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Espacio Abierto
Edición
digital
La
crisis de los sistemas penitenciarios
Cárcel
de Mendoza,
paradigma del atropello
La Corte Suprema la definió como un "chiquero
humano". Hubo 16 presos muertos en un año. Intervino
la CIDH, que visitó el penal y comprobó gravísimas
violaciones a los Derechos Humanos. Y La Corte Interamericana
emitió un fallo histórico.
Por
Pablo Salinas (*)

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Las
cárceles de la Nación serán sanas y limpias,
para seguridad y no para castigo de los reos detenidos en
ellas, y toda medida que a pretexto de precaución conduzca
a mortificarlos más allá de lo que aquella exija,
hará responsable al juez que la autorice, señala
nuestra Constitución Nacional en su artículo
18.
Mientras tanto, la unidad penitenciaria de Mendoza ostenta
el record de 16 muertos en un año, el último
de ellos eviscerado y luego descuartizado, con una muestra
de violencia inusitada; con fugados, heridos y condiciones
infrahumanas, tales como falta de agua, de baños, encierros
prolongados en celdas reducidas en las que los internos conviven
con sus propios excrementos, hacinamiento, focos infecciosos
producidos por ratas y sarna.
Ante semejante contraste, que no sólo viola nuestra
ley máxima sino que también va en contra de
todo el sistema interamericano de derechos humanos, no debería
sorprenderle a nadie que la Corte Interamericana adoptara
medidas provisionales con respecto de la Argentina y fijara
un precedente inédito en la historia del sistema penitenciario.
Lo que sí sorprende y shockea es la inacción
del gobierno de Mendoza, que se justifica sistemáticamente
y no reconoce en modo alguno hechos evidentes, lo que sólo
puede explicarse por su interés meramente electoral
que encaja con discursos de mano dura.
La cárcel de Mendoza se convierte así en el
paradigma de las cárceles latinoamericanas en crisis,
establecimientos que no cumplen la función para la
cual fueron creados y tampoco ayudan a mejorar la seguridad
de los ciudadanos.
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Amnistía
Internacional envió cuatro cartas al gobernador de
Mendoza denunciando las violaciones a los derechos humanos
en la cárcel y los organismos de Derechos Humanos locales
se constituyeron como partes en el caso de las Penitenciarias
de Mendoza, apoyando las presentaciones ante la Comisión
Interamericana de Derechos Humanos y ante la Corte Interamericana
de Derechos Humanos que resolvió intimar al gobierno
nacional.
Por su parte, la Corte Suprema de Justicia de Mendoza calificó
la situación carcelaria mendocina como un chiquero
humano, y el arzobispo de Mendoza agradeció a
Dios que la situación haya salido a la luz pública.
Una
visita histórica
Sin dudas la gestión del gobernador mendocino Julio
Cobos será recordada en la historia de Mendoza y de
la República Argentina por la visita realizada a la
cárcel provincial por la Comisión Interamericana
en diciembre pasado. El grupo fue integrado por el comisionado
Florentín Meléndez, el secretario de la Comisión
Santiago Cantón y los abogados Juan Pablo Alban y Elizabeth
Abi-Mershed.
El único antecedente de esta visita es la realizada
en 1979 por la Comisión Interamericana a Argentina
bajo la sangrienta dictadura militar que asoló al país,
cuyas conclusiones fueron publicadas en el informe anual de
la CIDH.
Lo
mismo sucederá con la visita a la cárcel de
Mendoza, que llegó en un momento en que nuestro Presidente
hace gala de un discurso impregnado de terminología
referente a los Derechos Humanos, y nuestro país se
encuentra ante la mirada atenta de toda la comunidad internacional
por las violaciones a los derechos humanos en una cárcel
que no tiene nada que envidiarle a la irakí de Abu-Graib.
Si desde la Nación no se toman medidas urgentes que
conduzcan a un verdadero cambio en la política penitenciaria
mendocina (que hoy por hoy sólo se encuentra guiada
por conceptos fundados en una política de tolerancia
cero y en un régimen penitenciario duro), no se producirán
mejoras concretas.
Cuando el hacinamiento parecía encontrar una salida
rápida con el traslado de 300 presos federales al Polvorín
ubicado en el departamento de Guaymallén, el gobierno
de Mendoza se opuso al traslado y solicitó el dinero
correspondiente a cada preso federal a la Nación.
Pero el problema no se resuelve con dinero, sino que es una
cuestión que sólo puede tener solución
con cambios en las políticas públicas que llegarán
si cambian los hombres que hace cinco años eligen siempre
el mismo tipo de medidas. Y las seguirán eligiendo,
por que esa es su ideología.
