado por la definición de ambos términos, el marino
respondió: “Recuperable era una persona absolutamente normal que podía ser
reinsertada en la sociedad; irrecuperable era un enemigo subversivo que había
matado y cometido hechos terroristas”.
“¿El irrecuperable que suerte corría?”,
le preguntó al marino la representante legal de Elsa Pavón, Sara Cánepa.
“Supongo que era eliminado”, contestó Serrano sin vacilar, al tiempo que
afirmó: “Si era recuperable, debía aparecer después de la guerra
subversiva. Pero claro, en la guerra mueren muchos inocentes. Ellos (Mónica y
Claudio) no eran inocentes, pero creo que no debía haberles pasado esto”.
En su testimonio Serrano manifestó que
“tenía conocimiento que (la represión) se estaba operando a nivel Cono Sur,
pero por comentarios”, y aludió así al Plan Cóndor. Además dijo que cuando
fue a preguntar a la ESMA por el paradero de Claudio, sabía que allí
“funcionaba un centro de detención de subversivos”.
Desestiman indagatoria a Etchecolatz
En tanto, la Cámara Federal de La Plata
resolvió por mayoría desestimar el pedido del juez Leopoldo Schiffrin de citar
a declaración indagatoria al ex represor Miguel Etchecolatz.
En una resolución que se dio a conocer
recién hoy, la mayor parte de los jueces (y los conjueces convocados para el
plenario de ayer) entendieron que el caso debía resolverse con una denuncia
ante el Fiscal General de Cámaras de La Plata, si bien dos jueces pidieron que
el caso pase al fiscal de Capital Federal. También se adujo que el fin del
proceso abierto en abril del año pasado es la averiguación de la verdad, “y
carece de propósitos de persecución penal”.
El escrito, que resultó ser muy
complejo, incluye el pedido de un conjuez que en un primer momento solicitó que
se cambie el número de votantes, que finalmente quedó en 13.
Por otro lado, en ninguna parte de la
resolución se hizo referencia a la cuestión de fondo, es decir, los casos por
los que Etchecolatz está acusado y por los que nunca fue juzgado o amnistiado.
En el plenario, los jueces se limitaron a discutir si la Cámara era competente
o no, o si las posiciones de los jueces eran coincidentes o disidentes.
En ese sentido, no existió ninguna
referencia a los casos de tortura, privación ilegal de la libertad, violación
y homicidio calificado por los que fue acusado Etchecolatz, imputaciones que
surgieron de la información recabada en el “Juicio por la Verdad” .
Sin datos
En la jornada de hoy también declaró
Carlos Alberto Pérez, hermano de Ramón Lucio Pérez, desaparecido el 9 de
noviembre de 1976, después de que integrantes del Ejército irrumpieran en su
casa.
Pérez relató ante la Cámara lo que le
contó su cuñada y varios vecinos. “Dijeron que explotó una bomba en la
puerta del departamento” e ingresaron oficiales del Ejército, que se
movilizaban en dos camiones de esa fuerza y en autos Ford Falcon. Los
secuestradores, según la cuñada de Pérez, tenían sus rostros cubiertos
“con pasamontañas y túnicas” y le dijeron que debía preguntar por su
marido en la sede del I Cuerpo de Ejército, en el barrio de Palermo de la
Capital Federal.
Tiempo después del secuestro, un
oficial del Ejército se hizo presente en la casa de la víctima y le advirtió
a su esposa que “no investigara más” sobre el paradero de su esposo Ramón.
Según Carlos Pérez, “un trascendido
dice que estuvo en el Pozo de Banfield y que después pasó a un centro
clandestino de La Plata, del que no recuerdo el nombre”.
Ramón Lucio Pérez era estudiante,
trabajaba en la embajada de Cuba, presidía un centro de estudiantes en Lomas de
Zamora y militaba en la Juventud Comunista.
