Hoy declaró por primera vez ante
la justicia Teresa Calderoni, una de las personas que
fue secuestrada junto a Elena Arce y Nora Formiga en el
departamento de esta última, el 22 de noviembre de
1977.
La
testigo vivía en con Nora, ya que la casa de sus padres
estaba en Villa Elisa y le resultaba dificultoso
trasladarse a diario. En el departamento también se
hallaba desde hacía unos días una joven embarazada
cuyo nombre no pudo recordar, quien decía que su esposo
trabajaba en el sur; sin embargo es posible que
estuviera desaparecido. También estaba allí una compañera
de estudios de enfermería en la Cruz Roja.
En
el momento del operativo la mujer embarazada ingirió
una píldora de cianuro y los represores le indujeron el
vómito. Más adelante, la testigo supo por Formiga que
había estado en “La Cacha” y que había tenido a su
bebé, ignorando su destino posterior.
Calderoni
fue introducida en el baúl de un auto junto a Nora y a
su compañera de estudios, posiblemente Margarita
Sanguinetti, quien fue liberada inmediatamente y avisó
en la Cruz Roja que las demás estaban detenidas.
Esposadas
y encapuchadas, llegaron a “La Cacha” luego de dar
muchas vueltas en el automóvil. Teresa fue separada de
sus amigas durante una semana, permaneciendo sola en una
celda oscura, con barrotes. Por la noche escuchaba el
ladrido de los perros y los gritos de los torturados.
Luego
de esa semana fue llevada a la parte de arriba, donde
vio a Nora y Elena, que habían sido muy torturadas. La
testigo relató también haber sido maltratada, golpeada
y recibir descargas eléctricas en el pecho, pero afirmó
que sus tormentos no habían tenido la intensidad de los
sufridos por sus compañeras.
En
ese centro clandestino, como ya fuera relatado por otros
sobrevivientes, los guardias se llamaban por apodos.
Calderoni recordó los de “Palito” y el “Negro”.
En el lugar la apodaron “la Tana” y así la llamaban
los represores.
Alrededor
de un mes permaneció en “La Cacha” hasta que la
liberaron en el Camino General Belgrano. Cuando llegó a
su casa le dijo a su familia: ”No puedo hablar porque
me persiguen, me van a matar. No puedo hablar, sólo
quiero descansar”. Cuando se recuperó de las
terribles circunstancias vividas y concluyó su carrera
de enfermería, comenzó a trabajar en el Hospital
Naval. Allí un suboficial siempre la abordaba y le decía:
“-Hola, cómo te va?, yo te conozco”. Calderoni no
le respondía, hasta que un día el suboficial le dijo
“-vos sos la Tana; yo a vos te quería mucho pero tus
amigas están muertas, nosotros las matamos”. “Yo
casi me desmayo, porque era el único lugar en que me
decían así. Al día siguiente renuncié”, relató la
testigo.
Finalmente,
preguntada acerca de la actitud que la Cruz Roja había
adoptado en el caso, dijo que el organismo “no se hizo
cargo de nada, no se hablaba de nada, les daba vergüenza”.
Les
dijeron que las liberaban, pero después se supo que las
habían matado.
Patricia
Pérez Catán fue secuestrada en Mar del Plata el 31 de
enero de 1977 junto a su hermano Jorge y ambos
interrogados y torturados en el G.A.D.A. (Grupo de
Artillería de Defensa Aérea).
Es
trasladada a “La Cacha “ a mediados de febrero de
ese año. Al llegar la cuelgan de los pies y de las muñecas
y la dejan toda la noche. Al día siguiente la desatan y
la llevan a otro centro, que supone ubicado en 1 y 60 y
al que describe como “más organizado”, “había
muchos detenidos en calabozos”.
