LA
PLATA.-El
Tribunal que juzga al represor Miguel Osvaldo
Etchecolatz resolvió esta mañana revocar el
beneficio de prisión domiciliaria del que gozaba el
ex comisario de la dictadura. Fue a raíz de una
denuncia de uno de los abogados de la querella,
quien pudo comprobar que el genocida —condenado y
procesado en varias causas simultáneas— tenía
armas “en perfecto funcionamiento” guardadas en
su chalet de Mar del Plata, en donde cumplía el
arresto domiciliario.
Los
fundamentos de la resolución fueron tajantes: “Un
individuo condenado entre otras penas a 23 años de
prisión por gravísimos delitos e imputado en autos
de una serie de también gravísimos hechos
criminales, que posee un arma calibre 9mm y 30
proyectiles, no puede estar en su casa”,
sostuvieron los jueces Carlos Rozanski y Norberto
Lorenzo. El tercer magistrado, Horacio Isaurralde,
votó en disidencia.
El
Tribunal desestimó el hecho de que la suegra de
Etchecolatz hubiera entregado el arma a la Justicia
cuando se enteró de la denuncia, formulada el
pasado martes por el abogado de la familia
Teruggi-Mariani, Alejo Ramos Padilla.
“El
peligro potencial de la situación no disminuye en
lo más mínimo con la simple y voluntaria entrega
del arma (…) ni por las alegaciones de su defensor
en cuanto a su frágil salud”, consideraron los
jueces. Y añadieron: “Quien cumpliendo largas
condenas, antiguo y entrenado usuario de armas y
municiones y beneficiado por un sistema que le
permitió alojarse en su propio domicilio, conserva
en su poder desaprensivamente un arma de semejante
calibre y una cantidad considerable de balas,
representa un peligro para sí y para terceros”.
Por
último, los jueces compararon el caso de
Etchecolatz con el de otros represores, a los cuales
se les revocó el beneficio de del arresto
domiciliario por quedar demostrado que salían de
sus casas sin ningún tipo de control: “Si un
detenido con régimen de prisión domiciliaria puede
perder el beneficio e ir a la cárcel por el sólo
hecho de salir para jugar al tenis o ir a comprar el
pan, repugnaría el más elemental sentido de
equidad que no lo perdiera quien posee en su casa
una Browning 9 mm de Fabricaciones Militares”.
A
continuación, la resolución indicó que, hasta
tanto el reo sea trasladado a una unidad
penitenciaria del Servicio Penitenciario Federal, se
instalará una consigna policial en el domicilio de
Etchecolatz, en el Bosque Peralta Ramos, en la
ciudad de Mar del Plata.
La
decisión del Tribunal fue celebrada por el público
presente, muchos de ellos sobrevivientes, familiares
de víctimas y miembros de organismos de derechos
humanos.
Los
testimonios de hoy
Después
de tratar la cuestión de la prisión domiciliaria
del represor, el Tribunal dio inicio a la serie de
declaraciones testimoniales previstas para hoy:
Adolfo Paz, Horacio Matoso, Oscar Solís y Eduardo
Castellanos, cuatro ex detenidos-desaparecidos que
fueron citados en el marco del caso de la
sobreviviente Nilda Eloy, ya que compartieron con
ella el cautiverio en diferentes centros
clandestinos de detención.
El
primero en declarar fue Adolfo Manuel Paz, quien fue
secuestrado el 31 de diciembre de 1976 en Guernica
(provincia de Buenos Aires) y llevado al campo de
concentración conocido como “El Infierno”, que
funcionó en la Brigada de Investigaciones de Lanas
(con asiento en Avellaneda).
Allí,
estuvo con Nilda Eloy y con otros prisioneros
alojados allí. El testigo narró durante su
declaración las terribles condiciones de detención
que se sufrían en ese lugar. Paz fue luego
trasladado a otro centro clandestino del “circuito
Camps”, y luego liberado.
Horacio
Matoso, el compañero de cautiverio de Nilda en tres
campos de concentración, declaró en segundo lugar.
El ex detenido-desaparecido contó ante el Tribunal
que fue secuestrado el 8 de octubre de 1976, y
llevado a uno de los centros clandestinos que
funcionó en la zona de Arana. Allí fue torturado
con corriente eléctrica, golpes y simulacros de
fusilamiento.
Fue
en su siguiente destino —un lugar al que ninguno
de los dos pudo terminar de identificar—en donde
encontró a Nilda Eloy. Matoso contó que allí había,
entre muchos otros prisioneros, un muchacho peruano,
apodado “Piura”, a quien los represores
torturaron porque ese día la selección argentina
de fútbol había perdido un partido con el equipo
de Perú.