Por otro lado, declaró Delia Beratz,
hermana del desaparecido Rubén Abel Beratz. Delia contó que el 19 de agosto de
1976 su tío recibió una llamada telefónica anónima con el siguiente mensaje:
“Familiares de Rubén Beratz viajen urgente a La Plata”.
Cuando la familia Beratz, que reside en
Coronel Pringles, viajó a esta ciudad se encontró con la casa de Rubén vacía,
porque incluso los secuestradores habían saqueado el domicilio.
Delia sostuvo que “mi hermano
desapareció con tres compañeros más” y un arquitecto de nacionalidad
boliviana, de apellido Ringolini, que apareció muy golpeado al poco tiempo y se
fue a su país natal prometiendo a la familia Beratz que iba a volver a
declarar. Según Delia “nunca más lo ubicamos”.
Las únicas noticias que tuvo la familia
de la víctima fueron una carta del capellán de la Armada, monseñor Emilio
Teodoro Graselli, en donde —según Delia— el clérigo daba a entender “que
no se buscara más, que Rubén estaba muerto”, y el testimonio del estanciero
Jesús Díaz Vega que “nos dijo que mi hermano estaba detenido en la cárcel
de Coronda, en Córdoba”, según expresó la mujer ante los jueces.
También se presentó a declarar hoy
Luis Fernando Uncal, ex pareja de la desaparecida Hilda Margarita Farias,
secuestrada el 20 de diciembre de 1976. Uncal pidió al tribunal declarar en
reserva, por lo que los jueces pidieron que se desalojara la sala de audiencias.
No obstante, inesperadamente el testigo dijo que no tenía datos para aportar.
Un día detenidos en su casa
En las audiencias de hoy también declaró
Lorenza Ávalos, hermana de Jorgelina Aquilina Ávalos, secuestrada en su casa
de La Plata el 9 de junio de 1977.
Lorenza contó a los jueces que ese día
se dirigió al domicilio de sus padres, que vivían al fondo de un pasillo de
una casa comunicada con la de su hermana Jorgelina. “Antes de llegar (cuando
iba caminando por el pasillo) unos hombres me detuvieron y me hicieron entrar a
la casa de mi hermana”, afirmó Ávalos.
Ya en el interior de la casa, Jorgelina
le dijo que los represores estaban allí desde las tres de la mañana esperando
a su marido Miguel Gómez. En el lugar también estaba la hija del matrimonio,
de sólo nueve meses.
Los represores estuvieron en la casa
hasta la once de la noche, cuando se cansaron de esperar a Miguel y se llevaron
a su esposa Jorgelina junto a un matrimonio que había ido de visita a las tres
de la tarde, y que también está desaparecido. Lorenza contó que uno de los
militares le dijo: “Tenemos que llevar a su hermana por averiguación, porque
su marido no se ha presentado”.
Miguel, que permaneció en la
clandestinidad, finalmente apareció con la llegada de la democracia y dijo a la
familia Ávalos que no fue ese día a su casa porque se había enterado que lo
estaban buscando las fuerzas de seguridad.
Lorenza también afirmó ante los jueces
que “a los dos días mis padres y mis hermanos fueron visitados y saqueados”
por los represores. Y dijo que su familia hizo innumerables gestiones para
hallar a Jorgelina.
Además, la testigo sostuvo que cuando
fue a una dependencia del Ejército a averiguar por su hermana se encontró con
un militar al que le preguntó por Jorgelina: “Me dijo que no sabían nada
porque ya la habían entregado”, contó Lorenza durante la audiencia. En una
comisaría le sucedió otro hecho que no puede olvidar: “Nos dijeron que
levantáramos la denuncia para que no nos pasara nada”, agregó.
Policía secuestrado
Un ex policía relató hoy a la Cámara
Federal el secuestro que sufrió durante la última dictadura. Rubén Ares dijo
que en octubre de 1976 era un agente que prestaba funciones en la Brigada de
Investigaciones de Quilmes, en cuyas dependencias funcionó el centro
clandestino conocido como “Pozo de Quilmes”.
