(La
Plata, 28junio2006).-
La
audiencia de hoy se inició con el planteo del defensor
Luis Boffi Carri Pérez, quien intentó introducir en el
debate el secuestro de un soldado israelí , al que
calificó como “atentado terrorista de Hamas”, al
que Israel “tuvo que responder” atacando la franja
de Gaza.
Hizo
mención de diversos episodios, tales como la captura de
integrantes de la organización Al Qaeda y la muerte de
diplomáticos rusos en Israel.
El
Tribunal concedió la palabra a las demás partes para
responder y tanto el fiscal como las querellas
solicitaron el rechazo de la incorporación de las
noticias periodísticas al proceso, ya que no se trata
de hechos nuevos vinculados a la causa.
La
Dra. Marta Vedio, representante de la A.P.D.H. La Plata
señaló que el único episodio de terrorismo
internacional considerado en este juicio es el “Plan Cóndor”.
La cuestión quedó pendiente de resolución por los
jueces.
A
continuación prestó declaración testimonial Julio
Mayor, quien fue secuestrado en diciembre de 1976 en la
esquina de las calles 12 y 55 de La Plata. Vendado y
esposado fue trasladado a Arana donde permaneció dos
semanas. De allí, en las mismas condiciones, fue
llevado a la Comisaría Quinta y finalmente a la Octava.
Fue puesto a disposición del Poder Ejecutivo Nacional
en marzo de 1977 y realizó todo el recorrido junto a su
esposa, María Hebelia Sanz, que también declaró en el
día de la fecha.
Mayor
estaba citado para atestiguar sobre el caso de Jorge
Julio López, por cuya privación ilegal de la libertad
y torturas está acusado Etchecolatz.
Recordó haber compartido cautiverio con López
en la Comisaría Quinta.
Respecto
al centro clandestino de detención de Arana expresó
que allí “todos eran torturados, incluso yo”,
describiendo la tortura psicológica por lo que le
tocaba vivir, picana, golpes de puño y amenazas. La
picana eléctrica era el “modus operandi” de
interrogatorio. En ese lugar estuvieron también
secuestradas dos personas de Mar del Plata, uno de ellos
de apellido Starita, dos arquitectos, uno de ellos
llamado Guillermo, un joven de apellido Rodríguez y un
soldado que vivían en Mendoza y tenía una lesión en
la pierna. Mencionó también a Juan Carlos Mora, quien
estaba detenido junto a su esposa.
Mayor
aportó algunos apodos utilizados por los represores,
tal como “Alberto”, el “coronel”, el “gato”,
“globulito” y alguien que se hacía tratar como
sacerdote.
Durante
su permanencia en la Comisaría Quinta permanecieron
vendados y el testigo no fue torturado con picana eléctrica,
pero sí escuchó torturar a otras personas. En ese
lugar le hicieron firmar un documento que no pudo leer y
cuyo contenido no conoció nunca.
Su
siguiente lugar de detención fue la Comisaría Octava,
a la que fue trasladado tirado en la parte de atrás de
un auto.
Clima
de terror en Arana.
La
segunda testigo de hoy fue la esposa de Mayor, María
Hebelia Sanz, secuestrada junto a su marido y que
recorrió el mismo circuito. Recuerda haber sido llevada
a un lugar “con sombra, así que había árboles”.
“Me sacaron los anillos, que no aparecieron más”.
Relató
haber permanecido en una celda alrededor de dos semanas
y reflejó en su relato el clima del lugar: torturas,
gritos, colchones sucios, golpes. “En Arana había prácticas
de tiro, ráfagas a cualquier hora, autos que entraban y
salían, corridas”. Recordó haber visto allí a
Silvia Amalia González, que lloraba todo el tiempo y a
una joven llamada Virginia. Las tres fueron trasladadas
juntas.
La
tranquilidad de su relato se quebró al recordar a
Manuela Santucho, una niña de doce años, a quien
alguien de la patota torturó por orden superior a pesar
de no querer hacerlo. Nunca supo queé había pasado con
ella.
Supo
que ese lugar era Arana cuando acudió a prestar
declaración ante la Comisión Nacional para la
Desaparición de Personas (CONADEP). También le
llamaban “la casa de la muñeca”, porque había una
muñeca vendada y con las manos atadas. Identificó en
ese lugar a represores como “el francés”y “el
padre” (que hacía confesar y también los obligaba a
rezar un padrenuestro blasfemo).
Cuando
fue trasladada a la Comisaría Quinta, encontró que en
ese lugar había mucha más gente y las mujeres estaban
separadas de los varones. Recordó como compañera de
cautiverio a Nora, estudiante de psicología y a Mariel
Morettini.
De
la comisaría Quinta fue trasladada a la octava en un
camión celular junto a varias compañeras. En ésta última
conoció a Rosa Martínez, que acababa de dar a luz.
Permaneció allí hasta fin de marzo o comienzos de
abril de 1977, en que fue destinada a la cárcel de
Devoto. Su reclusión se prolongó en el sistema
penitenciario casi dos años más.