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Martes 11 de mayo de 1999 - A

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La Cámara Federal le preguntó por desaparecidos 
Monseñor Graselli: 
“La memoria me falla” 
El clérigo recolectaba nombres de desaparecidos durante la dictadura. Tenía un fichero, y llegó a juntar 2.500 casos. Pero al prestar declaración, negó recordar episodios concretos. Afirmó que por su tarea recibió amenazas. En tanto, declaró una Abuela de Plaza de Mayo que hizo imputaciones al médico Bergés. 

Ver también
Graselli insiste: la única información 
me la daban los familiares
(14-03-01)

Por Francisco Martínez (especial para APDH La Plata) 


LA PLATA.- El ex secretario del Vicariato Castrense durante la dictadura, Monseñor Emilio Teodoro Graselli, declaró ayer en el Juicio por la Verdad, y negó recordar si hizo gestiones por el desaparecido José David Aleksosky, quien fue secuestrado en 1976 cuando hacía la conscripción. 

Preocupándose en demostrar que hacía esfuerzo por recordar, Graselli aportó muy poca información: confirmó que tenía un fichero en el que anotaba los nombres de las personas desaparecidas cuyos familiares, para saber su suerte, acudían a él. Pero dijo no recordar nombres concretos, cuando los jueces de la Cámara Federal de La Plata o los abogados de la APDH preguntaban en ese sentido. 

En lo que pareció el colmo de la desmemoria, el clérigo también dijo que no se acordaba de haber declarado en la CONADEP. El Tribunal le leyó su declaración ante la comisión que en 1984 investigaba a la represión ilegal, y entonces Graselli expresó: “La verdad es que me había olvidado de haber hecho esto. Ratifico esta declaración”. 


Graselli aportó poca información: no recordó  casos concretos de desaparecidos y hasta dijo que  no se acordaba de haber declarado en la CONADEP.



El religioso fue llamado a declarar para que informe si conocía el destino de José Aleksosky, un joven que desapareció mientras hacía el servicio militar en el Regimiento de Granaderos a Caballo.  

La testigo Zivana Aleksosky —hermana del desaparecido—, declaró la semana pasada que a Graselli “lo pusieron los militares para que entretenga” a los familiares de los desaparecidos y que en un encuentro que tuvo con él “vi que debajo de la sotana tenía un arma”.  Cuando el Tribunal le preguntó si en esa época se armaba, Graselli sentenció: “Jamás. Soy enemigo de las armas”. 

En su declaración ante la CONADEP, que Graselli no recordaba, el prelado contó que recibía “llamados anónimos” que le daban datos sobre dónde estarían los detenidos ilegales. Sobre Aleksosky, Graselli averiguó que el desaparecido “estuvo en (el centro clandestino de detención de) Arana”, y reconoció que hizo gestiones por él ante el Ministerio del Interior para sacarlo del país.  

Recolección de datos 

El clérigo explicó cómo era el sistema que, junto con su superior —el monseñor Adolfo Tortolo—, ponían en práctica. Graselli se encargaba de recibir a los familiares de las personas detenidas ilegalmente, y les tomaba sus datos. Luego le remitía a Tortolo una lista, que hacía en forma periódica, para que éste a su vez la envíe al Ministerio del Interior o a las Fuerzas de Seguridad. Pero el religioso negó que alguna vez le haya dado información a algún familiar sobre dónde estaba su ser querido, contradiciendo a varios testigos que declararon en el Juicio por la Verdad. 

El presidente del Tribunal le expresó que no podía comprender cómo era posible que recolectara tanta información, si nunca podía informar a los familiares qué había pasado. “La pobre gente estaba desesperada porque nadie los atendía. Yo les decía: ‘caminen, vayan a todos lados’”, señaló Graselli. 

“Yo no tenía autoridad, era secretario, no podía hacer nada”, dijo el prelado cuando se le preguntó si hacía gestiones por las personas secuestradas. Indicó que el que se ocupaba de eso era monseñor Tortolo. “¿Con qué jefes militares se reunía Tortolo?”, quiso saber el Tribunal. “Con todos”, subrayó Graselli. Monseñor Tortolo era el vicario castrense y realizaba la “atención espiritual” del personal de las Fuerzas Armadas. 

El Tribunal también le preguntó si no consideraba que tener esa información era peligroso. “¿Me lo va a decir a mí que fui amenazado innumerables veces?”, contestó Graselli, al tiempo que agregó cuando le preguntaron si no había hecho la denuncia: “¿A quién se la iba a hacer?. ¿Al enemigo?”. 