Estas mismas doctrinas de mano dura que intentan una y otra
vez aplicar en Mendoza, son las mismas que han demostrado
ser ineficaces en otros países de Latinoamérica.
En México, por ejemplo, la «tolerancia
cero» contra el delito nunca funcionó,
reconoció recientemente el jurista mexicano Jorge Carmona
Tinoco.
Esos antecedentes hacen evidente que es prácticamente
imposible que en Argentina funcionen este tipo de medidas
públicas sencillas, basadas sólo en su carácter
represivo y que han generado un aumento indiscriminado de
la violencia en todo el continente.
Un
sólo detenido
Por las dieciséis muertes producidas en la cárcel
de Mendoza, sólo hay un detenido. La impunidad
genera el campo propicio para que los hechos sigan ocurriendo,
y por eso es fundamental que se produzca la investigación
de las muertes y de sus responsables. |
Mientras
los funcionarios públicos se empecinan con aplicar
políticas de mano dura, los expertos internacionales
remarcan que si se cumpliera con nuestra Constitución
y con el Pacto de San José de Costa Rica que
tiene jerarquía constitucional el resultado a
largo y mediano plazo sería mayor seguridad. La reinserción
social de las personas privadas de libertad no debe ser un
anhelo sino un hecho concreto que beneficie a los ciudadanos
a través de la disminución de la violencia.
Es decir que, si no hacemos algo humanitario por las personas
que están hoy internadas en la Cárcel de Mendoza,
entonces al menos deberíamos hacerlo por nosotros,
porque mientras peor la pasen los detenidos penitenciarios
mendo-cinos y de cualquier penitenciaría,
peor la pasaremos todos cuando ellos recuperen la libertad.
La violencia genera más violencia y si a la violencia
delictual se le responde con violencia estatal, estamos perdidos.
El Estado debe cumplir un rol educativo y fundamentalmente
humano que hoy se pierde en el discurso del derecho penal
de «enemigos» y no de «ciudadanos»,
que nos proponen imponer aquellos que durante años
aplicaron este sistema sin resultados positivos a la vista.
Los
informes
La Corte requirió además informes periódicos
al Estado y a los Peticionarios, quienes constituyeron una
comisión que se reúne periódicamente
en Buenos Aires para resolver problemas atinentes a Mendoza,
haciendo realidad que Dios está en todas partes pero
sólo atiende en la Capital.
Esta Comisión no sólo no funciona correctamente
sino que tampoco ha servido para generar un verdadero cambio
de rumbo en la política penitenciaria y de seguridad
de la provincia de Mendoza, teniendo en cuenta que la actual
política (o su ausencia) es lo que llevó al
Estado Nacional a verse inmerso en medidas provisionales ante
la Corte Interamericana de Derechos Humanos.
Finalmente el 18 de junio la Corte emitió su fallo.
Esta
resolución se introduce en la problemática carcelaria
de Argentina y en particular de Mendoza con la idea de transformarla
a nivel continental, para hacerla compatible con el principio
de respeto a la dignidad humana.
En su voto concurrente el juez Antonio Cançado Trindades
expresa que las personas detenidas se encuentran en
una posición vulnerable y las autoridades tienen el
deber de protegerlas.
Con ello deja sentada la posición de garante que le
incumbe al Estado con respecto a las personas privadas de
libertad, por lo que es él el directo responsable de
la vida e integridad de estas personas.
En la medida que las personas privadas de libertad se vean
respetadas en su dignidad humana es como lograremos una sociedad
mejor y más segura.
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En
Buenos Aires, panorama similar
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La
situación en la cárcel de Mendoza no difiere
demasiado de lo que pasa en los penales de la provincia
de Buenos Aires, en donde también se viven situaciones
de hacinamiento, maltrato y torturas a detenidos.
Además de las decenas de muertes "sospechosas"
y la violencia intramuros, la Comisión por la
Memoria denunció en agosto el primer caso comprobado,
bajo pericias médicas, de tortura con aplicación
de corriente eléctrica.
La comisión denunció que el interno Cristian
López Toledo fue golpeado y torturado en el sector
de Sanidad de la Unidad 9 de La Plata. Después
de este tormento, un reconocimiento médico comprobó
que al preso le habían aplicado corriente eléctrica
en un pie (foto), y que había sido amenazado
advirtiéndole que no denuncie lo sucedido porque
donde quiera que fuera trasladado lo iban a estar esperando,
ya que "el Servicio (Penitenciario) es una gran
familia".
La Comisión, con acuerdo del interno, resolvió
denunciar el caso ante la justicia penal, y la causa
quedó en manos de la fiscal Virginia Bravo.
Este hecho se sumó a decenas de muertes por asesinatos
o en condiciones no muy claras ocurridos durante todo
este año en cárceles bonaerenses.
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