El
30 de octubre de 1976, Nilda, Horacio y otros
detenidos ilegales fueron trasladados, esta vez a
“El Infierno”. “Era un lugar en donde prácticamente
no se comía”, describió el sobreviviente, y añadió:
“Ahí se torturaba mucho, era una cosa tremenda,
de noche principalmente”. Y recordó que uno de
sus compañeros de cautiverio, a quien llamaban
“El Pingüino”, “estaba destrozado, le habían
puesto clavos en las uñas de los pies”.
Matoso
aseguró que los responsables de custodiar a los
detenidos ilegales eran “los cabos de guardia”
que prestaban servicios en esa dependencia policial,
que dependía operativamente de la Dirección de
Investigaciones de la Policía de la provincia de
Buenos Aires, al mando de Miguel Etchecolatz.
En
ese lugar, explicó el sobreviviente, se daba de
comer muy ocasionalmente a los detenidos, y tampoco
podían beber agua. Y contó que Nilda Eloy, a quien
a veces le dejaban abierta la puerta del calabozo,
se escabullía cuando no la veían, iba al patio y
traía agua de una canilla, que juntaba en un par de
zapatos viejos. “Después volvía a su calabozo y
hacíamos como que no había pasado nada. Tenía que
arriesgarse ella para que pudiéramos tomar agua”,
recordó.
El
siguiente campo de concentración al que fueron
trasladados Matoso y Eloy fue la comisaría 3º de
Lanús (en Valentín Alsina), el paso previo a la
“legalización” de ambos prisioneros.
El
testigo señaló que desde ese lugar —en donde por
primera vez pudo tener contacto con su familia—
fue puesto a disposición del Poder Ejecutivo
Nacional y trasladado a la Unidad Penal Nº 9 de La
Plata. “Ahí estuve dos años, de ahí me llevaron
a Caseros, luego de nuevo a la Unidad 9, y recién
en septiembre de 1982 salí con una libertad
vigilada”, reconstruyó.
En
tercer lugar, prestó testimonio Oscar Solís, quien
compartió el cautiverio con Eloy en “El
Infierno”. El testigo contó que fue secuestrado
en La Tablada (partido de La Matanza) junto a su
hermano Alberto, en la noche del 16 de diciembre de
1976. Ambos fueron llevados directamente a ese
centro clandestino de detención, en donde sufrieron
torturas con picana eléctrica y golpes.
“Ahí
la escuché a Nilda, que era la única chica”,
rememoró Solís, quien en ese momento tenía 23 años.
Él y su hermano fueron liberados una semana después,
el 23 de diciembre de 1976. “Nos tiraron
encapuchados en un arroyo de Monte Chingolo —indicó—-.
Nos hicieron contar hasta cien, creíamos que nos
iban a matar”.
“Me
quedó por muchos años el shock”, contó el
sobreviviente. “No podía dormir, en cuanto
escuchaba la frenada de un auto, saltaba de la
cama”, agregó. Oscar Solís se reencontró con
Nilda Eloy en diciembre de 2004, cuando el ex
detenido-desaparecido fue convocado a declarar en el
Juicio por la Verdad de La Plata. “Fue una gran
emoción”, expresó.
En
tanto, en este momento se encuentra prestando
declaración Eduardo Castellanos, quien estuvo
detenido por un delito común en diversas
dependencias policiales desde enero de 1976 y que,
cuando estuvo en la Brigada de Investigaciones de
Lanús (en donde funcionaba “El Infierno”) tuvo
contacto con los prisioneros ilegales, entre ellos
Nilda Eloy.
Las
audiencias continuarán el lunes
La
próxima jornada de declaraciones testimoniales
tendrá lugar el próximo lunes 26 de junio. Ese día,
el Tribunal escuchará los relatos de otros tres
sobrevivientes, en el marco del caso de Nilda Eloy.
Se trata de Walter Docters, Nora Ungaro y Alberto
Rudiez, quienes estuvieron detenidos ilegalmente
junto a Nilda Eloy en diversos centros clandestinos.
JUSTICIA
YA EN LA PLATA está integrado por: Asamblea
Permanente por los Derechos Humanos La Plata;
Asociación Anahí; Asociación de Ex
Detenidos-Desaparecidos (AEDD); Central de
Trabajadores Argentinos La Plata-Ensenada; Central
de Trabajadores Argentinos Prov. de Bs. As.; Centro
de Profesionales por los Derechos Humanos (CeProDH);
Comité para la Defensa de la Salud, la Ética y los
Derechos Humanos (CODESEDH); Comité de Acción Jurídica
(CAJ); Familiares de Desaparecidos (La Plata);
Fundación Investigación y Defensa Legal Argentina
(FIDELA); H.I.J.O.S. Regional La Plata);
Liberpueblo; Liga Argentina por los Derechos del
Hombre (LADH); Madres de Plaza de Mayo (La Plata);
Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos
(MEDH).