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Espacio Abierto
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Editorial
La
guerra de los dos demonios
La verdadera batalla se libra
entre la vida y la muerte, entre el odio y la libertad, entre la prepotencia del
terror y la solidez de la justicia.
Los atentados que costaron la
vida a miles de personas en Estados Unidos son repudiables actos criminales. El
despliegue militarizado de la mayor potencia mundial en busca de represalias que
-de paso- le signifiquen beneficios económicos, constituye un gravísimo
retroceso para las relaciones internacionales, alimentando la sumisión y el
alineamiento de los gobiernos más dependientes, así como el aislamiento de los
que pretenden mantener una política exterior independiente. Continuación y
agravamiento de una política de dominación igualmente terrorista, porque
también desencadena miles y miles de muertos y excluidos.
En Nueva York asesinaron a
5.000 personas en un día. En el resto del mundo muere siete veces por día esa
cantidad a causa de hambre. La sangre es de los invisibles, de los que se
convierten en números para después pasar a ser parte de una estadística fría
que nuevamente los vuelve a despojar de su humanidad.
Por esa razón repudiamos tanto
los atentados del 11 de septiembre como toda reacción que vaya en detrimento de
los derechos de los ciudadanos de cualquier parte del mundo. Llamamos a la paz y
a recurrir a mecanismos de justicia que garanticen la igualdad entre naciones y
entre personas.
Estados Unidos ha desconocido
históricamente el derecho internacional, utilizando la fuerza como único
criterio rector, desde Hiroshima y Nagasaki hasta Irak, pasando por Granada,
Panamá y el apoyo a las más criminales dictaduras latinoamericanas. Hoy debe
suscribir los tratados que lo sometan a los tribunales que la comunidad
internacional está aceptando como instancia válida para perseguir a los
criminales autores de los delitos contra la humanidad, como el Tribunal Penal
Internacional, y dejar de comportarse como el gendarme del mundo. El terrorismo
internacional debe combatirse a través de acciones colectivas que surjan de la
cooperación internacional, teniendo como meta la búsqueda de un desarrollo
justo y equilibrado del mundo.
El desafío es sumar conciencias, voluntades,
para la construcción de la paz, que sólo se asienta sobre la justicia. El
objetivo es, como siempre, la construcción de un mundo libre del temor y la
miseria.
Por Mesa Directiva
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