ESPACIO ABIERTO
N°31
Septiembre
2005

Tapa

Editorial

Breves

Sistema penal
Cárcel de Mendoza, paradigma del atropello

Obispado castrense
Laicidad del Estado, doscientos años de atraso

Entrevista: 10 años de HIJOS
"Uno se planta en la vida desde esta identidad"

Juicio por 
la Verdad

Clara Anahí salió con vida de la casa de sus padres

Causas penales
Los que están adentro ya forman un equipo

Pueblos originarios
Mapuche: “gente sin tierra”

Demanda
El legado de Olga Aredez

Institucionales

Contratapa
"Vienen por la semilla que pueda generarse"

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HIJOS cumple 10 años


"Uno se planta en la vida
desde esta identidad"

Con el lema "Nacimos en su lucha, viven en la nuestra", HIJOS celebró una década de lucha. Emiliano Hueravilo y Marcela Gómez, de la regional La Plata, hacen un repaso por la historia de la agrupación: los escraches, la apertura, la identidad, los cambios, el futuro.

Por Vanina Wiman y Betty Ojeda (*)


Emiliano

“Cuando HIJOS nació, para los distintos organismos podía ser la lucha, seguir la lucha, pero también era algo muy emotivo —cuenta Emiliano Hueravilo, integrante de HIJOS desde los comienzos—. Nosotros también, en un punto de vista, con las otras organizaciones de derechos humanos, poníamos en claro que respetábamos a los organismos ‘históricos’, como se pueden llamar, pero que a nosotros nos gustaría que nos respeten. Uno se puede equivocar o no, pero la cuestión era también hacer el camino. Yo creo que hoy HIJOS está... no sé si está más allá del bien y del mal, pero tiene algunas cosas muy claras, y políticamente yo creo que hemos avanzado muchísimo”.

Marcela Gómez, que se sumó a HIJOS La Plata en el 2000, considera que “el crecimiento de la agrupación también se da mayorita-riamente por la inserción que tiene la agrupación en las otras luchas del campo popular, que por ahí los otros organismos no toman tan arraigadamente, el tema de los presos políticos... Si bien los organismos históricos apoyan todo lo que sea la lucha por el desprocesamiento, la lucha por una mejor educación, por una mejor salud, quizás nosotros tenemos otro tipo de inserción dentro de esas luchas, por ahí poniéndole un poco más el cuerpo”.

—Pensando en esa evolución, ¿cómo se proyectan hacia adelante?
Emiliano: —Nosotros hemos pasado estas fronteras con varias cuestiones: en el ’96, acá en la movilización en La Plata de los estudiantes, con la represión que hubo, o cuando empiezan los primeros piquetes en la ciudad, también. Ponernos a la cabeza. No sé si ponernos a la cabeza, pero acompañar. Es acompañar en ese sentido, de compartir algunos espacios con otros sectores. Este colectivo en el que estamos hoy, el Galpón (Sur), hay varias organizaciones: con algunas coincidimos, con otras no, pero podemos trabajar en un punto específico, tener varios aspectos directos de la práctica. Yo creo que hemos avanzado un poquito en ese sentido. Es decir, no solamente en el tema discursivo directo, sino en la práctica. A veces, como todos, tenemos quilombos por no ser muchos, pero bueno, tratamos de ir a ver a Gabriel (Roser), tratar de acompañarlo, esa posibilidad de, como los compañeros que pelearon en los ’70, ser solidarios con el otro, seguir continuando esa cuestión. No solamente ser solidario desde un discurso que es muy lindo que te aplaudan, pero también en la práctica. Por eso nosotros a veces, casi en todas las actividades que hacemos, planteamos abrir el espacio. Porque también sabemos que solos no vamos a llegar a ningún lado.
Marcela: —Y también tiene que ver con que nosotros siempre decimos que levantamos las banderas de los 30.000 compañeros desaparecidos, por un país justo, por el país que ellos soñaban, y me parece que si sólo se queda en una consigna, no tenemos razón de ser. Ese país nosotros todavía no lo vemos, no vemos que estemos en el camino de que ese país sea, y me parece que aportando nuestro granito de arena desde la agrupación, toma otro significado esto de decir “reivindicamos la lucha de nuestros viejos”.
Emiliano: —La cuestión es que a veces la misma coyuntura te lleva a analizar todo un período político en general, no solamente el espacio de la dictadura del ‘76 al ‘83.