Quebrado por el llanto, Ares relató que
en una oportunidad un superior (un cabo de apellido Gómez) lo envió a
repartirle la comida a los detenidos ilegales de la Brigada. Esa vez, Gómez
permitió a los detenidos que se saquen las vendas, y que se desaten las manos,
para poder comer.
Días después, según contó el
testigo, un grupo de policías lo fue a buscar por la noche a su
domicilio, “para realizar un trabajo”. “Fuimos a la Brigada y el
subcomisario Aguirre me preguntó si estaba en un partido político, si era
comunista o guerrillero. Yo nunca estuve en nada”, expresó conmocionado Rubén
Ares.
El testigo señaló que entonces fue
interrogado por “el comisario Belich, por Aguirre y por un señor canoso”, y
que también fue torturado con la picana. En ese interrogatorio Ares se enteró
que una de las detenidas ilegales a las que les había servido la comida lo tildó
de “comunista” ante sus compañeros, lo que resultó ser la causa de la
detención ilegal del ahora ex policía, que se prolongó por tres meses.
Ares dijo que pasó por un centro
clandestino que habría estado ubicado en La Plata, y luego por el “Pozo de Bánfield”,
de dónde recuperó su libertad el 20 de enero de 1977. “Me dijeron:
‘Naciste de nuevo, pero no te queremos ver más en la Provincia’”, expresó.
El ex policía afirmó que entonces se
fue a vivir a Villa Mercedes, en la provincia de San Luis, lugar de su actual
residencia. “Después sufrí una media parálisis facial; el médico dijo que
fue por nervios. He tenido un pre-infarto”, enumeró Ares sobre los efectos
que la represión ilegal le dejó. “Después de 23 años, tengo miedo que me
pase algo (problema de salud), quiero que esta sea la única vez que declare y
olvidarme”, agregó Rubén Ares.
Archivos de Inteligencia
En otro orden, la Cámara Federal de La
Plata resolvió ayer aceptar la colaboración del equipo ofrecido por la Comisión
Provincial de la Memoria, en relación con la puesta a resguardo de la
documentación existente en el archivo de la ex Dirección de Inteligencia de la
Policía de Buenos Aires (DIPBA), que cuenta con numerosos datos sobre la
represión ilegal.
No obstante, el Tribunal limitó el
permiso de “digitalización y/o microfilmación del material al período
correspondiente entre los años 1976 y 1983”. De esta forma, se negó la
solicitud de la Comisión de la Memoria para que se haga una copia del período
anterior al Golpe de Estado del ’76 y la etapa posterior a la dictadura,
habida cuenta de que en ese Archivo —según se dio a conocer— existirían
datos del espionaje realizado por la Policía bonaerense durante el gobierno
constitucional.
El fundamento que dio la Cámara fue que
el Juicio por la Verdad abierto por la resolución 18/98 de abril del año
pasado, limita la investigación al período comprendido por los siete años de
la última dictadura.
Además, en un punto relevante de la
resolución, la Cámara dispuso prohibir la entrada al archivo de la ex DIPBA
“a toda persona, cualquiera sea su función o jerarquía”, sin la
correspondiente autorización de la mayoría de los jueces del Tribunal. Esta
actitud se tomó luego de que el ex ministro de Justicia y Seguridad, Carlos
Soria, mostrara públicamente el archivo de la ex Dirección de Inteligencia, un
lugar que la Cámara mantenía bajo absoluta reserva desde hace algunos meses.
De ese hecho trascendió que habían sido identificados 124 desaparecidos
enterrados en tumbas NN, un número que más tarde nadie supo aclarar de dónde
había salido, y que provocó la consecuente conmoción de los familiares de las
víctimas de la represión ilegal, que se preguntaban si los restos sus seres
queridos estarían entre esas identificaciones.
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