ESPACIO ABIERTO
N°24
Septiembre 2002

Tapa

Editorial

Carta de una Madre a otra

Una construcción
colectiva

Encuentro 
de Paraná

Vida digna,
 libertad y
 política

La cita es 
en Paraná

La Matanza

Un mundo abierto a todos los mundos

Grito femenino
 en Salta

Entrevista a Marina Schifrin

El camino del Juicio y Castigo empieza en La Plata

Programa de Prevención de la Tortura

Asociación
 Miguel Bru

Adiós a un luchador

Institucionales

Contratapa:
La lucha continúa

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Espacio Abierto
Edición digital

Las distintas formas del terror 
en el distrito bonaerense más poblado


La Matanza

Consejo Editorial

Detenciones arbitrarias, gatillo fácil, maltratos, torturas, enterramientos como NN de personas identificadas, negación u ocultamiento de paraderos y armado de causas e invención de pruebas. La lista de delitos fue denunciada por la APDH La Matanza ante la Cámara de Diputados de la Nación el 2 de julio pasado y los acusados son en su mayoría policías de la provincia de Buenos Aires. 

“Día a día las denuncias de muertos y torturados por la represión policial se multiplican y cada vez son menos los casos en los que los responsables reciben su justo castigo por parte de los órganos jurisdiccionales del Estado, lo cual exacerba el nivel de impunidad en una comunidad como la matancera, arrasada por el hambre y la desocupación”, sostiene la denuncia firmada por Delia Blanco, presidenta de la APDH La Matanza. 

Los presentación incluye catorce casos, la mayoría ocurridos durante los últimos dos años y algunos en la última década. 

Caso Díaz: Sergio Daniel Díaz —31 años, dos hijos— salió de su casa del barrio La Juanita el 1° de agosto de 2001 y, como se había olvidado las llaves adentro, saltó un paredón para ir a buscarlas. En ese momento pasaba un patrullero de la Comisaría 5° de González Ca-tán. Los efectivos le pidieron que les abriera la puerta y Díaz lo hizo. Pese a que indicó que era su vivienda lo detuvieron por averiguación de antecedentes. También se llevaron su bicicleta.

Antes de ingresar a la comisaría, un médico constató el buen estado de salud de Díaz. Nueve horas más tarde el muchacho fue sacado de la seccional en estado de coma profundo, con el cráneo fracturado, los vasos sanguíneos rotos y hematomas. Falleció cinco días más tarde. El caso tramita en la UFI N° 2 de La Matanza. 

Caso Flores: El 8 de enero pasado, cuando iban a la pileta, Cristian Flores y sus amigos fueron detenidos por tres policías, que los apuntaron y exigieron que se arrodillaran. El muchacho se negó y forcejeó con un efectivo, que resultó herido en una pierna. Cristian recibió dos disparos (uno en la pierna izquierda y otro en la cadera) y fue internado en el Hospital Paroissien.

Su padre, Miguel Ángel Flores, fue al nosocomio, donde no le prohibieron el paso, al tiempo que vio un gran despliegue policial. Rato después, Cristian estaba muerto y con un disparo en el estómago. La investigación está a cargo de la Fiscalía N°4. 

Caso Tonchi: El 3 de marzo pasado Gastón “Tonchi” Flores fue interceptado por un hombre de civil armado cuando paseaba en su Fiat Uno. El joven aceleró y se fugó, y recibió un disparo en el hombro de quien —más tarde se enteraría— era un policía. A las pocas cuadras se detuvo cuando un patrullero le dio esa orden. Bajó con las manos en alto y denunció el ataque ante el uniformado. “Co-mo respuesta obtuvo un disparo de itaka, a menos de dos metros, lo que terminó con su vida”, dice la denuncia, donde también se consigna que a continuación Flores recibió puntapiés en las costillas y la cabeza de parte de los policías.

Varios testigos, dice el texto, aseguraron que un policía colocó un arma en el asiento trasero del Fiat Uno, mientras que otros introdujeron balas. 

El único detenido es el policía Pascual Gómez. La familia del joven denunció también a Rodolfo “Turco” Azame y a otros policías de apellidos Barrionuevo y Monte-negro, que están libres (Fiscalía N°6).

Caso Chamorro: El 14 de marzo de 1999 el ciudadano paraguayo Alfonso Cáceres Chamorro fue a visitar a su madre, pero nunca llegó. Su esposa y su hermano lo buscaron en todas las comisarías de la zona. En la 4° les dijeron que no sabían nada, pese a que la mujer de Chamorro reconoció la bicicleta de su esposo, que estaba estacionada en la dependencia. “Entonces la policía responde que el dueño del rodado estaba en la morgue. Desesperados se dirigen a la morgue y ahí les avisan que estaba enterrado como NN en el Cementerio de Villegas. Aún hoy, a tres años del hecho, la familia no sabe qué pasó, por qué lo enterraron como NN (ya que Alfonso tenía los documentos en su bolsillo) ni por qué no les avisaron. Tampoco pudieron lograr que se hiciera la exhumación del cadáver”, sostiene la denuncia (UFI N°4). 

Ver además: Documento de la APDH La Matanza


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