(La
Plata, 5julio2006).-
La
entrada de la testigo a la sala fue saludada con un
largo aplauso del público que colmaba la sala. En el
inicio de su testimonio relató que Diana Teruggi era
una estudiante de letras de 26 años, casada en 1972 con
Daniel Mariani. La pareja había perdido antes un
embarazo, de modo que Clara Anahí era un bebé muy
deseado.
En
la casa de calle 30 los jóvenes habían instalado una fábrica
de escabeche con la intención de proporcionar trabajo a
personas del barrio. En la parte de atrás de la casa
funcionaba una imprenta clandestina.
El
24 de noviembre de 1976, “Chicha” Mariani estaba en
su casa de calle 44 y 21 esperando a Diana que le llevaría
a la niña para que la cuide, como hacía todos los miércoles.
Advirtió
el inusual movimiento de tanques, helicópteros,
patrulleros y efectivos y tuvo miedo por su nuera. “Yo
no sabía nada de política en aquella época, pero sabía
que estaban matando a mis mejores alumnos”. Chorobik
era por entonces profesora del Liceo “Víctor
Mercante”. Se inquietó pensando que Diana iba a tener
inconvenientes para llegar y fue a la casa de una amiga.
Iba y venía, tejiendo mientras esperaba. Ese tejido está
aun hoy en el punto en que lo dejó.
La
testigo relató que ese día recibió un llamado que le
avisaba que su padre estaba enfermo, de modo que se fue
a City Bell para estar con sus familiares. Al regresar a
su casa vio un tumulto de gente frente a su casa, muchos
lloraban. Creían que ella estaba muerta dentro de la
casa, porque había habido un tiroteo. Al ingresar
encontró todo destrozado y medio metro de todas las
cosas rotas, vidrios, cubiertos, ropa, aceite, café, lo
que fuera que hubieran encontrado en la casa estaba roto
y tirado, salvo lo que habían robado.
Únicamente
dejaron a salvo y a la vista una cinta con el “Réquiem”
de Verdi y la póliza de seguro de vida de la testigo.
La
ex presidenta de las Abuelas de Plaza de Mayo relató
los acontecimientos de esos días: la búsqueda de los
cuerpos de sus familiares, la entrevista con el
Comisario Sertorio en la seccional Quinta, la invasión
de su casa por una patota al mando de Luis Abelardo
Patti y el ofrecimiento del policía Daniel Del Arco de
“venderle a su nieta”, tal como lo había hecho en
el Juicio por la Verdad. (ver www.apdhlaplata.org.ar\prensa\1999\070499.htm).
Agregó
también datos conocidos después de aquella declaración,
como el aportado por el ex chofer de Etchecolatz, hoy
detenido, Hugo Guallama. Según este represor Camps o
Etchecolatz habrían dado la orden de muerte: “Dale,
negro, tirale que ahí va saliendo”, y Diana fue
ametrallada por la espalda, cubriendo el cuerpo de su
hija y salvando así su vida. Mencionó también a otros
policías que participaron del episodio, como Monzón,
Vercellone, Carlos “el oso” García y Fiorillo, éstos
dos últimos responsables directos de haber sacado a
Clara Anahí de la casa.
Juan
Fiorillo fue, como se ha informado con anterioridad, el
responsable de la desaparición de Felipe Vallese en
1962 y, durante la última dictadura, jefe del Comando
de Operaciones Tácticas. Chorobik lo calificó hoy como
el “monje negro” de la represión. En cuanto a García,
participó de la comisión investigadora del atentado a
la AMIA que suministró información falsa al juez
Galeano, fue jefe de custodia en el Banco de la
Provincia de Buenos Aires y también custodio del
arzobispo Antonio José Plaza.
Mencionó
también a un cabo de apellido Bazán, perteneciente al
R.I. 7, a quien llevaban “para las cosas feas”. Este
suboficial habría ametrallado a Daniel Mendiburu Eliçabe
en un rincón del patio, donde todavía pueden
apreciarse los impactos de bala.
Su
primer contacto con el Poder Judicial fue a través de
un Juzgado de Menores, donde conoció a la entonces
asesora Lidia Pegenaute, quien le hizo saber que había
otras abuelas buscando a sus niños desaparecidos. A
partir de allí comenzó a hacer contacto con esas
mujeres que sufrían lo mismo que ella y que reclamaban
por sus nietos.
La
primera reunión de las por entonces llamadas “Abuelas
Argentinas con nietos desaparecidos” se realizó
debajo de un árbol, frente a la puerta del Círculo
Militar.
