ESPACIO ABIERTO
N°23
Junio 2002

Tapa

Editorial

Las víctimas tratadas como
 delincuentes

Otra vez una maniobra intenta frenar a la Verdad

Programa Contra la Tortura: sólo promesas

Nota de Tapa

El Melchor Romero, un hospital insano

72 pacientes y un enfermero por turno

Una sala que se hunde

El represor Lavallén, por partida doble

Una botón de muestra del recorte a la educación

Videla, el de la asociación ilícita

Los fusilados del Estadio Nacional 

"Esta causa no va a caer"

Taller de Investigación

Contratapa:
El pueblo ya sabe de qué se trata

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CONDENADOS AL ABANDONO

72 pacientes y un sólo
enfermero por turno
Una sala que se hunde


El Melchor Romero, 
un hospital insano
Una comisión de la APDH La Plata recorrió las instalaciones del nosocomio y observó la crítica situación en la que viven los internos y las condiciones de trabajo de los profesionales. Cómo es la supervivencia en un lugar olvidado por las autoridades sanitarias.

Producción y textos: 
Lucas Miguel, Vanina Wiman y Francisco Martínez (*)

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Los pacientes del Romero, sin contención humana ni material (Foto: LM)

Cómo estás? —le preguntó un integrante de la APDH La Plata a uno de los pacientes de la Sala Meléndez B.

—Estoy mal... Tengo frío. Es una vida de perros.

El hombre estaba descalzo y vestía un pantalón sucio y un pullover tajeado. Estaba muy flaco y caminaba encorvado.

Es uno de los internos que sobrevive en el Hospital Neuropsiquiátrico "Alejandro Korn" de Melchor Romero. Y siguió de cerca una de las visitas que la APDH La Plata realizó al hospital, luego del pedido de ayuda de un grupo de profesionales. 

En esta nota, se refleja apenas una porción de lo que sucede en el nosocomio. Valga la aclaración: el motivo no es atribuir responsabilidad a los profesionales sino la denuncia de un sistema de salud que se olvida completamente del enfermo mental, que resulta condenado al abandono primero de su familia y luego del Estado, en un lugar en el que los médicos y enfermeros realizan un trabajo insalubre.

Sala Meléndez

La sala, de unos treinta metros de largo por 5 de ancho, tiene grandes estufas modernas que no funcionan por errores en la instalación. En su reemplazo hay tres pequeñas pantallas ubicadas en lo alto, para que los internos no puedan tocarlas. Eran las nueve de la mañana y los pacientes estaban acostados sobre los elásticos de las camas, tapados con frazadas muy finas de lo gastadas que están.

—¿Y los colchones?

—No, los colchones los sacamos para que los internos no estén todo el día acostados y hagan alguna actividad —contestaron los profesionales que recibieron a la Asamblea.

El baño de la Meléndez es otro símbolo de abandono: el olor es nauseabundo. Los pisos están mojados, la batea agujereada y manchada de sarro y óxido por la podredumbre de los caños, y no hay inodoros; sólo letrinas, con división pero sin puerta.

El encargado de este pabellón es el psiquiatra Gustavo Apreda, quien dio un diagnóstico que puede hacerse extensivo al resto del hospital: "La situación de esta sala tiene que ver con una concepción de aislamiento y de ocultación del enfermo".

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En el comedor de la Griesinger, los enfermos esperan pasar el tiempo.
(Foto: LM)

La psiquiatra Patricia Pauluc, encargada de la Sala Griesinger, explicó que, con este ritmo de vida, los pacientes "desarrollan cierta inmunidad porque si no estarían muertos pasando un invierno". Y agregó: "Si nosotros viviéramos acá un invierno creo que hacemos neumonías terribles en un toque. Hay tuberculosis, ha habido imágenes de tuberculosis cavernosas, que ocurrían más de 50 años atrás. Hay desnutrición, que con infecciones como la tuberculosis hace la virulencia. También hay micosis, cuadros digestivos, parasitosis..."

En tanto, una trabajadora del laboratorio de Patología aseguró que la principal causa de muerte de los internos es por broncoaspiración: asfixia que les produce tragar elementos no comestibles, como bolsas. Y dijo que muchos padecen enfisemas pulmonares por el consumo de tabaco, que les provee el propio hospital 

Mano de obra barata

El servicio de limpieza está garantizado tanto en el hospital general como en el neuropsiquiátrico, pues está a cargo de una empresa, que asiste una vez por día, y de los internos, que realizan el mantenimiento. Puede verse a los pacientes cargar con las bolsas de ropa sucia y limpia de su pabellón o, incluso, empujar los carros con sábanas de las camas del hospital general. 

También se los puede encontrar cuidando la limpieza de los baños. Estos servicios de los "locos" le cuestan al sistema de salud bonaerense un puñado de yerba y unos cigarrillos por interno. Los que mejor ganan son los que cuidan los baños, ya que tienen la posibilidad de recibir monedas de los usuarios.

Marcelo, trabajador social del hospital desde hace doce años, explicó que este sistema es "una vieja usanza manicomial. Se toma el cigarrillo como un valor de cambio por un trabajo: llevar las historias clínicas de un lado al otro o bien hacer un trabajo particular, como la limpieza o lo que sea".

Agregó que los pacientes deberían recibir un peculio que paga el Estado: "Son cerca de 20 o 25 pesos por mes, que acumulados por las tardanzas de pago llegaban a ser por ejemplo, a veces, 50 o 70 pesos. Ahora eso se ha acabado, lo que hace que se siga usando el tabaco y la yerba, que viene en poca cantidad, actualmente. Aún así, el paciente, sin tabaco y sin yerba, hace las tareas".

A la buena del destino

Cuando la APDH La Plata visitó la sala Griesinger, ubicada en medio del campo y con acceso de tierra, llevaba tres días sin agua y una semana sin teléfono. Los profesionales denunciaron que en una oportunidad un paciente de 85 años esperó una semana para que un médico se traslade hasta esa sala.

Ocurre que el hospital tiene una sola ambulancia en uso para todas las necesidades internas y de la comunidad. Las moscas son un denominador común de todas las instalaciones del Melchor Romero. En la Griesinger, que llevaba varios días sin agua, se las encontraba en todos lados: sobre la mesa, en las bateas, en las camas y, por supuesto, en los baños. 

La Griesinger tienen grandes problemas edilicios, como caños rotos, paredes húmedas y techos por los que se filtra el agua. Funcionarios del Ministerio de Salud recomendaron derribarla. 

En las paredes de los pabellones cuelgan, eternos, opacos adornos navideños y carteles descoloridos que alguna vez festejaron un cumpleaños; indican el destino de abandono que espera muros adentro.

(*) Integrantes del Consejo Editorial de la APDH La Plata

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