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La Cámara Federal le preguntó por
desaparecidos
Monseñor Graselli:
“La memoria me falla”
El clérigo recolectaba nombres de desaparecidos
durante la dictadura. Tenía un fichero, y llegó a juntar 2.500 casos. Pero al
prestar declaración, negó recordar episodios concretos. Afirmó que por su
tarea recibió amenazas. En tanto, declaró una Abuela de Plaza de Mayo que hizo
imputaciones al médico Bergés.
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Por Francisco Martínez (especial para APDH La Plata)
LA PLATA.- El ex secretario del Vicariato
Castrense durante la dictadura, Monseñor Emilio Teodoro Graselli, declaró ayer
en el Juicio por la Verdad, y negó recordar si hizo gestiones por el
desaparecido José David Aleksosky, quien fue secuestrado en 1976 cuando hacía
la conscripción.
Preocupándose en demostrar que hacía
esfuerzo por recordar, Graselli aportó muy poca información: confirmó que tenía
un fichero en el que anotaba los nombres de las personas desaparecidas cuyos
familiares, para saber su suerte, acudían a él. Pero dijo no recordar nombres
concretos, cuando los jueces de la Cámara Federal de La Plata o los abogados de
la APDH preguntaban en ese sentido.
En lo que pareció el colmo de la
desmemoria, el clérigo también dijo que no se acordaba de haber declarado en
la CONADEP. El Tribunal le leyó su declaración ante la comisión que en 1984
investigaba a la represión ilegal, y entonces Graselli expresó: “La verdad
es que me había olvidado de haber hecho esto. Ratifico esta declaración”.
Graselli
aportó poca información: no recordó casos concretos de
desaparecidos y hasta dijo que no se acordaba de haber declarado en
la CONADEP.
El religioso fue llamado a declarar para que informe si conocía
el destino de José Aleksosky, un joven que desapareció mientras hacía el
servicio militar en el Regimiento de Granaderos a Caballo.
La testigo Zivana Aleksosky —hermana
del desaparecido—, declaró la semana pasada que a Graselli “lo pusieron los
militares para que entretenga” a los familiares de los desaparecidos y que en
un encuentro que tuvo con él “vi que debajo de la sotana tenía un arma”.
Cuando el Tribunal le preguntó si en esa época se armaba, Graselli sentenció:
“Jamás. Soy enemigo de las armas”.
En su declaración ante la CONADEP, que
Graselli no recordaba, el prelado contó que recibía “llamados anónimos”
que le daban datos sobre dónde estarían los detenidos ilegales. Sobre
Aleksosky, Graselli averiguó que el desaparecido “estuvo en (el centro
clandestino de detención de) Arana”, y reconoció que hizo gestiones por él
ante el Ministerio del Interior para sacarlo del país.
Recolección de datos
El clérigo explicó cómo era el
sistema que, junto con su superior —el monseñor Adolfo Tortolo—, ponían en
práctica. Graselli se encargaba de recibir a los familiares de las personas
detenidas ilegalmente, y les tomaba sus datos. Luego le remitía a Tortolo una
lista, que hacía en forma periódica, para que éste a su vez la envíe al
Ministerio del Interior o a las Fuerzas de Seguridad. Pero el religioso negó
que alguna vez le haya dado información a algún familiar sobre dónde estaba
su ser querido, contradiciendo a varios testigos que declararon en el Juicio por
la Verdad.
El presidente del Tribunal le expresó
que no podía comprender cómo era posible que recolectara tanta información,
si nunca podía informar a los familiares qué había pasado. “La pobre gente
estaba desesperada porque nadie los atendía. Yo les decía: ‘caminen, vayan a
todos lados’”, señaló Graselli.
“Yo no tenía autoridad, era
secretario, no podía hacer nada”, dijo el prelado cuando se le preguntó si
hacía gestiones por las personas secuestradas. Indicó que el que se ocupaba de
eso era monseñor Tortolo. “¿Con qué jefes militares se reunía Tortolo?”,
quiso saber el Tribunal. “Con todos”, subrayó Graselli. Monseñor Tortolo
era el vicario castrense y realizaba la “atención espiritual” del personal
de las Fuerzas Armadas.