A
partir de allí una de las tareas que se dieron fue
visitar a los jueces. Al menos una vez por mes, en
grupos de tres personas, recorrían los juzgados y se
entrevistaban con cada uno de los jueces: “la justicia
no significó mucho aporte. Aunque ahora sí tengo
esperanzas en el juez Corazza y en lo que pueda surgir
de este juicio”.
Relató
también los viajes de las Abuelas, que recorrieron los
centros científicos del mundo buscando una forma de
identificar a los niños en ausencia de sus padres,
hasta que la encontraron en los Estados Unidos. Así
nació el Banco Nacional de Datos Genéticos que
funciona en el Hospital Durand y también se conformó
el Equipo Argentino de Antropología Forense.
“Yo
no le debo nada a la iglesia”
El
primer sacerdote que la testigo contactó en su búsqueda
fue el Pbro. Angel Colabella, organista de la catedral.
Él le manifestó que no podía hacer nada, que muchos
amigos suyos iban a verlo para preguntarle lo mismo.
Pero se ofreció para preguntar a los aviadores de los Hércules
si alguna vez los habían trasladado.
También
visitó, como tantos familiares, a monseñor Emilio
Graselli, quien le prometió noticias si volvía en
quince días. En la segunda entrevista lo notó muy
cambiado. El eclesiástico le manifestó que “la nena
está muy alto y ya no se puede hacer nada, es demasiado
tarde”.
La
actitud del entonces arzobispo de La Plata, monseñor
Plaza, fue enviarla al subsuelo de la catedral para
hablar con un policía de apellido Sozi, que terminó
interrogándola a ella.
Dieciocho
veces fueron las Abuelas de Plaza de Mayo al Vaticano,
con carpetas sobre los chicos desaparecidos. A la
testigo le consta que el papa Juan Pablo II tuvo en sus
manos los legajos, pero nunca recibieron una respuesta.
Rescató en cambio la figura de algunos obispos, como De
Nevares y Novak, que les brindaron consuelo y ayuda.
“Lo
veo a Etchecolatz con el rosario y quisiera decirle que
en lugar del rosario alivie su conciencia diciendo dónde
está Clara Anahí, porque él lo sabe. Yo acuso a
Etchecolatz de la muerte de mi nuera, de la desaparición
de mi nieta, de estos treinta años de estar viviendo en
la ignorancia de su destino. Y también del sufrimiento
de miles de familias que buscan un rastro de sus
hijos”.
Mariani
reclamó una respuesta del Estado, que debe velar por
esos niños, que son ciudadanos argentinos
desaparecidos.
Un
policía le dijo que Clara Anahí sobrevivió al ataque.
La
segunda testigo de la fecha fue Lilian Stancati, quien
recuerda el ataque a la casa de calle 30 por haber sido
vecina de la zona. El operativo policial y militar
incluyó tanques, ambulancias, patrulleros y varios
helicópteros y la declarante escuchó detonaciones
desde el mediodía hasta aproximadamente las cinco de la
tarde.
La
testigo trabajaba en la Delegación City Bell del
municipio platense. Allí cumplía funciones de
vigilancia policial un efectivo que siempre realizaba
comentarios en el sentido de que tenía sueño porque la
noche anterior “habían salido de rotetion”,
refiriéndose a operativos policiales posiblemente
vinculados a secuestros.
Este
policía le relató en una oportunidad que durante el
ataque a la casa de la calle 30 entre 55 y 56 la niña
había sobrevivido porque había sido resguardada por
sus padres con mantas y frazadas. Agregó que había
sido entregada a un alto jefe policial cuya esposa no
podía tener hijos.
La
esposa del policía Daniel del Arco se contactó con
Abuelas.
Rosaria
Isabella Valenzi fue citada por el tribunal para
atestiguar sobre la visita que la señora Patricia
Domenici a la sede de la Asociación Abuelas de Plaza de
Mayo, filial La Plata.
Domenici
había sido pareja de Daniel Del Arco y tenían un hijo.
En abril de 1991 se presentó en Abuelas buscando
contactarse con la señora de Mariani. Quería contarle
que su esposo estaba vinculado con la desaparición de
Clara Anahí. En ese momento dijo tener “mucha
bronca” porque Del Arco quería quitarle a su hijo.
Finalmente
ese contacto no se produjo. Posiblemente Domenici
ignorara que Del Arco se había conectado mucho antes
con Mariani, intentando “venderle” a su nieta,
maniobra que habría sido desbaratada por el propio
Camps.
Toda
la crónica del juicio a Etchecolatz en www.apdhlaplata.org.ar.
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