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Espacio Abierto
Edición
digital
La
APDH La Plata en los archivos de la DIPBA
Ojos
que matan
Más de 250.000 fojas conforman el registro estatal más acabado en
materia de fichaje de personas en la provincia de Buenos Aires. La
APDH La Plata también estuvo en la mira y Espacio Abierto tuvo acceso
a los documentos que lo atestiguan.
Por Vanina Wiman
y Luz Zacconi (*)

Un documento entregado a nuestra institución: consta
una reunión en la casa de la hoy fallecida madre del desaparecido
Atilio César Martínez. |
"Se levantaron los velos de tantos años y de tantas historias, reconozco la conmoción que me produce la posibilidad de ver mi archivo, tal vez porque creí demasiado que el mundo iba a ser para la gente, los obreros, los estudiantes, sin guerras, ni persecuciones ni torturas”, reflexionó Berta Fridman, una militante de nuestra institución, cuando Espacio Abierto le preguntó qué significaba para ella saberse registrada en los archivos de la Dirección de Inteligencia de la Provincia de Buenos Aires (DIPBA).
Estos archivos, que la DIPBA elaboró hasta 1998, son públicos desde el 2 de octubre de este año, siendo la Comisión Provincial por la Memoria la encargada de su custodia. Ese día, la APDH La Plata, al igual que otros organismos de derechos humanos, asistió al acto de apertura. Nuestra secretaria general, Angela Vendola, recibió un simbólico compendio del seguimiento que hizo la policía sobre nuestra institución y algunos de sus miembros.
A partir de esta iniciativa se abrió una puerta importantísima que conduce a una de las puntas principales de la Verdad. La apertura del archivo permite acceder al registro realizado sobre hombres y mujeres que la DIPBA consideró, acorde a su criterio, “delincuentes sociales”, “delincuentes políticos”, “delincuentes subversivos”, según las categorías que manejaba de acuerdo al contexto de cada época.
Jaime Glüzmann es un militante de la APDH La Plata al que la inteligencia estatal caratuló con todas estas categorías; quizá porque su destino siempre lo ligó, de una u otra manera, a los golpes de estado. “Nos perseguían por el sólo hecho de estar sospechados de pensar distinto”, contó. Y agregó: “Sabíamos que la lucha no era gratuita y que por eso nos vigilaban”.
A medida que “evolucionaba” la concepción de “delincuente”, la DIPBA mutaba su estructura de control. No obstante, desde su creación en la década del ’30 siempre mantuvo un objetivo clave: registrar para reprimir. Como dice una de sus autojustificaciones: “El postulado parte de la base de saber quién es quién, es decir, tener registrados a los buenos, para saber quiénes son y cuando dejan de serlo”. El accionar de esta dirección quedó plasmado en más de 250.000 fichas personales y casi 4 millones de fojas de información, labradas al amparo de la “legalidad” que cada gobierno de turno facilitaba para hacer uso y abuso del control que la información de inteligencia le ofrecía.

El 2 de octubre, la Secretaria General de nuestro
organismo, Angela Vendola, recibió copia de algunos archivos
de la DIPBA.
(Foto: F. Martínez).
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APDH en la mira
Como muchos otros organismos, la APDH La Plata —desde sus inicios como delegación de la Asamblea de la Capital Federal, hasta su carácter actual de institución independiente— fue objeto del espionaje estatal y figura en un caudal de legajos dentro del archivo.
A través del programa informático “Dícum”, que permite navegar dentro de los archivos digitalizados, Espacio Abierto hizo una búsqueda en la que se encontraron diversos legajos que relatan, por ejemplo, reuniones de los primeros miembros de la Asamblea en 1975, comunicados de prensa con listas de desaparecidos y víctimas del terrorismo de Estado y artículos periodísticos sobre actividades de la Asamblea.
La información se valorizaba de acuerdo a la “peligrosidad” de los investigados y portaba un atemorizante sello de tinta negra: “Estrictamente confidencial y secreto”. El archivo se estructura sobre la base de partes e informes de inteligencia sobre eventos puntuales, organizaciones o personas. En otros casos, los informes adoptan la forma de dossier que analizan tendencias político–ideológicas en términos históricos con evaluaciones prospectivas.
Desde adentro
Uno de los documentos encontrados es un informe titulado “Acciones contra Argentina sobre Derechos Humanos”. El mismo concibe al movimiento de los derechos humanos como “una consecuencia directa de la subversión”, amén de que reconoce que estos preexistían a la “guerra subversiva”. En referencia a los organismos de derechos humanos, el informe describe la interrelación que había entre ellos a nivel internacional en ese momento, e incluso cita los encuentros que realizaba la APDH junto con otras organizaciones.
Otro de los legajos, a modo de ejemplo de la dinámica de la DIPBA, incluye un memorandum fechado el 12 de mayo de 1981, cuyo “asunto” es la “probable fusión del movimiento ‘Madres de Familiares de Desaparecidos y Detenidos’ (sic) con la ‘Asamblea Permanente por los Derechos Humanos’”. El coronel que lo firmó se mostraba preocupado por “la incidencia que podría producir en esta provincia este evento” y solicitaba a las autoridades policiales los antecedentes que pudiera haber al respecto.
El seguimiento de las filiales de la APDH tuvo continuidad en los años post dictatoriales. Es el caso de la delegación de la Asamblea de La Matanza, que en 1996 realizó un acto recordatorio por los desaparecidos. Un informe de la DIPBA nombra a cada uno de los oradores y algunos asistentes del acto, registra sus discursos con inquietante fidelidad, adjunta copias de los volantes que se repartieron, y hasta haciendo una lista de las organizaciones que adhirieron al acto. La observación y el seguimiento son de primera mano: la inteligencia estatal estuvo allí. Tal vez escondida detrás de unos bigotes tupidos y un par de anteojos oscuros.
“Nuestra militancia siempre fue reprimida. Personalmente, me buscaban siempre, por cualquier motivo —recordó Berta Fridman—. Estuve presa varias veces e incluso fui detenida en la calle. Sin embargo, no me sentía perseguida. Yo tenía, y tengo, firmes convicciones políticas. Ese era el alimento para resistir todos los miedos. Además, teníamos cierta educación que nos ayudaba a sentirnos libres aún perseguidos y presos”.
(*) Consejo Editorial.
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