ESPACIO ABIERTO
N°20
Septiembre 2001
Tapa
Editorial
Correo de lectores

XVI Encuentro Nacional de Mujeres

Encuentro de
Neuquén

 Los pilares de la Coordinadora Nacional
Texto completo del documento
Un espacio que nos abarque y nos contenga
"Cada uno, a su tiempo testimonió"
Mendoza y Bahía, juicios parados
La desesperación criminalizada
La amenaza de perder un modelo de Universidad
Juicio al sistema económico «genocida»
Hilo conductor
Apología de la desmemoria
La Universidad 
en la encrucijada
Documental sobre Reyna Diez
Un año de 
"Tengo Derecho"
Contratapa: Guerra y sociedad
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Editorial


La guerra de los dos demonios

La verdadera batalla se libra entre la vida y la muerte, entre el odio y la libertad, entre la prepotencia del terror y la solidez de la justicia.

Los atentados que costaron la vida a miles de personas en Estados Unidos son repudiables actos criminales. El despliegue militarizado de la mayor potencia mundial en busca de represalias que -de paso- le signifiquen beneficios económicos, constituye un gravísimo retroceso para las relaciones internacionales, alimentando la sumisión y el alineamiento de los gobiernos más dependientes, así como el aislamiento de los que pretenden mantener una política exterior independiente. Continuación y agravamiento de una política de dominación igualmente terrorista, porque también desencadena miles y miles de muertos y excluidos.

En Nueva York asesinaron a 5.000 personas en un día. En el resto del mundo muere siete veces por día esa cantidad a causa de hambre. La sangre es de los invisibles, de los que se convierten en números para después pasar a ser parte de una estadística fría que nuevamente los vuelve a despojar de su humanidad.

Por esa razón repudiamos tanto los atentados del 11 de septiembre como toda reacción que vaya en detrimento de los derechos de los ciudadanos de cualquier parte del mundo. Llamamos a la paz y a recurrir a mecanismos de justicia que garanticen la igualdad entre naciones y entre personas.

Estados Unidos ha desconocido históricamente el derecho internacional, utilizando la fuerza como único criterio rector, desde Hiroshima y Nagasaki hasta Irak, pasando por Granada, Panamá y el apoyo a las más criminales dictaduras latinoamericanas. Hoy debe suscribir los tratados que lo sometan a los tribunales que la comunidad internacional está aceptando como instancia válida para perseguir a los criminales autores de los delitos contra la humanidad, como el Tribunal Penal Internacional, y dejar de comportarse como el gendarme del mundo. El terrorismo internacional debe combatirse a través de acciones colectivas que surjan de la cooperación internacional, teniendo como meta la búsqueda de un desarrollo justo y equilibrado del mundo.

El desafío es sumar conciencias, voluntades, para la construcción de la paz, que sólo se asienta sobre la justicia. El objetivo es, como siempre, la construcción de un mundo libre del temor y la miseria.

Por Mesa Directiva


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