Monseñor Graselli dijo que fue amenazado 
"innumerables veces". 
"¿A quién iba a hacer 
la denuncia?. ¿Al enemigo?", sentenció.



Graselli recordó, no obstante, los casos en los que, según él, ayudó a salir del país a algunos detenidos. “Los ayudé a salvarse de aquel incendio. Les conseguí visa y trabajo en el exterior”, manifestó. El religioso se refirió de esta forma a episodios en los que él trataba con detenidos ilegales que tenían un régimen especial: podían salir del centro clandestino de detención, hablar con Graselli, y luego volver a su cautiverio. Mientras tanto, Graselli hacía gestiones en los consulados extranjeros para que puedan exiliarse. 

Más tarde, se le preguntó si recordaba casos en que los familiares pedían por recién nacidos hijos de las personas secuestradas. “Chicos, chicos. . .”, murmuró Graselli mientras se rascaba la cabeza. “Tengo alguna foto de una embarazada”, expresó. Pero cuando se le preguntó por un caso puntual, dijo que no recordaba. 

Los abogados de APDH pidieron a la Cámara que se secuestre el fichero de Graselli, que el clérigo aun conserva. Una comisión policial partió anoche con Graselli para cumplir esa disposición. Además, se pidió un careo entre el monseñor y los testigos Lázaro Aleksosky —hermano del conscripto— y Albano José Nocent (ver 110599B). 

Más sobre el caso Isabella Valenzi

Caso Valenzi: la enfermera del parto niega saber qué pasó con la beba
(15-05-02)

Testimonios de los médicos Norberto Linari y Blanca Aguirre Zabala
(4-07-01)

El director del Hospital le ordenó ocultar el nombre de una desaparecida (testimonio del médico Adalberto Pérez Casal, 20-06-01)

Testimonio del médico Justo Horacio Blanco (18-10-00)

Testimonio de Rosaria Isabella Valenzi (11-05-99)

Imputaciones a Bergés 

También declaró ayer Rosaria Isabella Valenzi, hermana de Silvia Isabella Valenzi, desaparecida en La Plata el 22 de diciembre de 1976. La testigo contó que Silvia estaba embarazada cuando fue secuestrada, y que nunca vio al bebé. E involucró en esa desaparición al ex médico policial Jorge Bergés. 

“Nos enteramos que estuvo detenida en la Brigada de Quilmes”, relató Valenzi. Cuando llegó el momento de parir, Silvia Valenzi fue llevada al Hospital Municipal de Quilmes, contó la testigo.  

Rosaria Valenzi dijo que se enteró del nacimiento de la beba por un testimonio que dieron una enfermera y una partera, que luego fueron secuestradas y ahora están desaparecidas. 


Bergés le dijo a un funcionario del Hospital de Quilmes:  "Esa nena no la saca de acá ni Videla sin mi orden". 


Un médico le dijo a la testigo que la nena había nacido y que estaba viva. Pero el director del hospital en esa época, Roberto Iriarte, negó todo. Más tarde, los médicos que declararon en una causa que se abrió en la justicia penal también negaron todo, diciendo que la beba había muerto. 

La mujer relató ante la Cámara que su hermana fue llevada al Hospital de Quilmes con dos policías y el médico Jorge Bergés. Según contó, éste le dijo a un funcionario del hospital: “Esa nena (la beba) no la saca de acá ni Videla sin mi orden”. Bergés estuvo procesado dos años por este caso, pero salió libre por la ley de Obediencia Debida. 

Valenzi informó además que su caso es uno de los que investiga el juez Adolfo Bagnasco, que intenta probar la existencia de un plan sistemático de secuestro de bebés durante la dictadura. También se hizo una presentación al juez español Baltasar Garzón. 

Nadie vio los libros de Sanidad 

En otro orden, declaró un ex ordenanza de la Dirección de Sanidad de la Policía de la Provincia. Héctor Viscuzi, quien trabajó en Sanidad entre 1981 y 1995, dijo no recordar ver cuando se trasladaron los Libros de Partes Médico-legales que busca la Cámara, cuando fueron enviados a un juzgado o cuando volvieron de éste. 

Viscuzi argumentó que sólo “hacía limpieza o servía café” y que nunca entró al archivo de Sanidad, donde podría haber estado la documentación. 


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