(La
Plata, 3julio2006).-
Dell'Orto
se presentó hoy como testigo ante el Tribunal Oral en
lo Federal N° 1 de La Plata y describió los años
vividos dividiéndolos en momentos: el primero, la vida
de compromiso de su hija Patricia y de su yerno
Ambrosio, “sin armas, una vida de familia, de trabajo
y de estudio”. El segundo período, que duró 23 años,
de búsqueda, de gestiones ante la policía, embajadas,
habeas corpus, entrevistas, presentación ante la
Organización de Estados Americanos. Y siempre las
mismas respuestas: “no tenemos ninguna noticia”,
“no están detenidos”. Este lapso estuvo signado por
momentos de desazón, como las declaraciones de Balbín
en el sentido de que “todos los desaparecidos están
muertos”, o de optimismo, como la entrevista que
mantuvieron en el Primer Cuerpo de Ejército con el
coronel San Román, quien le manifestó que se quede
tranquilo que esos jóvenes brillantes estaban en campos
de reeducación.
Recién
en 1999 tuvo noticia cierta de que la pareja fue
asesinada en Arana durante los primeros días de su
detención. “Durante 23 años fui engañado, fui
burlado, fui mentido”.
Hoy quiere recuperar los cuerpos. “Ellos se
llevaron la vida y los cuerpos, pero los restos nos
pertenecen”.
Luego
de esta introducción Dell’Orto relató el secuestro
de su hija Patricia y de su yerno, Ambrosio de Marco,
producido el 5 de noviembre de 1976 en su casa de City
Bell, en presencia de toda la familia.
La
patota que golpeó la puerta de su casa venía en busca
de Ambrosio de Marco, a quien se llevaron primero. “Éste
debe ser”, dijeron; y alguien preguntó “y ésta
debe ser la esposa ¿qué hacemos?”. “También la
llevamos” fue la respuesta. Mientras tanto, la familia
permanecía acostada boca abajo, con las manos en la
espalda, mientras eran apuntados con armas de fuego.
El
testigo resaltó la forma en que se llevaron a su hija,
calificándola de “casual”; podían habérsela
llevado o no. “Cuando me entero cómo la mataron, veo
la brutalidad ejercida sobre alguien que llevaron por
casualidad”.
A
partir de ese momento, la familia inició innumerables
gestiones por ante todas las autoridades o personas
influyentes a las que pudieron llegar. Un comisario les
hizo saber que la pareja desaparecida estaba en el
departamento central de policía. Allí fue Dell’Orto
y se le hizo saber que los jóvenes estaban en ese lugar
pero que no los podía ver.
Escribió
también a Monseñor Primatesta, arzobispo de Córdoba,
quien le respondió que nada podía hacer. Sin embargo,
cuando acudió al vicariato castrense, Monseñor
Graselli tenía registrado el nombre de Patricia, por
información suministrada por Primatesta. No obstante,
esa gestión, como las restantes, resultó infructuosa.
La
primera noticia le llegó por Guido Carlotto, el extinto
esposo de la hoy presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo,
quien le relató que durante su secuestro e
interrogatorio le fue leído un listado de nombres entre
los cuales se encontraba el de Patricia. Carlotto
respondió a sus captores que no la conocía a ella pero
sí al padre, por haber sido compañeros en la escuela y
posteriormente en una pequeña empresa.
Años
después, el hijo de Dell’Orto realizó averiguaciones
en el barrio de Los Hornos donde Patricia y Ambrosio
militaban y encontró a Jorge Julio López (quien declaró
en este juicio el miércoles 28 de junio, ver http://www.apdhlaplata.org.ar/juridica/JuicioEtchecolatz/280606.htm).
López y Dell’Orto se encontraron en un bar, en 1999.
Dell’Orto conoció allí el destino de su hija, pero
en ese momento no quiso saber quién era el responsable:
“estando vigentes las leyes del perdón ¿de qué me
sirve saber quién fue?”
Todo
apunta al coronel Rospide.
También
declaró hoy Carlos Alberto De Francesco, quien estuvo
secuestrado en centros clandestinos pertenecientes al
llamado “Circuito Camps” entre el 9 de diciembre de
1976 y el 28 de abril de 1977, junto a un grupo de
docentes de la Universidad Nacional de La Plata entre
los cuales se contaban Adriana Calvo, Mario Feliz y
Miguel Laborde.
El
primer destino de De Francesco fue el Destacamento
policial de Arana, donde permaneció entre 5 y 10 días,
siendo sometido a tormentos. Describió que en ese lugar
fue llevado a una especie de garaje amplio y lo hicieron
desvestir y acostar
sobre un trozo de gomaespuma, como un colchón,
ubicado sobre una escalera “de pintor”.
Colocaron sus muñecas y tobillos en una especie de
tubos que luego se ajustaban y mediante sogas tiraban de
los mismos. Un cable se colocaba en el tobillo y con
otro se aplicaba electricidad en distintos puntos del
cuerpo. También le golpeaban el torso con un elemento
hueco y recuerda haber recibido golpes rítmicos y
continuos en la cabeza. “Como una versión seca de la
tortura china”.
Fue
trasladado luego a la Comisaría Quinta de La Plata,
donde permaneció en dos lugares diferentes, siempre en
la parte trasera de la dependencia. Los primeros días
en una celda grande y el tiempo restante en una más
pequeña donde las condiciones eran inhumanas.
De
Francesco estima que durante su detención vio pasar por
ambos lugares a alrededor de 200 personas, de muchas de
las cuales nunca supo sus nombres. Aportó, sin embargo,
muchos nombres, entre ellos: Federico Bacchini, el
arquitecto Sobral, Starita, Alconada, Simon y su esposa,
Bobadilla y su esposa Perica, Fossatti y su esposa,
Moncalvillo, Adamov, Williams. Refirió también que si
bien él no fue torturado en la Comisaría Quinta supo
que otras personas sí lo fueron, en particular un grupo
que pertenecía al Partido Comunista Marxista Leninista
(PCML).
Quien
parecía comandar las operaciones en Arana era un
represor a quien llamaban “el coronel”, sin embargo,
el consejo de los guardias era “no le digan coronel,
que no le gusta, llámenlo ‘señor’”. El coronel
era un hombre de unos cincuenta años, de buen porte,
elegante y muy atildado, a quien el testigo pudo ver en
la comisaría quinta. Relató De Francesco que su padre
habló con el jefe del quinto cuerpo de ejército, quien
le recomendó como referencia ver a Rospide en el
departamento de policía. La esposa de De Francesco se
entrevistó con el militar y su descripción coincide en
todo con la persona a la que el testigo vio en la
comisaría.
El
coronel Enrique Rospide ha sido individualizado como
jefe del Grupo de Tareas 1 y asesor de Ramón Camps en
la Jefatura de Policía. También fue titular de
Superintendencia de Seguridad Federal y jefe de
inteligencia del I Cuerpo de Ejército. Fue herido en el
atentado contra el departamento central de policía el
16 de octubre de 1976, cuya represalia fue el asesinato
de numerosos militantes secuestrados, entre ellos
Patricia Dell’Orto y Ambrosio de Marco.
El
testigo también relató que en el momento de su
secuestro llevaba entre sus efectos personales una
chequera, de la cual se emitió un cheque por $ 450.000
(equivalente a aproximadamente dos años de su sueldo),
con un garabato como firma. El cheque fue depositado a
nombre de la “Nueva Iglesia Evangelica”, ubicada en
la calle Caseros al 600 y rechazado por el banco emisor.