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Espacio Abierto
Edición
digital
Contratapa
Ledesma y la verdad de Luis
(Texto completo; sólo disponible
en esta versión digital)
Por Edna Copparoni
de Ricetti (*)
Este
año, para el 24 de julio, fui convocada para participar en
la Marcha por la Justicia, contra la Impunidad en Ledesma,
Jujuy. Y allí fui, y con gran emoción recibí el afecto de
esa gente simple pero de corazón grande y sentimientos de
solidaridad y justicia.
El jueves 24 por la mañana se realizó un acto en el patio
de la Escuela Normal. Habló Olga Aredez, que fue profesora
y luego directora de esa escuela. Después de sus emotivas
palabras, invitó una por una a las Madres que habíamos llegado
desde muy lejos para compartir y acompañar a ese pueblo que
no se plantea el olvido, que pide Juicio y Castigo a los culpables,
a los asesinos de los 30.000 desaparecidos, a los culpables
de los chiquitos con hambre, de los padres sin trabajo, de
los jóvenes que mataron en la guerra de Malvinas, a ese pueblo
que se resiste a que le arranquen la memoria.
¿Por qué el “apagón de Ledesma”?
La Comisión de Apoyo a las Madres de Ledesma señaló en una
carta: “La noche del 27 de julio de 1976 se cortó el suministro
eléctrico en todo el departamento de Ledesma, mientras policías,
gendarmes, militares y capataces de la empresa comienzan a
allanar y saquear viviendas en Libertador Gral. San Martín
y Calilegua. En vehículos de (la empresa) Ledesma son trasladados
más de 400 trabajadores, estudiantes y profesionales a los
galpones de mantenimiento del ingenio azucarero, donde permanecen
días y meses atados y encapuchados. Tras las torturas e inte-rrogatorios,
algunos son liberados, otros son enviados a comisarías o cuarteles
militares, otros aparecen en cárceles de distintas provincias.
Tres tumbas han sido halladas en Calilegua. Treinta compañeros
permanecen desaparecidos”.
A mí también me tocó decir algunas palabras en el acto realizado
en la Escuela Normal. Al terminar, me estaba esperando Luisito,
un alumno de 5º año, que muy emocionado me dijo que admiraba
a todas las Madres que habían hablado y que, en ese momento,
decidió la carrera a seguir: “Profesorado de Historia”. Le
pregunté el por qué de esa decisión y me contestó: “Para no
mentir como lo hicieron conmigo, recién hoy me doy cuenta
que todo lo que me enseñaron es mentira y yo quiero enseñarles
a mis alumnos la verdad de lo acontecido por más doloroso
que fuere”. Me pidió ayuda para prepararse y para salvar las
dudas que pudiera tener. Esa entrevista me emocionó muchísimo.
Además de Luis, se me acercó un grupo de alumnas de 3º año
que me quisieron saludar y acompañarnos en los otros actos
que se realizarían en el día: ir a Calilegua en distintos
medios de transporte, donde se organizaba la marcha, y regresar
a Libertador Gral. San Martín, caminando, los 7 kilómetros
que nos separan de una población a otra.
¡Fue una marcha hermosa! La integraban miles de personas con
canciones, baile de los murgueros, hasta llegar a la plaza
del pueblo. Allí se realizó un acto apoteótico: muchos oradores,
mucha música, al final las Madres entregamos pañuelos a Hijos
que habían llegado de distintos puntos del país.
Y para mi otro motivo de emoción que cuando al bajar del escenario
me encuentro rodeada por tres niñas que me habían saludado
por la mañana en la Escuela Normal y ahora volvían a hacerlo,
y me entregaron una carta.
Por todo lo relatado, me siento comprometida en mantener correspondencia
con esos alumnos y hacerles llegar material para profundizar
conocimiento de Derechos Humanos.
(*) Madre de Plaza de Mayo
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