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Una testigo vinculó a Patti con
la represión ilegal en La Plata
Es una abuela de Plaza de Mayo. La dictadura asesinó
a su hijo y a su nuera, y secuestró a su nieta. Dijo que Patti participó en un
allanamiento ilegal a su casa. También declaró un sobrino de monseñor Plaza,
por la desaparición de un hermano. Y un ex marino se negó a declarar.
Por Lucas Miguel y Francisco Martínez (especial para APDH La Plata)
LA PLATA.- Una abuela de Plaza de Mayo
vinculó al ex subcomisario Luis Patti en la represión ilegal de la dictadura.
María Isabel Chorobik de Mariani contó que en noviembre de 1976, luego de que
secuestraran a su nuera y a su nieta, el ahora intendente de Escobar se
encargaba de hacer vigilancia en su casa, mientras otros oficiales buscaban
armas en un allanamiento ilegal.
La mujer declaró ante la Cámara
Federal de La Plata por la desaparición de su hijo Daniel Mariani, y la esposa
de éste, Diana Teruggi, quien fue detenida ilegalmente junto a su hija Clara
Anahí, de tres meses de edad. Chorobik todavía no pudo hallar a la bebé, ni
tampoco dar con el paradero de los padres.
La testigo relató que pudo reconocer a
Patti varios años después, por la trascendencia pública que tuvo el
subcomisario cuando se encargó de la investigación del crimen de María
Soledad Morales por decisión del presidente Menem, quien ayer lo respaldó en
su candidatura a gobernador de la Provincia de Buenos Aires.
El
hijo y la nuera de Chorobik de Mariani fueron asesinados por
las Fuerzas de Seguridad. La hija de la pareja salió viva del
ataque en el que murió su madre, según contaron los vecinos.
La historia de Chorobik comenzó el 24 de
noviembre de 1976, cuando la casa de su hijo, ubicada en 30 entre 55 y 56 de
esta capital, fue rodeada “por todas las fuerzas de seguridad que había en La
Plata”. En el operativo, que duró cuatro horas, los representantes del
Proceso balearon y saquearon la vivienda —conocida como “La casa de la
Resistencia”—, y asesinaron a Diana y a tres compañeros de militancia.
“Un vecino vio cómo se llevaban viva a la beba”, señaló la testigo.
Ese día Chorobik había escuchado el
movimiento militar desde su casa de 44 y 21. Después se fue a City Bell, sin
saber qué había pasado (luego se enteró por radio). Volvió al otro día y
encontró su casa revuelta y saqueada. Días más tarde, ordenando su hogar,
conoció a Luis Patti cuando una “patota” se disponía a realizar un
allanamiento ilegal en su domicilio.
Como sus familiares habían
desaparecido, la mujer, desalentada, comenzó a buscar los cadáveres. Con este
objetivo se dirigió a la comisaría 5º. Allí un oficial le confirmó que su
hijo y su nuera estaban muertos, pero que no podían entregarle los cuerpos.
Asimismo, el policía le dijo que no habían encontrado ninguna beba.
Con el correr de los días, Chorobik
pudo enterarse que su hijo seguía vivo porque éste la llamaba periódicamente
por teléfono. Daniel se había salvado porque, quince minutos antes del ataque
a su casa, viajó a Buenos Aires, donde trabajaba.
El hijo de Chorobik encontró la muerte
el 1º de agosto de 1977 en la casa de una compañera de militancia, en el
momento en que estaba realizando una mudanza: un grupo de tareas lo baleó desde
las ventanas de la casa cuando estaba ingresando. Tiempo después, la mujer pudo
confirmar la muerte de su nuera al revisar certificados de defunción.
Las amenazas y persecuciones eran
corrientes en la vida de María Isabel Chorobik: un día escapó en taxi de un
“grupo de personas disfrazadas que estaban armadas” que iban a buscarla a su
casa.
Tiempo después del ataque al domicilio
de su hijo, la testigo pudo enterarse de los nombres de algunos de los
integrantes del procedimiento ilegal. Entre ellos señaló al ex suboficial de
la Policía de la Provincia de Buenos Aires Jorge Omar Rodríguez, guardia del
centro clandestino de detención “Pozo de Arana” que declaró ante el
tribunal el año pasado.
