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Espacio Abierto
Edición
digital
HIJOS
cumple 10 años
"Uno
se planta en la vida
desde esta identidad"
Con el lema "Nacimos en su lucha, viven en la nuestra", HIJOS
celebró una década de lucha. Emiliano Hueravilo y Marcela
Gómez, de la regional La Plata, hacen un repaso por la historia
de la agrupación: los escraches, la apertura, la identidad,
los cambios, el futuro.
Por
Vanina Wiman y Betty Ojeda (*)
Emiliano
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Cuando
HIJOS nació, para los distintos organismos podía
ser la lucha, seguir la lucha, pero también era algo
muy emotivo cuenta Emiliano Hueravilo, integrante de
HIJOS desde los comienzos. Nosotros también,
en un punto de vista, con las otras organizaciones de derechos
humanos, poníamos en claro que respetábamos
a los organismos históricos, como se pueden
llamar, pero que a nosotros nos gustaría que nos respeten.
Uno se puede equivocar o no, pero la cuestión era también
hacer el camino. Yo creo que hoy HIJOS está... no sé
si está más allá del bien y del mal,
pero tiene algunas cosas muy claras, y políticamente
yo creo que hemos avanzado muchísimo.
Marcela Gómez, que se sumó a HIJOS La Plata
en el 2000, considera que el crecimiento de la agrupación
también se da mayorita-riamente por la inserción
que tiene la agrupación en las otras luchas del campo
popular, que por ahí los otros organismos no toman
tan arraigadamente, el tema de los presos políticos...
Si bien los organismos históricos apoyan todo lo que
sea la lucha por el desprocesamiento, la lucha por una mejor
educación, por una mejor salud, quizás nosotros
tenemos otro tipo de inserción dentro de esas luchas,
por ahí poniéndole un poco más el cuerpo.
Pensando en esa evolución, ¿cómo
se proyectan hacia adelante?
Emiliano: Nosotros hemos pasado estas fronteras con
varias cuestiones: en el 96, acá en la movilización
en La Plata de los estudiantes, con la represión que
hubo, o cuando empiezan los primeros piquetes en la ciudad,
también. Ponernos a la cabeza. No sé si ponernos
a la cabeza, pero acompañar. Es acompañar en
ese sentido, de compartir algunos espacios con otros sectores.
Este colectivo en el que estamos hoy, el Galpón (Sur),
hay varias organizaciones: con algunas coincidimos, con otras
no, pero podemos trabajar en un punto específico, tener
varios aspectos directos de la práctica. Yo creo que
hemos avanzado un poquito en ese sentido. Es decir, no solamente
en el tema discursivo directo, sino en la práctica.
A veces, como todos, tenemos quilombos por no ser muchos,
pero bueno, tratamos de ir a ver a Gabriel (Roser), tratar
de acompañarlo, esa posibilidad de, como los compañeros
que pelearon en los 70, ser solidarios con el otro,
seguir continuando esa cuestión. No solamente ser solidario
desde un discurso que es muy lindo que te aplaudan, pero también
en la práctica. Por eso nosotros a veces, casi en todas
las actividades que hacemos, planteamos abrir el espacio.
Porque también sabemos que solos no vamos a llegar
a ningún lado.
Marcela: Y también tiene que ver con que nosotros
siempre decimos que levantamos las banderas de los 30.000
compañeros desaparecidos, por un país justo,
por el país que ellos soñaban, y me parece que
si sólo se queda en una consigna, no tenemos razón
de ser. Ese país nosotros todavía no lo vemos,
no vemos que estemos en el camino de que ese país sea,
y me parece que aportando nuestro granito de arena desde la
agrupación, toma otro significado esto de decir reivindicamos
la lucha de nuestros viejos.
Emiliano: La cuestión es que a veces la misma
coyuntura te lleva a analizar todo un período político
en general, no solamente el espacio de la dictadura del 76
al 83.
No fue desde siempre que en HIJOS hay militantes
que no son hijos de desaparecidos. ¿Cuándo empezó
a abrirse más el juego?
