LA
PLATA.- El abogado de Etchecolatz, Dr. Luis Boffi
Carri Pérez, solicitó hoy al Tribunal Oral en lo
Federal Nª 1 que deje sin efecto la orden de prisión
efectiva contra el represor Miguel Osvaldo
Etchecolatz, basándose en su estado de salud
“agravado” y
argumentando que el ex Director General de
Investigaciones de la Policía provincial “es un
hombre pacífico”, ya que al ser atacada su casa por
la “horda de salvajes” (hacía referencia a un
escrache) se limitó a llamar a la policía.
Alegó
también que no era cierto que Etchecolatz tenía un
arma en su poder, ya que la misma había sido
entregada a su suegra, quien habita un departamento a
pocas cuadras. Ante ello, el Dr. Oscar Rodríguez,
representante de la Asamblea Permanente por los
Derechos Humanos La Plata manifestó al Tribunal que
la madre política del represor podía estar incursa
en el delito de tenencia ilegítima de arma de guerra.
En
el priemr testimonio de la fecha declaró Walter
Docters, quien fuera secuestrado el 20 de septiembre
de 1976, luego de afirmar en la Escuela de
Suboficiales y Tropa de la policía provincial, que la
policía no debía comandada por un coronel sino por
un hombre de la propia fuerza, ya que se había
conformado una banda de delincuentes al servicio de la
corrupción y la tortura.
Docters
fue llevado al destacamento policial de Arana, que
funcionaba –según se viene demostrando en estas
audiencias– como centro clandestino de torturas e
interrogatorios. Allí fue sometido al paso de
corriente eléctrica, como todos los que pasaban por
ese lugar, y también con la práctica conocida como
“submarino”.
Durante
su estadía en esa dependencia fue trasladado a la
sede de la Dirección General de Investigaciones por
el Comisario Nogara, para entrevistarse con su
familia, ya que su padre era también funcionario
policial y había realizado gestiones por él con
Etchecolatz. Mientras conversaba con sus familiares en
la Jefatura de Policía, se asomó el acusado y le
dijo a su padre: -”¿Viste que estaba vivo?. A ver
si te dejás de joder ahora”. Docters padre declaró
en el Juicio por la Verdad en noviembre de 2001, pero
jamás accedió a involucrar a sus camaradas de armas.
Sí reconoció haber visitado a su hijo en la Dirección
General de Investigaciones (ver
www.apdhlaplata.org.ar/prensa/2001/141101.htm).
El
testigo permaneció en Arana alrededor de diez días.
Describió los vejámenes sufridos, explicando que en
ese sitio se les hacía “cualquier cosa que hiciera
sentir a uno que no iba a tener después de eso
ninguna posibilidad de vida, de dignidad, de nada”.
El 1º de octubre fue trasladado al “Pozo de
Quilmes”. Allí supo que en ese lugar se hallaba
también alojada Nilda Eloy, a quien luego encuentra
en la Comisaría Tercera de Valentín Alsina.
Preguntado
si supo alguna vez la razón de su secuestro, respondió:
“Fui un delegado estudiantil y fui y soy un
militante popular”.
En
Arana torturaban mientras comían
También
prestó declaración hoy la actual Directora de
Derechos Humanos de la Municipalidad de La Plata, Nora
Alicia Ungaro, quien fue secuestrada el 30 de
septiembre de 1976, quince días después que su
hermano Horacio Ángel, en el domicilio de otro
desaparecido de la llamada “Noche de los Lápices”,
Daniel Racero.
Ungaro
fue llevada al cuerpo policial de caballería en 1 y
60 por unas horas y trasladada por la noche al
Destacamento policial de Arana, al cual, igual que
Docters, calificó como centro de torturas.
Se
refirió especialmente a los casos de Ángela López
Martín, profesora de historia en el Colegio Nacional
y su compañero Osvaldo Busetto, herido durante el
operativo que lo secuestró, así como a la situación
de los hermanos Badell, quienes eran objeto de
especial ensañamiento por su condición de policías.
Su relato detalló con entereza los tormentos, pero se
quebró al recordar la solidaridad y el afecto con que
había sido tratada por otras presas como la
mencionada López Martín y Amelia Acosta de Badell.
La
testigo describió los métodos de tortura en ese
centro clandestino de detención, coincidiendo con los
restantes testigos que prestaron declaración en este
proceso y aregando que escuchaba mientras era
torturada que los represores almorzaban. Se decían:
“pasame la mayonesa”. En Arana tuvo oportunidad de
compartir el cautiverio con Nilda Eloy. Al igual que
un grupo importante de secuestrados vinculados con la
“Noche de los lápices”, Ungaro fue trasladada
luego a la Brigada de Investigaciones de Quilmes (Pozo
de Quilmes), donde ya no fue sometida a torturas, pero
el régimen era inhumano en cuanto a alimentación e
higiene y continuaban desaparecidos para sus familias.
Finalmente
volvió a Arana y fue liberada cerca de su domicilio.