Pérez
Catán recordó los apodos de “El Francés” y de los
“Carlitos”, que eran de la marina. Entre los
detenidos secuestrados en “La Cacha” mencionó a
Patricia Rolli y su padre, Roberto Amerise, Diesler, María
Rosa Tolosa y su compañero Juan Reggiardo. Como la
testigo era estudiante de medicina, los guardias la
ubicaron con María Rosa Tolosa (“Machocha”), que
estaba en trabajo de parto. Tomó el tiempo de sus
contracciones y avisó que eran muy seguidas. Se
llevaron a la mujer y no supo más de ella, excepto que
un guardia comentó que había tenido mellizos.
Además
fue sometida a un careo con otros estudiantes de
medicina, como “el Mono” Moncalvillo, “Mariel” y
“Pecos”.
Posteriormente
fue trasladada a la Comisaría Octava. Durante su
cautiverio allí llegaron Nora Formiga y Elena Arce,
quienes le contaron que habían estado en “La
Cacha”, donde vieron a su hermano Jorge. También
hablaron sobre Adriana Tasca, quien permanecía en aquel
centro clandestino con un embarazo avanzado. Formiga y
Arce estuvieron ocho o diez días en el lugar, siempre
en el mismo calabozo y no recuerda que hubieran tenido
visitas ni que las hubieran sacado de allí para nada.
Una
noche vinieron a decirles que las llevaban a ambas
porque serían liberadas. Después los comentarios de
los guardias eran “que se las habían llevado muy mal,
que no era para liberarlas”. Así supieron que las habían
matado. Por esa razón fue que cuando llegó el momento
de su propia libertad, Pérez Catán pidió llamar a su
familia para que fueran a recogerla en la mañana
siguiente.
La
testigo fue sometida a consejo de guerra y luego puesta
a disposición de la justicia federal platense. El juez
Adamo le tomó declaración en la comisaría octava y
escuchó todo su relato acerca del secuestro, cautiverio
y torturas sufridas, pero nunca fue citada a declarar
por eso. “Mi padre era abogado, presentó muchos
habeas corpus, pero nunca tuvo respuesta de nada”.
“Elena debe estar en el
cielo y lo mejor que puede hacer es rezar por ella”.
Claudia
Arce de Lanusse relató las investigaciones que realizó
su padre (hoy fallecido) a partir de que tuvo noticias
por Ricardo Castro de la desaparición de Elena. Arce
golpeó innumerables puertas sin conseguir información
alguna.
En
abril o mayo de 1978 le llegó un comentario acerca de
que habría estado en la Comisaría Octava Concurrió
allí y se entrevistó con el Comisario Inchausti, quien
le mostró el libro en el que Elena figuraba como
ingresada el 10 de enero y en libertad el 20 del mismo
mes.
Se
entrevistó también con un coronel cuyo nombre la
testigo no recordó, quien le dijo que se olvide de
buscarla, que Elena debía estar en el cielo y lo mejor
que podía hacer era rezar por ella.
Recién
en 1999, reemprendida la búsqueda, se inició el camino
que permitió, a través del juicio por la verdad,
identificar sus restos.
Una testigo vio cuando Nora y Elena
llegaron a “La Cacha”.
Bonifacia
del Carmen Díaz fue secuestrada en Berazategui y
trasladada a “La Cacha” el 4 de noviembre de 1977.
Durante
el turno de una de las guardias que, según la testigo,
“jugaban de buenos”, les permitían descubrirse los
ojos y conversar, se cruzó con Nora Formiga en el baño
y ésta le contó que era enfermera.
Ella
la había visto llegar al centro clandestino. No
obstante que tenían prohibido asomarse cuando traían
prisioneros, su extrema delgadez le permitía zafar las
manos de las esposas y por un orificio en el tabique de
su celda, pudo ver a Nora y a Elena, que llegaban con
otra joven llamada Julia.
Mencionó
también a un matrimonio a quienes conoció como María
del Carmen y Simón, así como a la “abuela”
(Mercedes Hourquebie de Francese) a quien escuchaba
gritar en la tortura.
En
cuanto a los represores, mencionó a “Potro”,
“Garrote”, el “Loco” y el “Oso”.
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la crónica del juicio a Etchecolatz en www.apdhlaplata.org.ar.
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