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Los fusilados del
Estadio Nacional de Chile
Un sociólogo norteamericano, detenido en los primeros días de la dictadura de Pinochet, contó a una revista chilena cómo fue la masacre.
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Una línea, hacia el muro exterior, estaría compuesta por gente a la que se les devolvía sus documentos personales y sus pertenencias. Eran frecuentemente autorizados a permanecer con los brazos a sus costados. Esta línea era poco vigilada."
"La segunda línea estaría formada por prisioneros bajo fuerte vigilancia armada, dos o tres soldados con fusiles automáticos y con un oficial armado cada 10 a 20 prisioneros. Sus armas estarían siempre detrás de su espalda o cabeza. En pocos minutos, oiríamos la explosión de un sostenido fuego de armas automáticas. Ninguna persona volvió jamás, y el patrón fue siempre el mismo. Desde la tarde del sábado hasta el anochecer del martes, un total de más de 400 personas fueron despachadas de esta manera."
Este relato, crudo e inédito, fue brindado por el sociólogo norteamericano Adam Schesch a la revista chilena "El Siglo de los Hombres Libres". Schesch, junto a su esposa, pasó varios días detenidos en el Estadio Nacional, en la primer semana del régimen de Pinochet. Brindó su relato al juez Juan Guzmán, quien comenzó a investigar lo sucedido en esa época, y le aclaró que fueron cerca de 400 personas las fusiladas.
"Fuimos testigos y oímos entre 400 y 500 ejecuciones por armas automáticas, ametralladoras de grueso calibre, de gente llevada en grupos de 10 a 20 personas. Por eso no entendemos la cifra oficial que sólo habla de 40 fusilados en este recinto deportivo", contó Schesch.
Y continuó: "Desde el sábado (15 de septiembre de 1973) en la mañana hasta el martes a hora temprana, de 5 a 7 veces por día con un total de 20 aproximadamente, se organiza la línea de la muerte".
"Empezaban a aparecer grupos de 3 ó 4 hombres bien vigilados, con sus brazos amarrados y cara de preocupados, no en la mejor condición. La guardia era de un soldado por cada dos personas. En la mesita podíamos ver otra vez un oficial haciendo chequeo en el registro. Se aglutinaba entre 15 y 25 personas; cada vez el mismo ritual, todo perfectamente organizado, no se hacía al lote".
Schesch sigue su relato, consignado en un documento que escribió al volver a Estados Unidos, hablando de lo que nunca vió pero sí escuchó.
"Después de algunos minutos se pasa en esta dirección (apunta en el mapa hacia el interior del estadio) y desaparecen. Después que la fila se va, un oficial, siempre un oficial nunca un soldado, controla qué estaba pasando: entra y enciende unos ventiladores inmensos que están frente a cada sala de detención, y que hasta ahora no han sido cambiados, con la intención de que no se escuchen los disparos. Pero nosotros estamos más cerca, bajo los ventiladores, pegados al muro que da hacia la cancha y, por este accidente de la historia, escuchamos. El oficial sale y es obvio que entrega una señal al interior de la cancha, pues entre un minuto o un minuto y medio después empezaron las ametralladoras. Pasados otro minuto o dos, vuelve el mismo oficial y para los motores. Esta era la única vez que se usaban los ventiladores, durante la salida a la cancha de una línea de la muerte, en ningún otro momento".
En otro tramo de la entrevista,el sociólogo norteamericano puso en duda la cifra oficial de asesinados en Chile durante los 17 años de Pinochet.
"Si murieron solamente 3.000 personas, nosotros escuchamos más del 10% de todas las muertes en esta primera semana de dictadura", aseguró.
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