El Tribunal también le preguntó si no
consideraba que tener esa información era peligroso. “¿Me lo va a decir a mí
que fui amenazado innumerables veces?”, contestó Graselli, al tiempo que
agregó cuando le preguntaron si no había hecho la denuncia: “¿A quién se
la iba a hacer?. ¿Al enemigo?”.
Monseñor
Graselli dijo que fue amenazado
"innumerables veces". "¿A quién iba a hacer
la denuncia?. ¿Al enemigo?", sentenció.
Graselli recordó, no obstante, los casos en los que, según él,
ayudó a salir del país a algunos detenidos. “Los ayudé a salvarse de aquel
incendio. Les conseguí visa y trabajo en el exterior”, manifestó. El
religioso se refirió de esta forma a episodios en los que él trataba con
detenidos ilegales que tenían un régimen especial: podían salir del centro
clandestino de detención, hablar con Graselli, y luego volver a su cautiverio.
Mientras tanto, Graselli hacía gestiones en los consulados extranjeros para que
puedan exiliarse.
Más tarde, se le preguntó si recordaba
casos en que los familiares pedían por recién nacidos hijos de las personas
secuestradas. “Chicos, chicos. . .”, murmuró Graselli mientras se rascaba
la cabeza. “Tengo alguna foto de una embarazada”, expresó. Pero cuando se
le preguntó por un caso puntual, dijo que no recordaba.
Los abogados de APDH pidieron a la Cámara
que se secuestre el fichero de Graselli, que el clérigo aun conserva. Una
comisión policial partió anoche con Graselli para cumplir esa disposición.
Además, se pidió un careo entre el monseñor y los testigos Lázaro Aleksosky
—hermano del conscripto— y Albano José Nocent (ver 110599B).
Imputaciones a Bergés
También declaró ayer Rosaria Isabella
Valenzi, hermana de Silvia Isabella Valenzi, desaparecida en La Plata el 22 de
diciembre de 1976. La testigo contó que Silvia estaba embarazada cuando fue
secuestrada, y que nunca vio al bebé. E involucró en esa desaparición al ex médico
policial Jorge Bergés.
“Nos enteramos que estuvo detenida en
la Brigada de Quilmes”, relató Valenzi. Cuando llegó el momento de parir,
Silvia Valenzi fue llevada al Hospital Municipal de Quilmes, contó la testigo.
Rosaria Valenzi dijo que se enteró del
nacimiento de la beba por un testimonio que dieron una enfermera y una partera,
que luego fueron secuestradas y ahora están desaparecidas.
Bergés
le dijo a un funcionario del Hospital de Quilmes: "Esa nena no
la saca de acá ni Videla sin mi orden".
Un médico le dijo a la testigo que la nena
había nacido y que estaba viva. Pero el director del hospital en esa época,
Roberto Iriarte, negó todo. Más tarde, los médicos que declararon en una
causa que se abrió en la justicia penal también negaron todo, diciendo que la
beba había muerto.
La mujer relató ante la Cámara que su
hermana fue llevada al Hospital de Quilmes con dos policías y el médico Jorge
Bergés. Según contó, éste le dijo a un funcionario del hospital: “Esa nena
(la beba) no la saca de acá ni Videla sin mi orden”. Bergés estuvo procesado
dos años por este caso, pero salió libre por la ley de Obediencia Debida.
Valenzi informó además que su caso es
uno de los que investiga el juez Adolfo Bagnasco, que intenta probar la
existencia de un plan sistemático de secuestro de bebés durante la dictadura.
También se hizo una presentación al juez español Baltasar Garzón.
Nadie vio los libros de Sanidad
En otro orden, declaró un ex ordenanza
de la Dirección de Sanidad de la Policía de la Provincia. Héctor Viscuzi,
quien trabajó en Sanidad entre 1981 y 1995, dijo no recordar ver cuando se
trasladaron los Libros de Partes Médico-legales que busca la Cámara, cuando
fueron enviados a un juzgado o cuando volvieron de éste.
Viscuzi argumentó que sólo “hacía
limpieza o servía café” y que nunca entró al archivo de Sanidad, donde podría
haber estado la documentación.
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