El destino de su nieta impulsó a
Chorobik a establecer contactos con represores y miembros de la Iglesia. Gracias
a unos amigos pudo conocer al oficial Daniel Del Arco, quien “sabía que la
beba seguía con vida”. Por intermedio de ellos mandó a decirle que estaba
dispuesta a entregar todos sus bienes a cambio de Clara Anahí. Y Del Arco aceptó.
De esta manera, Chorobik, que planeaba vivir junto a su nieta en Italia, inició
los trámites en el consulado de ése país. Pero no pudo llegar muy lejos, ya
que el cónsul De Vita alertó de la maniobra al coronel Ramón Camps, Jefe de
la Policía de la Provincia de Buenos Aires. El plan se desmoronó y Chorobik no
pudo dar con su nieta.
Monseñor
Montes le dijo a Chorobik que "dejara de
molestar, que la nena estaba bien con su nueva familia".
Fracasadas las gestiones, la mujer entró
en contacto con miembros de la Iglesia. “Hablé con monseñor José María
Montes, quien casó a mi hijo. Me dijo que dejara de molestar, que la nena
estaba bien con su nueva familia”. Hace sólo dos meses, después de veintidós
años, Chorobik tuvo un encuentro con Montes, al que preguntó por el paradero
de Clara Anahí. El religioso, según la mujer, contestó: “Puede ser que haya
sabido y lo he olvidado”.
La testigo también contó que otras
abuelas de Plaza de Mayo insistieron ante la Nunciatura Apostólica y lograron
entrevistarse con los monseñores Pío Laghi y Calabrese. “Nunca aportaron
nada. Les dijeron que no molestaran, porque había familias que habían pagado
4.000 pesos por sus nietos”, manifestó Chorobik.
Revelaciones sobre monseñor Plaza
También declaró hoy ante la Cámara el
director de Derechos Humanos de la Municipalidad de La Plata, Jesús María
Plaza (sobrino del fallecido arzobispo de La Plata Antonio Plaza), por la
desaparición de su hermano Juan Domingo.
Jesús Plaza se exilió en agosto de
1976 en México, y dos semanas después su hermano fue secuestrado en la
intersección de 7 y 34. “Casualmente fue el 16 de septiembre, el día de
‘La Noche de los Lápices’”, relató Plaza.
El testigo dijo que en 1979 volvió al país con el objetivo de
investigar la desaparición de su hermano, y entrevistarse con su tío, el
Arzobispo de La Plata. Antonio Plaza le confirió que el por entonces Jefe de la
Policía de la Provincia, coronel Ramón Camps, le había dicho que su hermano
estaba muerto. Jesús desconocía ese dato, en virtud de que su madre recibía
llamados telefónicos que decían que Juan Domingo estaba vivo.
El
arzobispo de La Plata durante la dictadura, José Antonio Plaza,
le dijo a su sobrino, que buscaba a su hermano
desaparecido: "Como están
las cosas no podés estar acá, te va a pasar lo mismo".
Cuando Jesús Plaza le preguntó al obispo
dónde estaba el cuerpo de su hermano, éste le contestó: “Creo que es hora
de que te vayas, porque como están las cosas no podés estar acá. Te va a
pasar lo mismo”.
En 1985, Jesús Plaza decidió denunciar
ante la Justicia al arzobispo de La Plata por “complicidad con el secuestro de
mi hermano”, en una presentación que finalmente fue desestimada. Cabe
destacar que Pablo Díaz, sobreviviente de “La Noche de los Lápices”, relató
que monseñor Plaza le dijo a su padre que sabía de su desaparición por haber
hablado con Camps, y que Pablo “necesitaba un escarmiento”.
“Hasta el momento no sé nada del destino de mi hermano. Sólo
tengo una versión de un fusilamiento y de un NN en el Cementerio”, afirmó
Plaza.
Un marino se negó a declarar
Para la audiencia de hoy también estaba
prevista la declaración del marino (RE) Juan Carlos Herzberg, quien debía
prestar declaración informativa en la causa que se investiga el paradero de
Carlos Esteban Alaye, en carácter de imputado no procesado.
“No tengo nada más que declarar; ya
testimonié en este caso en 1984”. Con estas palabras, Herzberg se amparó en
su derecho de negarse a declarar. En la anterior causa en la que testimonió, el
marino, que trabajó en el Hospital Naval por donde habría pasado el
desaparecido Alaye, admitió que comandaba la Fuerza de Tareas Nº5, pero señaló
que sus actividades forman parte de “secreto militar”.
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