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Espacio Abierto
Edición
digital
La
propuesta desde los organismos de Derechos Humanos
Seguridad,
la otra cara
Una
comisión presentó al ministro de Seguridad bonaerense León
Arslanian un petitorio para habilitar visitas a comisarías,
entre otras cosas.
Por
Yamile Socolovsky (*)
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Foto: B. Ojeda
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La bandera de la seguridad
suele flamear por derecha. Es la divisa bajo la que se convoca
a la población a suscribir la idea de que estamos amenazados
por delincuentes cuyo accionar se vería alentado por la inacción
del gobierno o la insuficiencia del ejercicio de su poder
coactivo.
Quienes agitan este estandarte, y procuran legitimar el endurecimiento
del dispositivo represivo del Estado exacerbando el miedo,
generan una maraña de confusiones deliberadas: se habla de
un crecimiento de ciertos delitos no a partir de estudios
serios, sino en virtud del tratamiento sensacionalista de
algunos casos particulares; se señala en la permisividad de
las leyes y procedimientos penales la causa de ese incremento;
se presenta a las garantías constitucionales como restricciones
que perjudican la efectividad de la función represiva.
Y, sobre todo, se ignora de manera nada ingenua quiénes son
y cómo se vinculan los actores que urden esta trama: la Policía,
los jueces, los fiscales, los aparatos partidarios, los medios
de comunicación, los grandes delincuentes, los grupos económicos.
En esta madeja que requeriría otras páginas desenredar, hay
miles de personas que quedan atrapadas en la más absoluta
indefensión, condenadas a sufrir el abuso de parte de aquellos
que teóricamente han sido investidos con autoridad sólo para
ejercer funciones de protección a la ciudadanía, amenazadas
por ser pobres, hostigadas por ser jóvenes, acorraladas por
carecer de toda perspectiva de poder llevar adelante una vida
en condiciones dignas.
De esta inseguridad no se habla. De esta inseguridad nos ocupamos
cuando presentamos al Ministro de Seguridad de la Provincia
de Buenos Aires, León Arslanián, el pedido de que se establezca
un mecanismo que habilite a representantes de varios organismos
de derechos humanos y organizaciones sociales para ingresar
sin previo aviso a las comisarías, constatar las condiciones
en las que se encuentran las personas allí detenidas y establecer
contacto directo con ellas. Esta solicitud se sumaba a otras,
que también constituirían medidas necesarias para favorecer
la vigencia de los Derechos Humanos, y por cuyo cumplimiento
habrá que seguir bregando.
Una de ellas es el reclamo histórico de exoneración de todos
los miembros de las fuerzas de seguridad que están denunciados
como integrantes del aparato represivo del Estado durante
los años de la última dictadura militar. Otra, la supresión
de la facultad policial de detención por averiguación de antecedentes,
por inconstitucional, y por ser un instrumento frecuente de
hostigamiento al aplicarse indiscriminada y reiteradamente
sobre las mismas personas o grupos, y constituirse en muchos
casos en el primer paso de un proceder abusivo que concluye
en malos tratos en las dependencias policiales.
Ante este pedido, el ministro Arslanian nos requirió que presentáramos
un proyecto, y después de varias semanas de trabajo conjunto
hemos hecho entrega de un documento en el cual realizamos
una serie de consideraciones relativas a la situación en la
que se encuentran frecuentemente los detenidos en las comisarías
de la Provincia de Buenos Aires, y exponemos en detalle una
propuesta concreta para articular un mecanismo de control
por parte de las organizaciones sociales.
Sostenemos allí que existe gran cantidad de denuncias sobre
las condiciones de detención en dependencias policiales, que
dan cuenta de que en ellas se atenta contra los derechos y
garantías de las personas, en la medida en que ellas reciben
tratos crueles y degradantes, torturas y apremios ilegales,
y se encuentran sometidas a condiciones inhumanas de reclusión.
Sabemos que ello no ocurre solamente en la Provincia de Buenos
Aires, ni exclusivamente en las dependencias que se encuentran
bajo la órbita de la Policía, pero nos centramos aquí – dado
el objetivo del proyecto – en los delitos de los que es responsable
la fuerza que depende de la competencia política del Ministerio
de Seguridad.
Es ampliamente sabido, y forma parte de una realidad con la
que estamos a diario en contacto los organismos y organizaciones
que somos receptores de estas denuncias, que en las comisarías
se aplican distintas formas de tormentos a los detenidos,
que ya se encuentran normalmente padeciendo la violación a
sus derechos fundamentales que implica la privación de la
libertad en condiciones de superpoblación en las dependencias
en cuestión, que cuentan con una infraestructura inadecuada,
y en las que permanecen bajo proceso durante períodos excesivamente
largos, frecuentemente en la más completa incertidumbre respecto
de su situación. Las dificultades para comunicarse con sus
familias y defensores hace que a todas estas privaciones se
sume la imposibilidad de denunciar las situaciones de abuso
de autoridad que padecen; y, cuando pueden hacerlo, la falta
de una respuesta adecuada por parte del Poder Judicial no
sólo torna estéril esa apelación sino que deja expuestos a
los detenidos a sufrir represalias por ello, entregados por
quienes deberían velar por el respeto de las garantías individuales
en manos de aquellos que, sabiéndose impunes, reproducen sistemáticamente
estas prácticas.
Sabemos que la implementación de un dispositivo como el que
proponemos no podría bastar para revertir la grave situación
de injusticia que produce la violación sistemática de los
derechos fundamentales de las personas en la provincia. Ello
requeriría desactivar aquella urdimbre de complicidades e
intereses que perpetúan en nuestro país los efectos del genocidio
político dictatorial a través de un genocidio que es efecto
de las políticas de hambre y exclusión que se profundizaron
durante y después de la dictadura, y de la criminalización
de la pobreza que sigue asolando a los sectores que más han
padecido el deterioro de las condiciones de la vida a lo largo
de todos estos años. Esa es la causa fundamental de la auténtica
inseguridad que sufre la mayoría, nunca mencionada por el
discurso engañador del que hablábamos al comienzo. Creemos,
de todos modos, que establecer un mecanismo de control popular
sobre el accionar de la policía, nos permitiría contar con
un instrumento importante para evitar muchas situaciones concretas
de abuso, y las consecuencias trágicas que suelen tener.
(*) Secretaria de Derechos
Humanos de CTA La Plata-Ensenada.
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