|
|
|
Espacio Abierto
Edición
digital
El
fallecimiento de María Adela de Antokoletz
Carta
de una Madre a otra
Por Edna Copparoni de Ricetti (*)
La Plata, 25 de julio de 2002
Querida María Adela:
Ayer, antes de ayer y continúo hoy, y . . . . ; tu partida nos ha
dejado un poco huérfanas, tú, madre de madres, ¡no!, no te has ido,
siempre serás nuestra guía, siempre te consultaremos o te contaremos
nuestras angustias y aunque no escucharemos la suavidad de tu voz, tu
imagen señorial, dulce y protectora, nos ayudará a reencontrar el
camino para seguir la lucha.
Ayer, cuando se resolvió despedirte contando anécdotas o vivencias
sobre ti, recordé las primeras reuniones de Madres de Plaza de Mayo
Línea Fundadora, que realizábamos en tu casa. En nuestras reuniones
primaba la educación y el respeto para todas las integrantes del
grupo y me acuerdo mucho de Yoyi, cuando nos pedían a las dos que
redactáramos un comunicado o una presentación, entonces nos íbamos
a la cocina de tu casa, para cumplir con ese pedido.
Edna
Hay una madre serena...
de cuando en cuando
trajina con sus recuerdos
de un temerario pasado.
Noviembre acaricia canas
de cunas, teta y besos
sin decir palabra alguna,
sus penas estoy siendo
"Madrecita mía, te estoy viviendo"
Sus manos tejen día a día
abrigo de búsqueda sin aliento
y nos enseña a todos
que hay que guerrear por la vida,
que hay que trabajar por la risa
"Madre mía, te estoy queriendo".
Su canto fue partido
por cuerpo arrancado en noche oscura,
en su lucha de animal herido
me comprometo a seguirla
a pesar del argo camino
de esta robada historia.
"Madre mía te estoy oyendo".
Estalla, grita...
y en su grito reviven
los rostros de ayer...
pedacitos de carne...
cuna partida,
su causa será presente
en mi hijo, en su hijo
y en los otros no nacidos.
Elena González
La Plata, 30-10-91 |
Recuerdo que cuando tenía un
bajón, te llamaba por teléfono si no podía ir hasta Buenos Aires y
siempre tenías la palabra justa para poder infundirme ese aliento que
necesitaba.
Recuerdo el día que cumpliste 80 años, qué contentas estábamos
todas y . . ¿recuerdas?, me animé a leer una poesía que me había
dedicado Elena González, un año antes. Me pediste una copia porque
te había gustado mucho; mira, pasaron 10 años y hoy la encontré y
hoy te la envío.
Recuerdo que cuando la leí, en lugar de Edna, dije María Adela.
¿Y sabes una cosa?. No pude contar nada de esto en el momento que
decidimos despedirte con recuerdos. ¿Y sabes por qué?. Estaba sumida
en una profunda emoción que no olvidaré jamás: en la casa de las
Madres, recibí la urnita, todavía tibia, con tus cenizas y la
coloqué en el centro de la mesa que otras madres habían preparado
para recibirte.
María Adela, junto a tu hijo, junto a mi hijo y a los 30.000
desaparecidos. ¡Presente!.
Con emoción y cariño,
Edna.
(*) Madre de Plaza de Mayo de La
Plata e Integrante del Consejo de Presidencia de la APDH La Plata
|