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Espacio Abierto
Edición
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Laicidad
del Estado, más de doscientos años de atraso
El episodio de Monseñor Baseotto y su propuesta de
tirar al mar a un ministro llama a la reflexión sobre
el rol de la Iglesia dentro del Estado.
Por
Betty Ojeda (*)
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Hace
unos pocos meses nos vimos conmovidos por el exabrupto del
obispo castrense Monseñor Antonio Baseotto como reflexión
ante declaraciones del Ministro de Salud de la Nación.
Quien podría ser considerado un Torquemada del siglo
XXI expresó que el Ministro merecería que le
colgaran una piedra en el cuello y lo tiraran al mar.
Sería interesante decirle al obispo que la cita que
eligió para poner en palabras su ira e intolerancia
fue absoluta y dolorosamente desafortunada ya que la historia
argentina reciente conoce de gente arrojada al mar como producto
de la ira y la intolerancia. La respuesta del Vaticano fue
el apoyo al obispo castrense, enfrentándonos nuevamente
a esa iglesia tan alejada de lo que dice representar.
Nuestra historia está tan cargada de ejemplos de injerencia
de la Iglesia Católica sobre el Estado y sus ciudadanos
que pareciera que desde algún lugar se creyera que
el nuestro es un estado teocrático.
La sanción de la ley 1420 significó que la educación
fuera laica, gratuita y obligatoria y que se crearan los registros
civiles. Esta ley puso en pie de igualdad a todos los habitantes
de esta república, otorgándonos los mismos derechos
independientemente de nuestras creencias religiosas o ausencia
de ellas.
No obstante, es común ver símbolos religiosos
en ámbitos del Estado como colegios, la Justicia y
oficinas de gobierno y ante la exigencia de que se retiren
la respuesta ha solido ser la intolerancia de la mayoría
ante el pedido de la minoría de que se respete lo que
marca la ley y que otorga igualdad a todos los ciudadanos.
Paradójico al menos.
No es la primera vez que los hombres de la Iglesia Católica
se erigen como poseedores de la verdad y quienes marcan lo
que es moral y lo inmoral, lo justo y lo injusto, interfiriendo
con los derechos de los otros. Estos censores, impregnados
de una moral laxa que abraza a dictadores y se desgarra las
vestiduras ante un preservativo, quieren decirnos a todos
qué está bien y qué no. Recordemos un
ejemplo de principios del período democrático
en los '80 cuando los más ortodoxos se escandalizaban
ante la inminente sanción de la Ley de Divorcio vociferando
la absurda predicción de una catarata de rupturas matrimoniales,
quizás por desconocer que la ley no iba a tener carácter
obligatorio.
Por otro lado, la laicidad del estado es violada desde su
seno con la existencia del Obispado Castrense. La prueba es
el acuerdo con la Santa Sede de junio de 1957, aprobado por
decreto 7623/57 durante un gobierno de facto y sus modificaciones
aprobadas por decreto 1526/92 sobre Jurisdicción Castrense
y Asistencia Religiosa a las Fuerzas Armadas por el ex presidente
Carlos Menem. El obispo castrense tiene rango de subsecretario
de Estado y su remuneración es erogada del Presupuesto
General, o sea, el sueldo es pagado por todos los contribuyentes,
católicos, protestantes, judíos, musulmanes,
budistas, ateos, agnósticos.
Además de la gran contradicción que encierra
la existencia de un culto dentro de la estructura gubernamental
en un estado laico, tenemos ejemplos a granel de obispos castrenses
que han actuado claramente en contra del pueblo.
El Cardenal Antonio Caggiano, quien se desempeñó
desde 1959 hasta 1975 fue conocido por su activo respaldo
a la dictadura militar de Juan Carlos Onganía. Monseñor
Adolfo Tortolo expresó que el Operativo Independencia
de Tucumán había sido limpio y eficaz. El Vicario
Auxiliar Victorio Bonamín saludó en 1975 a los
hombres de armas quienes estaban purificados en el Jordán
de la Sangre, para ponerse al frente de todo el país.
Continuó su alocución diciendo que el
Ejército está expiando las impurezas de nuestro
país. ¿No querrá Cristo que algún
día las Fuerzas Armadas estén más allá
de su función?. José Medina y Emilio Graselli
figuran en el capítulo I del Nunca Más, informe
de la Conadep.
Cuando recorremos la historia argentina, vamos descubriendo
personajes que han quedado desdibujados en los textos escolares
y que han sido legítimos luchadores por la libertad
y la vigencia de los derechos civiles y humanos. Al mismo
tiempo nos seguimos enfrentando con monumentos y glorificaciones
de supuestos héroes que han sido traidores a la patria
y asesinos del pueblo, o sea asesinos de la patria también.
Seguimos recorriendo nuestra historia y nos penetra la impunidad
y la mentira. En nuestro recorrido se agolpan los ejemplos
de violaciones a la ley escrita y la ley que nos debiera marcar
la propia condición humana. Es hora de que soplen nuevos
aires, que comencemos en principio a respetar a la Ley Fundamental,
que no permitamos más que desde el lugar que sea nos
sigan imponiendo una moral que por lo menos se la puede calificar
de absolutamente laxa.
No se intenta objetar a aquellos que profesan creencias religiosas.
El problema surge cuando, en nombre de su fe, en nombre de
su dios, en nombre de las interpretaciones de sus libros sagrados,
en nombre de lo que consideran la verdad vienen a avasallar
los derechos de absolutamente todos. El problema surge cuando
intentan imponer sus creencias, sus interpretaciones, sus
verdades al resto de la sociedad.
(*) Secretaria de Organización
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Fin
del obispado castrense
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El
diputado nacional Héctor Polino presentó
un proyecto para que se denuncie el Acuerdo con la Santa
Sede sobre Jurisdicción Castrense y Asistencia
Religiosa a las Fuerzas Armadas.
Los fundamentos del proyecto (expediente 899-D-05) son
contundentes. Se aportan datos históricos, la
letra misma de la Constitución Nacional y pensamientos
filosóficos. De ser aprobado el proyecto de ley,
cesarían en sus funciones el Obispo Castrense,
el Obispo Auxiliar Castrense, los capellanes mayores
y capellanes militares de cada una de las fuerzas armadas,
y quienes desempeñen funciones similares en las
Fuerzas de Seguridad. Asimismo quedaría prohibido
dentro del ámbito castrense y de las fuerzas
de seguridad la prédica religiosa de cualquier
tipo y la celebración de oficios religiosos en
actos oficiales.
El proyecto expresa además que en ningún
caso se requerirá a los integrantes de las Fuerzas
Armadas y de Seguridad, sean oficiales, suboficiales,
soldados o personal civil, la declaración o manifestación
de sus creencias religiosas o la ausencia de ellas.
En una declaración realizada en marzo, la APDH
La Plata apoyó públicamente la iniciativa.
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