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Un
24 de marzo ampliado
Por Francisco Martínez (*)
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—Decidí venir con mi barrio, de la Asamblea del Barrio Hipódromo. Incluso me enteré de esta conmemoración en la reunión de la asamblea.
—¿Y vos antes solías participar de las actividades del 24? —preguntó la periodista.
—No, en forma habitual, no. Estaba identificado con el repudio pero no participaba.
El concepto fue ofrecido en la marcha por el 26° aniversario del golpe militar, por un manifestante habitual de los cacerolazos de 7 y 50. Es ese hombre sesentón, que lleva un cartel con la leyenda “Chau Cabezón / Chau Felipe”.
Y es todo un símbolo del 24 de marzo “ampliado” que se vivió en Argentina en esta época de cacerolazos y asambleas barriales.
A medida que transcurrieron los ’90, la sociedad reformuló la idea que se formó de la última dictadura, alejándose de la nefasta teoría de los dos demonios implantada en los ’80. Fue así que el 24 de marzo —se vivió sobre todo en el 20° y el 25° aniversario— dejó de ser un espacio de repudio protagonizado sólo por los organismos de Derechos Humanos.
En 2002, las marchas fueron diferentes. Los nuevos: piqueteros, asambleístas varios, familias con chicos, muchas más que antes.
En Plaza de Mayo, por ejemplo, subido a la pirámide había un joven con la camiseta de la selección argentina que le daba a la cacerola y al silbato.
Que las asambleas barriales hayan repudiado el 24 de marzo no era algo necesariamente inesperado, salvo para aquellos que dicen que en ellas pululan sectores fascistas impulsores del reduccionismo "que se vayan todos".
Esta "ampliación" del 24 de marzo no es otra cosa que la expresión de la toma de conciencia de la sociedad, que une mucho más que antes las causas el ayer, con las consecuencias del hoy.
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