—No fue desde siempre que en HIJOS hay militantes que no son hijos de desaparecidos. ¿Cuándo empezó a abrirse más el juego?
Emiliano: —La primer regional que empezó a laburar así fue Rosario, porque tiene otra coyuntura, hacía un trabajo social y barrial. Y Rosario llevó la discusión una vez a un congreso nacional, que la militancia en los Derechos Humanos en la actualidad también sigue, que el mismo aparato represivo de ayer sigue hoy y sigue reprimiendo adentro de los barrios, adentro de las comisarías, y que el terrorismo de Estado no solamente tocó a los afectados directos. Le tocó a toda la sociedad argentina Entonces, en una asamblea, en una reunión, se trataba de escuchar a todo el mundo. Estemos de acuerdo o no, escuchar, saber qué piensa el compañero que tenemos enfrente y el compañero que tenemos al lado, para poder llegar a un consenso. Este famoso consenso que nadie pudo creer que iba a llegar a estos diez años. Cuando HIJOS salió, yo creo que nadie pensó que iba a avanzar estos últimos caminos.

—¿Y qué otros cambios se fueron produciendo dentro del organismo?
Emiliano: —Yo creo que un cambio fundamental fue cuando algunos compañeros de la agrupación venían con la idea de la búsqueda de los hermanos. Esto fue a partir del ’97: se planteó otra discusión, un laburo que lo estaba haciendo otro organismo. Primero fue aprender en la búsqueda, cómo hacer esa búsqueda, llevar una discusión nacional, porque como estábamos en todo el país, teníamos otra mirada. Más allá de que respetamos la lucha que tiene Abuelas y distintos organismos, veíamos cómo se podía ingresar a ese laburo, para tener este idioma joven que teníamos nosotros, que tenemos nosotros
Marcela: —Y también se daba un poco porque los mismos pibes se acercaban más a la agrupación que a Abuelas, por la cuestión genera-cional, por la cuestión de manejar otros tiempos y otros códigos. Hay muchos de los chicos que no se animan a ir a Abuelas y que sí se acercan a la agrupación, muchos que no saben que nosotros también hacemos ese laburo.


—Los miembros de HIJOS también a veces se van disparando hacia otro tipo de organizaciones. ¿Cómo se da esa inserción?
Marcela: —El militante de la agrupación que se identifica como tal, que puede decir “bueno, yo soy HIJO”, se planta en esa identidad en cualquier


Marcela

ámbito. En cualquier ámbito gremial, estudiantil, partido político, se planta desde su identidad como HIJO. Y me parece que eso también es lo que hace enriquecer las discusiones dentro de la agrupación. Porque por ahí los gremios y los partidos políticos, que son tan verticalistas y que son casi contradictorios a la estructura de HIJOS, te hacen plantarte con tu identidad de HIJOS y decir “bueno, no, compañeros, las cosas no se solucionan votando, se solucionan discutiendo”. Tampoco queremos cambiar el mundo, porque no lo vamos a lograr, pero...

Emiliano: — ¿Por qué no? (risas)
Marcela: —Somos la vanguardia... ¿Cómo era que nos había calificado la DIPBA? “La vanguardia revolucionaria latinoamericana”. Nos puso un título espectacular. ¡Nos hubiesen avisado antes! Nos enteramos tarde... Y bueno, tiene que ver con eso, con que uno toma la identidad de la agrupación y se planta en la vida desde esa identidad.

 

El trabajo previo a un escrache


—La parte más visible del escrache es el momento del escrache, pero ustedes hacen todo un laburo previo.
Emiliano: —Para nosotros cuando vamos para el escrache, es una fiesta, para todos. Pero también es un laburo que a veces no se reconoce o no se ve, de más o menos tres o seis meses en que uno está investigando.
Marcela: —No sólo investigando sino caminando el barrio, hablando con la gente. Por ahí los primeros escraches nos importaba que sean mediáticos, y ocupábamos de convocar a los medios. Después nos dimos cuenta que el objetivo no era ese, no era que salga el escrache en primera plana: el objetivo principal era que el mismo barrio se diera cuenta de que el tipo que estaba viviendo al lado de su casa era un genocida.

 

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