Emiliano: La primer regional que empezó a laburar
así fue Rosario, porque tiene otra coyuntura, hacía
un trabajo social y barrial. Y Rosario llevó la discusión
una vez a un congreso nacional, que la militancia en los Derechos
Humanos en la actualidad también sigue, que el mismo
aparato represivo de ayer sigue hoy y sigue reprimiendo adentro
de los barrios, adentro de las comisarías, y que el
terrorismo de Estado no solamente tocó a los afectados
directos. Le tocó a toda la sociedad argentina Entonces,
en una asamblea, en una reunión, se trataba de escuchar
a todo el mundo. Estemos de acuerdo o no, escuchar, saber
qué piensa el compañero que tenemos enfrente
y el compañero que tenemos al lado, para poder llegar
a un consenso. Este famoso consenso que nadie pudo creer que
iba a llegar a estos diez años. Cuando HIJOS salió,
yo creo que nadie pensó que iba a avanzar estos últimos
caminos.
¿Y qué otros cambios se fueron produciendo
dentro del organismo?
Emiliano: Yo creo que un cambio fundamental fue cuando
algunos compañeros de la agrupación venían
con la idea de la búsqueda de los hermanos. Esto fue
a partir del 97: se planteó otra discusión,
un laburo que lo estaba haciendo otro organismo. Primero fue
aprender en la búsqueda, cómo hacer esa búsqueda,
llevar una discusión nacional, porque como estábamos
en todo el país, teníamos otra mirada. Más
allá de que respetamos la lucha que tiene Abuelas y
distintos organismos, veíamos cómo se podía
ingresar a ese laburo, para tener este idioma joven que teníamos
nosotros, que tenemos nosotros
Marcela: Y también se daba un poco porque los
mismos pibes se acercaban más a la agrupación
que a Abuelas, por la cuestión genera-cional, por la
cuestión de manejar otros tiempos y otros códigos.
Hay muchos de los chicos que no se animan a ir a Abuelas y
que sí se acercan a la agrupación, muchos que
no saben que nosotros también hacemos ese laburo.
Los miembros de HIJOS también a veces se van
disparando hacia otro tipo de organizaciones. ¿Cómo
se da esa inserción?
Marcela: El militante de la agrupación que se
identifica como tal, que puede decir bueno, yo soy HIJO,
se planta en esa identidad en cualquier
Marcela
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ámbito.
En cualquier ámbito gremial, estudiantil, partido político,
se planta desde su identidad como HIJO. Y me parece que eso
también es lo que hace enriquecer las discusiones dentro
de la agrupación. Porque por ahí los gremios
y los partidos políticos, que son tan verticalistas
y que son casi contradictorios a la estructura de HIJOS, te
hacen plantarte con tu identidad de HIJOS y decir bueno,
no, compañeros, las cosas no se solucionan votando,
se solucionan discutiendo. Tampoco queremos cambiar
el mundo, porque no lo vamos a lograr, pero...
Emiliano: ¿Por qué no? (risas)
Marcela: Somos la vanguardia... ¿Cómo
era que nos había calificado la DIPBA? La vanguardia
revolucionaria latinoamericana. Nos puso un título
espectacular. ¡Nos hubiesen avisado antes! Nos enteramos
tarde... Y bueno, tiene que ver con eso, con que uno toma
la identidad de la agrupación y se planta en la vida
desde esa identidad.
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El trabajo previo a un escrache
La parte más visible del escrache es
el momento del escrache, pero ustedes hacen todo un
laburo previo.
Emiliano: Para nosotros cuando vamos para
el escrache, es una fiesta, para todos. Pero también
es un laburo que a veces no se reconoce o no se ve,
de más o menos tres o seis meses en que uno está
investigando.
Marcela: No sólo investigando sino caminando
el barrio, hablando con la gente. Por ahí los
primeros escraches nos importaba que sean mediáticos,
y ocupábamos de convocar a los medios. Después
nos dimos cuenta que el objetivo no era ese, no era
que salga el escrache en primera plana: el objetivo
principal era que el mismo barrio se diera cuenta de
que el tipo que estaba viviendo al lado de su casa era
un genocida.
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